Impuesto de Sociedades a la baja: qué margen libera el nuevo tipo y cómo reinvertirlo para crecer

por Redacción | Oct 26, 2026

La ley rebaja el Impuesto de Sociedades de las pymes al 23% en 2026 y al 20% en 2029. Para una empresa con 400.000 euros de base, son 60.000 euros en cinco años. ¿Inversión o tesorería? Qué hacer para que ese margen antes de que se evapore en la tesorería.

No es un regalo. No es un colchón. Es una palanca. El Impuesto de Sociedades de las pymes baja al 23% en 2026 y llegará al 20% en 2029, pero ese margen solo cuenta si acaba convertido en inversión productiva.

La Ley 7/2024 recorta de forma escalonada el tipo de las empresas de reducida dimensión, las que facturan menos de 10 millones de euros, desde el 25% general. Según la Agencia Tributaria, ese tipo es del 24% en 2025, del 23% en 2026, del 22% en 2027 y del 21% en 2028, y se asentará en el 20% a partir de 2029. Las microempresas, con una cifra de negocio inferior al millón de euros, siguen una escala propia. En 2026 pagan un 19% por los primeros 50.000 euros de base imponible y un 21% por lo que exceda de esa cantidad. Las entidades que Hacienda considera patrimoniales no pueden acogerse a estos tipos.

Traducido a euros, una empresa con una base imponible estable de 400.000 euros pagaba 100.000 al tipo general. En 2026 abonará 92.000, y desde 2029, 80.000. Entre 2025 y 2029, la rebaja acumulada suma 60.000 euros. Esa cantidad puede convertirse en una contratación, la renovación de maquinaria o la primera incursión en un mercado exterior. También puede desaparecer en el día a día. ¿Dónde estará ese dinero en 2030 si nadie decide hoy adónde debe ir?

Una rebaja que llega en plena incertidumbre

En su informe trimestral publicado el 9 de octubre, el Banco de España recoge que el 40,9% de las empresas encuestadas en el tercer trimestre de 2026 señala que el aumento de la incertidumbre perjudica sus decisiones de inversión. El porcentaje es algo inferior al 43,2% de tres meses antes, y las expectativas para el cuarto trimestre apuntan a cierta mejoría de las perspectivas inversoras.

El crédito también empieza a moverse. Según BBVA Research, la financiación a empresas crecía un 3,6% interanual en marzo de 2026, después de años de desapalancamiento. Los préstamos a más de cinco años son ahora los más dinámicos, una señal compatible con la vuelta de los proyectos de inversión. El servicio de estudios advierte, sin embargo, de que una recuperación generalizada dependerá de que las empresas encuentren incentivos para invertir.

La rebaja del Impuesto de Sociedades es uno de esos incentivos, aunque llega sin instrucciones de uso. Tras una pandemia, una crisis energética y una inflación que estrechó los márgenes, el instinto de muchos gerentes es guardar, y ese instinto tiene su lógica: una caja sana también es estrategia. El problema aparece cuando la prudencia se convierte en inercia y el ahorro fiscal se diluye en el día a día sin que nadie lo haya decidido. ¿Cuántas empresas sabrán decir dentro de tres años en qué invirtieron lo que dejaron de pagar a Hacienda?

La reserva de capitalización, el premio a no repartir

La misma ley ofrece una herramienta pensada para ese dilema. La reserva de capitalización permite reducir la base imponible en un 20% del incremento de los fondos propios, cinco puntos más que antes de la reforma. A cambio, la empresa debe mantener ese incremento durante tres años y respetar un tope general del 20% de su base imponible.

La novedad más interesante conecta la fiscalidad con el empleo. La Agencia Tributaria detalla que el porcentaje sube al 23% si la plantilla media crece entre un 2% y un 5%, al 26,5% si el aumento está entre el 5% y el 10%, y al 30% si supera el 10%. El incremento de plantilla también debe sostenerse tres años, de modo que solo tiene sentido cuando responde a un plan de negocio y no a la tentación de exprimir un incentivo.

Sobre el papel, las cifras son elocuentes. Volviendo a la empresa del ejemplo, si deja en sus fondos propios 250.000 euros de beneficio, podría reducir su base imponible en 50.000 euros, lo que al 23% supone 11.500 euros menos de impuesto. Si además amplía su plantilla más de un 10%, la reducción alcanzaría los 75.000 euros. Los requisitos son exigentes. La idea de fondo, sin embargo, es clara: el sistema premia a quien deja el beneficio trabajando dentro de la empresa.

Dónde rinde un euro liberado

Un incentivo fiscal no crea proyectos; solo acelera los que ya existen. Mercadona lo ilustra a otra escala. En 2025 ganó 1.729 millones de euros y, según los datos que presentó en marzo, destinó el 80% a reinvertir, 1.383 millones. De esa cantidad, 650 millones fueron a aperturas y reformas de tiendas, 200 a logística y 150 a digitalización. Repartió 346 millones en dividendos, pagó 690 millones en impuestos sobre beneficios y prevé invertir otros 1.000 millones en 2026.

«El objetivo de una empresa no es maximizar los beneficios», recordó Juan Roig en aquella presentación, en la que defendió que la prioridad es satisfacer a toda la cadena de valor. Lo que distingue el caso es el orden de las decisiones: primero se fija cuánto vuelve al negocio y a qué partidas, y después se reparte el resto.

Esa secuencia está al alcance de cualquier dirección antes del cierre del ejercicio. Basta con calcular cuánto libera la rebaja y ponerle nombre a ese dinero en el presupuesto. Después hay que asignarlo a una inversión con retorno medible, aunque sea modesta. El tipo seguirá bajando hasta 2029. Lo que no está escrito en ninguna ley es qué hará cada empresa con esa diferencia.

Redacción
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