El 41% de la población activa está considerando cambiar de trabajo como consecuencia de la transición a un ecosistema laboral flexible. En la denominada era del talento, la fórmula basada únicamente en la retribución económica ha dejado ser prioritaria y son la competitividad, la velocidad de las innovaciones o los programas de bienestar los que llegan a inclinar la balanza en un sentido u otro.

El modelo laboral tal y como lo entendíamos se transformó de manera acelerada con la llegada de la pandemia. Para millones de profesionales en todo el mundo supuso la llegada del teletrabajo, de nuevas políticas de conciliación y de nuevos vínculos afectivos con sus hasta ahora “colegas”. Pero pasada la urgencia, el ecosistema laboral se enfrenta a otro salto disruptivo: el trabajo híbrido. ¿Estamos preparados para esta nueva era?

La empresa fluida es el nuevo paradigma a lograr en una nueva normalidad caracterizada por la incertidumbre total. Para conseguirla necesitamos renunciar – al menos de vez en cuando – al ideal de maximizar la productividad empresarial, porque cuando estamos concentrados en ser productivos, dejamos de ser creativos y flexibles. Dejamos de fluir con lo que acontece.

La pandemia ha cambiado para siempre la organización en el trabajo. Flexibilidad y conciliación (86%), formación (52%) y para impulsar la diversidad de género (41%) son las acciones más impulsadas durante este periodo según se extrae del primer barómetro de AdQualis Human Results, consultora pionera en la búsqueda de ejecutivos en España.

Desde que Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, recogió bajo el término Cuarta Revolución Industriallos nuevos modelos de negocio basados en data surgidos en las décadas anteriores, se ha otorgado mucha importancia a las tecnologías asociadas a la digitalización, pero muy poco a la materia prima que han de procesar todas esas herramientas: el dato.