A finales del siglo XIX, el físico y matemático británico William Thomson Kelvin afirmaba que “Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide no se puede mejorar. Lo que no se mejora, se degrada siempre”. Esta máxima está más vigente que nunca en el siglo actual, en el que la gestión empresarial ha sufrido una transformación impulsada por dos claves: el desarrollo de la tecnología y el proceso de digitalización, y la adaptación obligada a la coyuntura económica. Por Ángel Luis Gilsanz, director de Personas y Organización de Watch&Act

El cambio climático es irreversible si no cambiamos de una vez por todas nuestros hábitos a nivel personal y, sobre todo, empresarial, según se desprende del tercer informe anual ‘Unidos en la Ciencia’ coordinado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y presentado recientemente en Naciones Unidas. Afortunadamente, la pandemia ha colocado a la sostenibilidad donde se merece en el ámbito empresarial y pocas empresas, por no decir ninguna, puede vivir a estas alturas de espaldas a ella

Hasta hace poco, la microgestión era el estilo de liderazgo que imperaba en muchas empresas.  La pandemia, a través del teletrabajo y de concentrar la actividad presencial en lo imprescindible nos ha llevado, entre otras cosas, a fomentar la autonomía de los colaboradores y los equipos. Unos colaboradores más autónomos se traducen en empresas más exitosas, ágiles, resilientes y centradas en el cliente.

Los avances tecnológicos de los últimos años -y sobre todo, de los últimos meses- representan una oportunidad de oro para la función financiera de cualquier organización. Por ello,  deben de aprovecharse al máximo a fin de sacar el máximo partido a este área. Digitalizar los procesos financieros es una maniobra necesaria en la transformación digital que se viene gestando desde hace ya unos años.

Desde que la pandemia irrumpiera en nuestras vidas una palabra predomina en el panorama empresarial: flexibilidad. Un término que, lejos de ser coyuntural, parece indicar el camino a seguir en el mercado laboral post Covid. Más aún, puede ser una de las claves para edificar organizaciones cada vez más innovadoras. Analizamos su impacto a través del ejemplo de Irisbond, empresa flexible desde 2013 y está liderada por Eduardo Jauregui Torrecilla.

La empresa fluida es el nuevo paradigma a lograr en una nueva normalidad caracterizada por la incertidumbre total. Para conseguirla necesitamos renunciar – al menos de vez en cuando – al ideal de maximizar la productividad empresarial, porque cuando estamos concentrados en ser productivos, dejamos de ser creativos y flexibles. Dejamos de fluir con lo que acontece.