¿Qué ha cambiado en nuestra sociedad para que el 77%* de los españoles considere que una empresa puede -y debe- poner en marcha acciones específicas para mejorar las condiciones de su entorno social? Ante una crisis de valores que afecta a las instituciones y gobiernos y su capacidad para aportar soluciones adecuadas a los desafíos actuales, los ciudadanos han delegado en las organizaciones su confianza en el cambio del mundo.
En este nuevo contexto, la sociedad espera que las empresas aborden asuntos sociales y económicos apremiantes como el cambio climático, la desigualdad o la prosperidad de las comunidades en que las empresas desarrollan sus actividades.Se precisan directivos sensibles a las demandas de todos los “stakeholders” capaces de impulsar un nuevo modelo social de empresa: aquella que vea estos objetivos, no como una carga que penaliza su rentabilidad, sino como una vía para fortalecer el compromiso de los empleados y la comunidad.No en vano los resultados hablan por sí mismos: las empresas que ya siguen esta senda mejoran sus ventas hasta en un 20%, aumentan su productividad un 13% y son un imán para atraer talento millennial: el 63 % quiere trabajar en empresas cuyo propósito sea “mejorar la sociedad” y no sólo “generar rentabilidad”, según una encuesta de la consultora Deloitte.







