Jeppe Rindom, CEO de Pleo | El mundo nunca se ha sentido tan dividido. Las opiniones son firmes, el discurso está fracturado y la desinformación crece a un ritmo meteórico. La confianza, que antes se daba por sentada, hoy es una moneda frágil y escasa. Según el Barómetro de Confianza Edelman 2023, la confianza global se sitúa apenas en 55 puntos, un descenso notable respecto al año anterior.
Pero junto a este desafío surge una oportunidad. El mismo informe reveló que las empresas generan hoy más confianza que los gobiernos. En este momento, los líderes empresariales tienen una posición privilegiada para dar un paso adelante, liderar con intención y demostrar que, en una era de ambigüedad, la coherencia y la empatía siguen conquistando corazones.
La confianza no debería ser solo un principio rector. Sino que debería formar parte de la filosofía de cualquier proyecto empresarial desde el primer día. En un entorno donde el ruido es ensordecedor, es más importante que nunca que las marcas muestren coherencia. La confianza se construye cuando la identidad de una empresa se mantiene firme y sus valores se sostienen, incluso cuando el mundo no lo hace.
La comprensión es la raíz de la confianza
En el panorama fragmentado de hoy, lo que distingue a los mejores líderes empresariales es su capacidad para conectar de forma auténtica con las personas.
Los clientes detectan una estrategia superficial a kilómetros de distancia. Buscan marcas que hablen de su realidad, que reconozcan la presión a la que están sometidos y que ofrezcan algo que realmente les ayude.
Las soluciones que nacen de la experiencia real de los propios equipos generan un impacto más profundo. En nuestro caso, nuestro equipo directivo había vivido situaciones donde gastar dinero de la empresa era un proceso lleno de fricciones, ya fuera como CFOs intentando hacer cumplir la normativa o como empleados adelantando dinero para gastos y esperando reembolsos. Esas experiencias compartidas dieron forma a nuestro producto, no solo como una herramienta financiera, sino como una forma de hacer las cosas más eficientes, más intuitivas y, en definitiva, más respetuosas con el tiempo y las responsabilidades de las personas. Esa idea ha permanecido inmutable, sin importar cuánto hemos crecido o en qué mercados hemos entrado.
El resultado ha sido algo más humano y profundo. Los clientes no solo optimizaban la gestión del gasto, enviaban un mensaje muy poderoso a sus empleados. Les transmitían que valoraban la autonomía y entendían lo que significa trabajar sin fricciones innecesarias, lo que ha generado un cambio cultural mayor del que esperábamos.
La lección aquí es clara: diseñar con comprensión y empatía. Si logras encontrarte con las personas en el punto en que están y resolver una necesidad real con intención, pasas de ser un simple servicio a la verdadera confianza…
Construir confianza desde dentro
No puedes esperar que los clientes confíen en tu marca si tu propia gente no confía en tu empresa y la cultura no surge de eslóganes ni de manuales. Nace de las señales cotidianas que recibe tu equipo: cómo se toman las decisiones, cómo se gestionan los errores y si las personas se sienten seguras para hablar y tomar la iniciativa.
Para crear una cultura de confianza, los líderes deben garantizar que la autonomía pese más que la microgestión. Desde el primer día, construimos nuestro producto sobre la idea del control descentralizado: tarjetas de empresa, herramientas en tiempo real y límites claros en lugar de cadenas rígidas de aprobación.
Cuando confías a tu equipo mayores responsabilidades, fomentas mejores decisiones y mayor implicación. De hecho, un estudio de Gartner reveló que los empleados con más autonomía tenían 2,3 veces más probabilidades de sobresalir en su trabajo y de permanecer en la empresa.
También aprendimos lo esencial que es la transparencia para alinear a los equipos. Al crecer, tuvimos que crear sistemas más estructurados que definieran nuestra misión, visión y valores, de forma que todos los equipos, sin importar dónde estuvieran, remaran en la misma dirección. Esa claridad construye confianza. Incluso cuando las decisiones son difíciles, la gente se mantiene comprometida si entiende los motivos que las respaldan.
En mi experiencia, la confianza no consiste simplemente en “dejar hacer”, sino en establecer estructuras y límites claros que reflejen la confianza en tu gente, acompañadas de comunicación, consistencia y contexto. También implica poner salvaguardas que aseguren tanto el éxito como la seguridad de las personas, para que la autonomía nunca suponga falta de apoyo. Cuando la confianza está integrada en tu modelo operativo, la cultura cambia. Y los efectos se expanden hacia afuera: un equipo que confía no solo se vuelve más eficiente, sino que contribuye e innova.
Elevar el listón de la confianza
Hoy más que nunca, los líderes empresariales tienen una responsabilidad que trasciende los muros de sus compañías. Significa dar un paso adelante para definir los estándares que guiarán el panorama empresarial en general.
En sectores regulados como el nuestro confiar implica enfrentarse de lleno a la complejidad normativa. Desde el inicio, trabajar en servicios financieros implicaba navegar en un entorno altamente controlado. Esto nos obligó a cumplir exigentes requisitos de cumplimiento normativo e invertir significativamente en áreas que no siempre generan un valor inmediato para el cliente. Pero ese trabajo es fundamental.
En nuestro sector, la confianza y la regulación van de la mano. Cuando estableces un listón alto en materia de cumplimiento, transparencia y ética, envías al mercado la señal de que construyes a largo plazo. De que asumes tu responsabilidad incluso cuando nadie te observa. Y en un mundo lleno de atajos, ese tipo de integridad genera confianza duradera en clientes, socios y reguladores.
La confianza como bien definitorio
En un mundo polarizado, construir confianza puede parecer una batalla cuesta arriba, pero también es una de las inversiones más valiosas que un líder puede hacer. Y eso se logra escuchando con atención, actuando con coherencia y empoderando a las personas —dentro y fuera de la empresa— para tomar decisiones inteligentes y seguras.
La oportunidad para los líderes empresariales es clara: la confianza es un elemento diferenciador. Quienes la integren en su ADN no solo sobrevivirán a la incertidumbre. Saldrán más fuertes y serán quienes definan lo que viene después.







