La estrategia aburrida que bate al pánico: finanzas con cabeza en tiempos de incertidumbre

por | May 4, 2026

Cuando los mercados tiemblan, el mayor riesgo no está en la bolsa. Está en tu cabeza. David Conde Sayans, CEO de Coinscrap Finance, propone una tesis contracultural: la disciplina financiera es más rentable que la adrenalina.

Por David Conde Sayans, CEO de Coinscrap Finance | Confesaré algo que no suelo decir en público: me he perdido buena parte del rally del bitcoin. Estuve ahí desde el principio, participé en proyectos como advisor, escuché las tesis, las entendí. Y no entré, o casi no entré. ¿Por qué? Sencillo: nunca fui capaz de identificar qué fuerzas mueven realmente su cotización más allá de la oferta, la demanda y las convenciones sociales de grandes manos que deciden cuándo subir el precio. Cuando no entiendo las reglas del juego, prefiero no jugar. Y eso, en un mercado que recompensa a los que corren riesgos calculados, tiene un coste real.

Lo cuento porque viene al caso. Estamos en un momento en que la tentación de moverse, de hacer algo, de reaccionar, es casi física. Los aranceles de Trump, el Estrecho de Ormuz, las correcciones en el sector tech, la IA comiendo márgenes antes de que nadie haya terminado de leerla. Todo a la vez. Y los directivos —tanto los que gestionan su patrimonio personal como los que toman decisiones sobre la tesorería de sus compañías— sienten esa misma presión: el mercado se mueve, por tanto yo también debo moverme.

Error clásico. Y bien documentado.

Lo que nos hace humanos nos arruina como inversores

Las finanzas conductuales llevan décadas demostrando que tomamos peores decisiones financieras cuando más lo necesitamos. Kahneman y Tversky lo formularon con precisión: el dolor de perder dinero es psicológicamente mucho más intenso que el placer de ganarlo. Esta asimetría emocional nos lleva a deshacer posiciones demasiado pronto, a salir cuando el mercado cae y perdernos la recuperación, que casi siempre llega antes de que volvamos a entrar.

De hecho, hay estudios que lo confirman con datos duros: los inversores más activos no solo no baten al mercado, sino que destruyen valor respecto a quienes simplemente no hacen nada. La hiperactivi­dad financiera, en la mayoría de los casos, no es gestión del riesgo: es ruido emocional disfrazado de estrategia.

Piénsalo desde la perspectiva de cualquier directivo. La pandemia hundió los mercados. Luego se recuperaron. La invasión de Ucrania provocó una corrección brutal. Luego se recuperaron. Quien salió en el momento del impacto consolidó pérdidas. Quien aguantó, o mejor aún, quien siguió aportando de manera periódica, acabó mejor de lo que entró.

Págate a ti mismo primero

Hay un concepto que debería enseñarse en todos los MBA junto a los modelos de valoración y los estados financieros: págate a ti mismo primero. No significa ser tacaño ni vivir con ansiedad. Significa que el ahorro no puede ser lo que sobra a final de mes, sino un gasto fijo, tan automático como el alquiler o la cuota del seguro.

La automatización tiene una función psicológica tanto o más importante que la financiera: elimina la decisión. Y cuando no hay decisión, no hay sesgo. No hay miedo. No hay ruido.

En este sentido, los instrumentos que permiten esta automatización —los robo-advisors, los planes de aportación periódica, los ETFs indexados de bajo coste— no son productos para ‘vagos’. Son, paradójicamente, la herramienta más sofisticada disponible para la mayoría de los inversores, porque replican el único comportamiento que estadísticamente funciona: la consistencia en el tiempo.

Tecnología que entiende lo que te pasa, no solo lo que tienes

Aquí es donde entra Coinscrap Finance, la compañía que cofundé en 2016 partiendo de diez años en banca patrimonial. Nuestra tesis es tan simple como potente: los bancos tienen datos transaccionales de sus clientes desde hace décadas, pero no los entienden. Saben que pagaste en un restaurante el martes; no saben si eso forma parte de un patrón de gasto recurrente que está erosionando tu capacidad de ahorro.

Utilizando inteligencia artificial y procesamiento del lenguaje natural, hemos construido un motor que interpreta esas transacciones y permite a bancos y aseguradoras ofrecer el producto que realmente necesita cada cliente, no el que es más fácil de vender. El año pasado, en colaboración con Google, lanzamos un asistente financiero conversacional: puedes preguntarle cuánto te gastas en suscripciones, cuál es tu capacidad de ahorro real, qué impuestos te vienen. Y te responde como si fuera una persona que lleva meses estudiando tu economía.

Como diría el economista conductual Richard Thaler, el mejor diseño financiero no es el que da más opciones, sino el que arquitectura el entorno para que la opción por defecto sea la correcta.

No muevas el plan. Mueve el ruido

Volvamos a la pregunta de fondo: ¿qué hace un directivo inteligente con su patrimonio cuando los mercados tiemblan? La respuesta que yo doy —y que comparte buena parte de la gestión activa seria— es que el core de tu ahorro no debería cambiar con los ciclos de noticias. Si tienes un fondo indexado global diversificado, sigue aportando. Si tienes una estrategia de largo plazo, confía en ella.

Eso significa separar con claridad dos bolsillos: el de la estrategia y el de las apuestas. El primero, intocable salvo cambios vitales reales. El segundo, para ese 10% del patrimonio con el que puedes hacer tus movimientos tácticos: rotar de aerolíneas a defensa si crees que la energía va a subir, apostar por el oro si ves que los flujos van hacia ahí, reducir exposición a tecnología americana si los aranceles te preocupan.

Lo demás es adrenalina. Y la adrenalina, como bien sabe cualquier CEO que haya sobrevivido a más de un ciclo, es una pésima consejera.

¿Cuántas decisiones estratégicas has tomado en tu compañía movido por el miedo al titular del día? ¿Y cuántas de ellas, vistas con perspectiva, merecieron la pena?

Elena Carrascosa Vela
Elena Carrascosa Vela

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