Durante años, hablar de infancia y empresa parecía estar reservado a sectores vinculados a la alimentación, los juguetes, la educación o el entretenimiento. Hoy en día, la realidad empresarial es bastante más amplia.
Las decisiones sobre cómo se diseñan los productos y servicios, cómo se comunican y promocionan, o las condiciones laborales de padres, madres y cuidadores, puede tener consecuencias sobre niños, niñas y adolescentes.
Cuando hablamos del concepto, “Infancia y Empresa” nos referimos a la responsabilidad e impacto que el sector privado tiene sobre los derechos y el bienestar de los niños, niñas y adolescentes, un enfoque que va mucho más allá de la simple prohibición del trabajo infantil.
La relación de una empresa con la infancia no depende únicamente de que venda productos para menores. La publicidad condiciona percepciones y comportamientos; las políticas laborales afectan a las familias; y los servicios digitales abren nuevas oportunidades, pero también nuevos riesgos. La salud mental y la creciente exposición al entorno digital forman parte, además, de los desafíos que afectan a esta generación. Cuatro de cada diez adolescentes afirman haber tenido o creer haber tenido un problema de salud mental, y el 29,2 % de los niños, niñas y adolescentes en España está en riesgo de pobreza o exclusión social.
El concepto de “Infancia y Empresa” ha cobrado especial relevancia a raíz del pionero informe de UNICEF España y la IE University titulado Todas las empresas impactan en la infancia, que analiza 75 compañías españolas de diez sectores económicos: alimentación, consumo, energía, estética, medios de comunicación, salud, servicios financieros, tecnología y gaming, textil y calzado, y turismo y viajes. Su conclusión: 7 de cada 10 empresas analizadas presentan niveles bajos de integración de los derechos de la infancia, con una nota media de 0,74 sobre 2.
El informe plantea una cuestión que trasciende la responsabilidad social: cómo identificar, medir y gestionar un impacto que está presente en prácticamente cualquier modelo de negocio. Y ofrece orientaciones prácticas para ayudar a las empresas a lograrlo, minimizando los impactos en la infancia que son negativos y potenciando los positivos.
La infancia, una variable más de la gestión empresarial
UNICEF España propone empezar por reconocer a la infancia y la adolescencia como un grupo de interés. Un primer paso para avanzar y reforzar la protección de los derechos de la infancia en ámbitos como el diseño de productos y servicios, el marketing, el entorno digital, las políticas laborales y las cadenas de valor. También plantea la necesidad de medir los impactos y de incorporar la participación de niños, niñas y adolescentes en las decisiones que les afectan.
Hoy queda camino por recorrer: las empresas analizadas obtienen 0,92 sobre 2 en la integración de la infancia en sus políticas y procesos, pero solo 0,57 en medidas concretas. Y el marketing y la comunicación que lanzan a menores obtienen los peores resultados.
Para las empresas, este cambio puede tener una lectura que va más allá del compromiso social y representa una oportunidad clave: identificar impactos permite anticipar riesgos, comprender mejor a determinados consumidores y grupos de interés y detectar oportunidades de innovación.
Una agenda que empieza a ganar peso.
La evolución encaja con una tendencia más amplia dentro de las compañías: pasar de comunicar compromisos de sostenibilidad a integrarlos en la toma de decisiones y en la gestión de riesgos.
En ese contexto, la infancia constituye un indicador especialmente transversal. Lo que una empresa hace en materia de producto, comunicación, empleo, tecnología o cadena de suministro puede terminar afectando a una generación que todavía no participa plenamente en las decisiones económicas, pero que ya forma parte de sus consecuencias. Un ejemplo: empresas con políticas de conciliación que no evalúan cómo contribuyen al bienestar de los hijos e hijas de su plantilla.
Cinco preguntas para saber si tu empresa integra a la infancia
Grandes, medianas o pequeñas empresas. Con o sin cadena de suministro. Trabajen o no directamente con la infancia. Todas las empresas afectan a la infancia en mayor o menor medida, de manera más o menos directa. Basta con hacerse algunas preguntas para descubrirlo:
- ¿Las medidas de conciliación ayudan de verdad a las familias de la plantilla?
- ¿La publicidad o nuestras redes sociales llegan a menores?
- ¿Existe una web, app o datos de usuarios que puedan ser menores?
- ¿Sabemos de cómo trabajan nuestros proveedores?
- ¿Medimos algo de todo esto?







