Regenerar la confianza: la prueba de fuego del liderazgo

por | Abr 1, 2026

Por José María Palomares | La confianza define el liderazgo actual: clave para la reputación, la legitimidad y la sostenibilidad empresarial en un contexto de desinformación y crisis social.

La confianza se ha convertido en uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo. Hablamos de la materia prima que hace posible la cooperación, la legitimidad institucional, la reputación empresarial y, en último término, la convivencia social.

Cuando la confianza se erosiona, no solo se resienten las marcas o los resultados: se debilita el vínculo entre las organizaciones y las personas. Y ahí los líderes corporativos tienen una responsabilidad decisiva. 

La última edición del Barómetro de la Confianza de Edelman volvió a situar a la empresa como la institución más confiable a nivel global, por delante de ONG, gobiernos y medios. Pero ese dato, lejos de invitar a la complacencia, aumenta la exigencia: si la empresa sigue siendo el actor institucional mejor posicionado, sus líderes deben asumir un papel activo en la reconstrucción del contrato de confianza con la sociedad. 

La advertencia de Edelman es clara. El informe detecta que seis de cada diez personas expresan un nivel moderado o alto de agravio o resentimiento, asociado a la percepción de que gobiernos y empresas sirven a intereses estrechos mientras la mayoría queda rezagada. Además, un 69 % teme que líderes institucionales, empresariales y periodistas les engañen deliberadamente y un 63 % afirma que cada vez le resulta más difícil distinguir entre información fiable y engaño. En otras palabras: no estamos solo ante una crisis de imagen, sino ante una crisis de credibilidad, integridad e inteligibilidad

La confianza no se comunica: se demuestra

Por eso recuperar la confianza exige algo más profundo que mejorar la comunicación. Exige revisar el modo en que se ejerce el poder. La confianza no nace de una campaña, sino de una conducta sostenida. No se impone: se merece. No depende solo de lo que una organización dice, sino de la coherencia entre lo que promete, lo que decide y lo que hace cuando nadie aplaude. En ese sentido, la responsabilidad de los líderes corporativos es doble: deben responder por el impacto de sus decisiones y, al mismo tiempo, crear culturas en las que la integridad no sea excepcional, sino estructural.

El liderazgo responsable no puede basarse únicamente en la autoridad formal ni en la eficacia a corto plazo. Un líder genera confianza cuando practica la escucha, rinde cuentas, asume errores, explica decisiones difíciles, evita la arrogancia y demuestra que el interés general no es un obstáculo para el negocio, sino una condición de su sostenibilidad. El líder que merece confianza no es el que nunca falla, sino el que responde con honestidad cuando falla y aprende de ello.

“Si empezamos a perder la confianza en los demás obviamente nos cerramos sobre nosotros mismos”, nos advierte David Pastor Vico. Ese repliegue tiene una traducción directa en las organizaciones: cuando no hay confianza, aparecen el miedo, el silencio defensivo, la descoordinación, el cortoplacismo y la desafección. Sin confianza, los equipos se protegen. Con confianza, se comprometen. Sin confianza, la sociedad sospecha; con confianza, concede legitimidad. 

Liderazgo ético en una sociedad desconfiada

Regenerar la confianza exige, por tanto, un liderazgo más humano y exigente. Más humano, porque debe reconocer vulnerabilidades, escuchar expectativas sociales y entender que las personas no son meros recursos. Más exigente, porque obliga a elevar los estándares de ejemplaridad, transparencia y responsabilidad. No basta con declarar valores: hay que convertirlos en criterios de decisión. Tampoco sirve hablar de propósito sin traducirlo en gobernanza, cultura, incentivos y comportamiento diario.

Adela Cortina lo expresó hace años con una fórmula de enorme vigencia: “una empresa ética es un bien público”. Esa afirmación encierra una tesis poderosa: la empresa no solo crea valor económico; también puede fortalecer o deteriorar la confianza social. De ahí que el liderazgo corporativo tenga hoy una misión que va más allá de la cuenta de resultados: contribuir a restaurar certezas compartidas en un contexto de polarización, desinformación y cansancio cívico. 

En un mundo donde la desconfianza se expande con rapidez, liderar ya no consiste solo en dirigir bien, sino en merecer crédito moral. Y ese crédito se conquista con verdad, justicia, coherencia y responsabilidad. Recuperar la confianza no es una tarea complementaria del liderazgo corporativo. Es, probablemente, su prueba más importante.

José María Palomares

José María Palomares | Experto en crecimiento organizacional a través de la comunicación estratégica, la gestión de la reputación, los asuntos públicos, las iniciativas de sostenibilidad, el desarrollo empresarial y el gobierno corporativo.

Con más de 20 años de experiencia de liderazgo en sectores altamente regulados, incluidos telecomunicaciones, banca, educación superior, seguros y organizaciones sin fines de lucro, aporto una gran experiencia a mi función como asesor senior y mentor para varias empresas y líderes corporativos.

José María Palomares forma parte de los Consejos Asesores de la Fundación SERES y del Instituto de Gobernanza Empresarial, y como vicepresidente del Foro IA. Además, soy expositor habitual en temas como gestión de la reputación, comunicación corporativa, liderazgo y propósito personal y corporativo.

José María Palomares
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