La generosidad (liberalidad): entre el despilfarro y la avaricia

por Candela Méndez del Olmo | Oct 27, 2026

Un directivo decide qué recursos destina a su equipo, cuánto invierte en desarrollar el talento y qué reconocimiento concede a quienes contribuyen al éxito de la empresa. En cada una de estas decisiones se manifiesta una forma de generosidad. Pero ¿Dónde está el límite entre compartir con criterio, retener demasiado y dar sin medida?

Hace más de dos mil años, Aristóteles abordó esta cuestión en su ‘Ética a Nicómaco’. Definió la liberalidad como la virtud relacionada con la riqueza y su utilización adecuada:

La generosidad no consiste en dar siempre más, sino en saber qué dar, a quién y en qué momento.

La virtud de encontrar la medida

La liberalidad, para el filósofo, se sitúa entre dos extremos. Por un lado, la avaricia, que lleva a conceder un valor excesivo a los bienes y a retener más de lo debido. Por otro, la prodigalidad, que consiste en gastar o desprenderse de los recursos sin la medida adecuada.

Aristóteles no propone una fórmula matemática ni defiende que la virtud consista en repartir los recursos a partes iguales. Lo importante es utilizarlos correctamente, atendiendo a las circunstancias y a las posibilidades de cada persona. Dar a quien no corresponde, hacerlo en un momento inoportuno o gastar por encima de los propios medios no constituye, por el mero hecho de dar, un acto virtuoso.

Su pensamiento invita a revisar dos comportamientos frecuentes:

El directivo “avaricioso”

El primer comportamiento es el del directivo que concentra la información, limita las oportunidades de desarrollo o escatima el reconocimiento por temor a perder autoridad, recursos o protagonismo. 

Puede manifestarse en decisiones aparentemente pequeñas: reservarse los contactos estratégicos, no compartir conocimientos para seguir siendo imprescindible, atribuirse los logros del equipo o dificultar que otros asuman responsabilidades de mayor alcance. 

Esta actitud responde a una lógica de retención en la que el poder se entiende como un recurso que debe protegerse, en lugar de como una herramienta para impulsar el crecimiento de la organización. Sin embargo, puede terminar frenando la autonomía de sus colaboradores y desaprovechando su potencial.

El directivo que “despilfarra” 

El segundo extremo es aquel que confunde generosidad con concesión permanente. Es el directivo que distribuye privilegios sin criterios claros, promete recursos que la empresa no puede asumir, evita conversaciones difíciles para no decepcionar a su equipo o acepta compromisos que comprometen la viabilidad de un proyecto. 

También puede aparecer en una disponibilidad sin límites, cuando ayudar significa asumir sistemáticamente responsabilidades ajenas o renunciar a exigir resultados. Aunque estas decisiones pueden nacer de una buena intención, sus consecuencias no siempre son positivas: pueden generar agravios comparativos, expectativas difíciles de sostener y una distribución poco responsable de los recursos. 

Ambos extremos pueden perjudicar al equipo. La generosidad bien entendida requiere criterio y conciencia de las consecuencias.

La generosidad también es una decisión directiva

En una posición de liderazgo, la liberalidad no se limita a la gestión del dinero. Un directivo generoso no necesita tener siempre la última palabra ni reservarse todas las oportunidades. Puede compartir información para facilitar mejores decisiones, reconocer una contribución aunque no sea propia y ofrecer oportunidades de aprendizaje sin interpretar el crecimiento de sus colaboradores como una amenaza.

Pero también debe saber poner límites. Asumir sistemáticamente el trabajo de otros, conceder recursos sin valorar su impacto o evitar exigir responsabilidades en nombre de la empatía puede acabar debilitando tanto al equipo como a quien lo dirige. 

La generosidad no implica renunciar a la exigencia, sino ejercerla sin convertir el poder en un instrumento de retención o el cuidado en ausencia de criterio.

La reflexión de Aristóteles deja una pregunta incómoda que deberían hacerse todos los líderes: 

¿Qué estoy reteniendo por miedo a perderlo y qué estoy concediendo sin valorar sus consecuencias?

Candela Méndez del Olmo
Candela Méndez del Olmo

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