El CEO de Next Mobility, Javier Goikoetxea, explica por qué el nuevo Abono Único puede ser el punto de partida hacia un sistema de transporte público interoperable, digital y competitivo frente al vehículo privado.
El próximo 19 de enero entra en vigor el Abono Único estatal de transporte, una medida que trasciende la simple bonificación tarifaria y que, según los expertos, abre la puerta a un cambio estructural en la movilidad española. Para Javier Goikoetxea, CEO de Next Mobility y doctor en Big Data, este paso inaugura “una nueva lógica de acceso al transporte público: del billete individual al sistema mediante suscripción”. En su opinión, representa el primer intento serio de tratar el transporte público como una red conectada y no como una suma de servicios independientes, capaz de ofrecer una experiencia unificada al usuario.
Con una amplia trayectoria en el ámbito de la movilidad sostenible, inteligente y conectada, Goikoetxea ha liderado proyectos de digitalización del transporte, coche conectado y transformación urbana. Además, compagina su labor directiva con la docencia como profesor de Innovación y Transformación Digital en la Universidad Francisco de Vitoria y otras instituciones. Desde esa mirada híbrida entre la tecnología y la gestión pública, el directivo insiste en que el verdadero avance no es técnico, sino cultural. “La tecnología está madura y disponible. El cuello de botella está en la gobernanza, las competencias territoriales y los incentivos”, subraya. Para él, el reto de fondo pasa por construir una plataforma común que articule la identidad del usuario, el ticketing interoperable y los estándares abiertos, garantizando así una movilidad sin fricciones.
España tiene una oportunidad única para convertirse en referente europeo si logra armonizar su estructura de consorcios y apostar por un modelo de gobernanza neutral, donde el Estado fije los estándares, las comunidades gestionen y un operador técnico garantice la interoperabilidad.
Desde su experiencia, el Abono Único no es un punto de llegada, sino el embrión de una infraestructura digital de movilidad que puede transformar cómo nos movemos, compartimos datos y diseñamos ciudades más sostenibles.
Canal CEO: ¿El Abono Único es solo una bonificación tarifaria o el embrión de una infraestructura digital de movilidad? ¿Qué representa realmente para el sistema de transporte público español?
El Abono Único no es solo una bonificación tarifaria, aunque esa sea su capa más visible. En realidad, es el embrión de una infraestructura digital de movilidad. Introduce un cambio de lógica muy relevante: pasar del billete individual y del operador aislado a una idea de acceso al sistema mediante suscripción. Representa el primer intento serio de tratar el transporte público como una red conectada y no como una suma de servicios independientes.
Aunque hoy la integración es parcial, el precedente que se sienta es clave, porque abre la puerta a reglas comunes, interoperabilidad y experiencia de usuario unificada.
Canal CEO: ¿Qué tendría que ocurrir para que el Abono Único cambie hábitos (del coche al transporte público) y no se quede en una medida coyuntural de ahorro?
Para que cambie hábitos, el Abono Único tiene que ganar al coche en algo más que el precio. El coche sigue siendo percibido como simple, previsible y controlable. El transporte público solo puede competir si reduce fricción de manera sistemática.
Eso exige fiabilidad del servicio, capacidad suficiente en horas punta, intermodalidad real sin rupturas tarifarias o de información y una experiencia digital coherente de principio a fin. Si el abono abarata, pero la experiencia empeora por saturación o falta de coordinación, el cambio modal será puntual y reversible.
El principal freno no es tecnológico. La tecnología está madura y disponible. El cuello de botella está en la gobernanza, las competencias territoriales y los incentivos. La interoperabilidad obliga a resolver cuestiones complejas: cómo se reparten ingresos entre operadores, quién responde ante una incidencia en un viaje multimodal o qué datos se comparten y con qué calidad. Mientras esas reglas no estén claras, la tecnología se utiliza como excusa, pero el problema real es organizativo y cultural.
Canal CEO: Si este abono es un primer paso, ¿el verdadero cambio está en construir una “plataforma” común de movilidad? ¿Qué debería ser exactamente esa plataforma?
Sí, el verdadero cambio está en la construcción de una plataforma común. Pero una plataforma no es una aplicación ni un canal de venta. Es una capa estructural que ordena el sistema. Debería incluir identidad de usuario, ticketing interoperable -preferiblemente basado en cuentas-, un sistema de compensación transparente entre operadores, datos operativos en tiempo real y estándares abiertos que permitan integrar nuevos servicios sin fricción. Eso es lo que convierte al transporte público en un sistema escalable y preparado para crecer.
Canal CEO: ¿Quién debería gobernar esa plataforma interoperable (Estado, CCAA, consorcios, un operador neutral…)? ¿Y quién define los estándares y las reglas del juego?
La gobernanza debe ser multinivel, pero con un núcleo neutral muy claro. El Estado debe fijar los estándares mínimos y garantizar la interoperabilidad en el ámbito estatal y su alineación europea. Las comunidades autónomas y los consorcios son clave en la gestión metropolitana y urbana. La capa técnica de la plataforma debería estar gestionada por un operador neutral con mandato público, reglas auditables y obligación de interoperabilidad. Los estándares deben ser abiertos y exigibles, no opcionales.
Canal CEO: ¿Cómo se articula un modelo colaborativo real entre múltiples operadores sin caer en el caos territorial ni en el bloqueo institucional? ¿Qué incentivos o reglas son imprescindibles?
La colaboración funciona cuando integrarse es más rentable que no hacerlo. Eso se logra con pocas reglas, pero claras y obligatorias. Estándares técnicos comunes, un sistema de compensación sencillo y transparente, financiación vinculada al cumplimiento de esas reglas y una gestión de incidencias compartida. El usuario no puede ser rehén de disputas entre operadores o administraciones. Cuando el marco está bien diseñado, la colaboración deja de ser voluntarista y pasa a ser operativa.

Los datos son críticos porque permiten gestionar sistemas complejos con alta demanda y tarifa plana. Los datos de demanda ayudan a entender flujos y patrones; los de capacidad y ocupación permiten identificar saturaciones; los operativos miden puntualidad y fiabilidad; y los de experiencia revelan fricciones invisibles para el gestor. ¿Para qué? Para dimensionar oferta, predecir picos, ajustar horarios, planificar inversiones, gestionar incidencias en tiempo real y evaluar políticas con rigor.
Canal CEO: Identidad digital: ¿es posible una movilidad interoperable sin una identidad digital robusta? ¿Qué implicaciones tendría para el usuario y para la gestión del sistema?
A gran escala, una movilidad interoperable sin identidad digital robusta es muy difícil. La identidad permite gestionar suscripciones, segmentar políticas públicas, ofrecer soporte unificado y aplicar medidas antifraude. Para el usuario supone simplicidad y continuidad; para el sistema supone trazabilidad y capacidad de planificación. Eso sí, debe diseñarse con privacidad por defecto, minimizando datos personales y garantizando transparencia y seguridad.
Canal CEO: El riesgo de fondo: si el abono funciona y aumenta la demanda, ¿está el sistema preparado para absorber ese éxito? ¿Qué habría que reformar primero: financiación, oferta de servicio, digitalización o gobernanza?
El mayor riesgo del éxito es sin duda la saturación y la caída de calidad. Y cuando baja la calidad, el usuario vuelve al coche. La prioridad debe ser la gobernanza y operación para poder reaccionar rápido, y oferta/capacidad donde haya cuellos de botella. La financiación debe acompañar, porque más demanda exige refuerzo. Y la digitalización es el acelerador: sin datos y control operativo, no puedes gestionar picos ni coordinar alternativas. En la práctica, hay que mover las cuatro palancas por igual para que el abono pueda evolucionar a una plataforma mucho más importante.
Canal CEO: ¿Puede convertirse España en un referente europeo en movilidad interoperable o llegamos tarde?
No llegamos tarde si lo hacemos bien. Muchos países han avanzado en integración metropolitana; el diferencial sería construir una interoperabilidad real que conecte escalas (urbano–metropolitano–regional–estatal) con estándares y datos.
España tiene una oportunidad porque el debate está abierto y porque la estructura de consorcios puede ser una ventaja si se armoniza. La clave es no quedarse en medidas aisladas y que este abono sea el embrión de algo más grande que vaya creciendo paulatinamente en el tiempo.
Canal CEO: ¿Qué oportunidades industriales abre esto? software, ticketing, IoT, smart cities, digital twins…
Abre mercado claro… ticketing interoperable, validación y clearing, analítica avanzada de demanda, plataformas MaaS, integración de datos, ciberseguridad, IoT para conteo y ocupación, y gemelos digitales para simular cambios de oferta y políticas tarifarias… También abre oportunidades para empresas que construyan “conectores” estándar entre operadores y para proveedores que conviertan datos operativos en decisiones.
Canal CEO: ¿Estamos ante una carrera por la “infraestructura digital” de la movilidad? ¿quiénes serán los ganadores: operadores, big tech, administraciones… o ciudadanos?
Sí, es una carrera por la capa de coordinación. Quién define estándares, identidad, datos y experiencia. Los ganadores deberían ser los ciudadanos, si la gobernanza es pública, los estándares son abiertos y el sistema es interoperable de verdad. Si se fragmenta o se cierra, el riesgo es dependencia tecnológica y pérdida de control público. Lo ideal es un modelo donde administraciones fijan reglas, un operador neutral ejecuta la capa técnica, y el ecosistema (operadores, startups, integradores) innova encima con APIs públicas. Eso maximiza competencia, transparencia y calidad para el usuario.
En resumen: reglas públicas, operación neutral y un ecosistema que innove encima.
Los ganadores deberían ser los ciudadanos, si la gobernanza es pública, los estándares son abiertos y el sistema es interoperable de verdad.









