La sostenibilidad empresarial ya no se limita a reducir emisiones o gestionar residuos. Para las empresas, especialmente aquellas con actividad industrial o energética, el reto está en integrar los criterios ambientales, sociales y de gobernanza en decisiones que afectan al conjunto del negocio.
La 'Memoria de Sostenibilidad 2025' de Cuerva, permite observar cómo una compañía puede trasladar ese enfoque a diferentes áreas de su actividad. Elaborada voluntariamente y tomando como referencia los estándares GRI (Global Reporting Initiative), recoge avances en materia ambiental, social y de gobernanza.
“Esta memoria recoge el esfuerzo de toda la organización por avanzar en nuestro compromiso ambiental, social y de gobernanza, y por seguir construyendo, año a año, un modelo energético más sostenible, más cercano a las personas y más consciente del territorio que nos vio nacer”, Ignacio Cuerva, CEO de Cuerva.
El ecosistema energético fundado en Granada en 1939, ha ejecutado más de 160 proyectos, ha mantenido activos 17 proyectos europeos de innovación relacionados con el uso de datos, la inteligencia artificial, el almacenamiento y la digitalización de infraestructuras y continúa operando una red eléctrica de más de 920 kilómetros.
Pero, más allá de las cifras, su estrategia deja varias ideas que otras empresas pueden aplicar a sus propios modelos de sostenibilidad.
1. Convertir los recursos en indicadores concretos
En 2025, la generación renovable de Cuerva ha permitido evitar más de 19.000 toneladas de CO₂. La compañía ha reducido su huella de carbono de alcance 1 y 2 de 487,50 toneladas de CO₂ equivalente en 2024 a 418,71 toneladas en 2025, un descenso del 14,1%.
Ha destinado el 100% de los residuos no peligrosos y el 97% de los peligrosos a operaciones de reciclaje o valorización. A esto se suma una reducción del 13,48 % en el consumo de agua y del 38,43 % en el consumo de papel respecto al año anterior.
Para otras empresas, la lección está en identificar aquellos recursos que forman parte de la actividad diaria y establecer objetivos concretos sobre su consumo y gestión. Agua, energía, papel, materias primas o residuos pueden convertirse en indicadores que permitan detectar ineficiencias y tomar decisiones. Fijar objetivos cuantificables ayuda a pasar de las declaraciones de intenciones a medidas concretas y permite comprobar si las acciones adoptadas están dando resultados. Además, revisar periódicamente estos indicadores facilita detectar dónde es necesario ajustar procesos y dónde existen oportunidades para utilizar los recursos de una forma más eficiente.
Estas actuaciones forman parte del sistema de gestión ambiental y energética de Cuerva, respaldado por las certificaciones ISO 14001 e ISO 50001, y se complementan con medidas de protección de la biodiversidad y seguimiento ambiental de sus instalaciones.
2. Llevar la estrategia ESG hasta los proveedores
Otra de las claves está fuera de las instalaciones de la empresa: en su cadena de suministro. Durante 2025, Cuerva ha realizado compras por 20,6 millones de euros a proveedores de la provincia de Granada, cerca de la mitad del volumen total de compras de la compañía.
Al mismo tiempo, ha incorporado progresivamente criterios ambientales y sociales en la gestión de proveedores. La memoria identifica precisamente como uno de sus próximos pasos continuar avanzando en esta integración.
Esto supone ampliar la mirada. La estrategia de sostenibilidad no termina en aquello que controla directamente la empresa, sino que también puede trasladarse a las relaciones comerciales y a los criterios utilizados para seleccionar y gestionar proveedores. Las empresas pueden incorporar criterios ambientales y sociales en sus procesos de compra, valorar cómo trabajan sus proveedores y establecer requisitos que estén alineados con sus propios objetivos de sostenibilidad. De esta forma, la estrategia deja de ser una cuestión exclusivamente interna y se extiende a parte del ecosistema empresarial con el que la compañía trabaja.
3. Vincular sostenibilidad y territorio
El dato de las compras en Granada también muestra otra posible vía: utilizar las decisiones empresariales para generar impacto en el territorio en el que opera la compañía.
Cuerva ha destinado 20,6 millones de euros a proveedores de la provincia, mientras que también ha apoyado a más de 25 entidades sociales, culturales y deportivas, con más de 76.000 euros en colaboraciones y donaciones, principalmente vinculadas a Granada y a los territorios en los que está presente.
La sostenibilidad puede incorporar una dimensión territorial que va más allá de los indicadores ambientales. Esto implica tener en cuenta el impacto que genera su actividad en los lugares donde opera: desde la contratación y las compras a proveedores locales hasta la colaboración con entidades sociales, culturales o deportivas. Las decisiones empresariales pueden contribuir también al desarrollo económico y social de los territorios en los que están presentes.
4. Incorporar a las personas a la estrategia
La dimensión social también forma parte de la memoria. En 2025, Cuerva ha impartido 570 horas de formación a 65 profesionales, prácticamente el doble que el año anterior. La compañía ha continuado reforzando sus políticas de prevención, conciliación, igualdad y desarrollo profesional.
No se trata únicamente de reducir el impacto ambiental, sino también de crear entornos en los que las personas puedan desarrollar nuevas capacidades, mejorar profesionalmente y trabajar en condiciones adecuadas.
Formación, prevención, conciliación, igualdad y desarrollo profesional pueden formar parte de una misma estrategia. Separar las políticas de personas de la estrategia de sostenibilidad supone dejar fuera una parte importante del impacto de la empresa. No se debe separar a las personas de la estrategia.








