¿Por qué Nadal es fuente de inspiración dentro y fuera de las pistas?

Imagen: Beth Wilson (Flickr)

Pocas cosas faltan por decir o escribir sobre Rafa Nadal (1986, Manacor), un deportista eterno capaz de acumular ya dos décadas en lo más alto del tenis profesional, darle a España dos oros olímpicos, liderar en cinco ocasiones a la selección nacional hasta le Ensaladera de la Copa Davis, ganar 90 torneos a lo largo de su carrera y convertirse en el primer tenista masculino de la historia en alcanzar los 21 títulos de Grand Slam. Pero para hablar de las razones por las que Nadal es hoy una fuente de inspiración dentro y fuera de las canchas no es necesario repasar su inmaculado (e inabarcable) palmarés, sino que basta con centrarse en que sucedió ayer en Melbourne (Australia).

Lo resumió perfectamente Roger Federer, su principal rival y gran amigo, justo después del partido que había enfrentado a Rafa con el ruso Daniil Medvédev: “Hace unos meses estábamos bromeando sobre los dos en muletas. Impresionante. Nunca se debe subestimar a un gran campeón. Tu increíble ética de trabajo, dedicación y espíritu de lucha son una inspiración para mí y muchos otros alrededor del mundo”. Y es que Nadal atesora múltiples cualidades, pero las tres mencionadas por Federer son, probablemente, las que diferencian al tenista español del resto de mortales.

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Ética de trabajo

La férrea disciplina exhibida por Rafa para llegar a lo más alto del tenis, y también para mantenerse ahí durante tantos años, es difícilmente detectable en cualquier otro ser humano. Horas y horas de entrenamiento para jugar con la zurda pese a ser diestro, mejorar progresivamente con el saque y extraer lo máximo (e incluso más) de unas condiciones físicas privilegiadas, pero también muy propensas a las lesiones.

Esa fe en el trabajo quedó patente en el camino seguido por Nadal hasta el partido de ayer, donde, para colmo, se enfrentaba a un tenista 10 años más joven y 15 centímetros más alto. Su inquebrantable fe en la hoja de ruta establecida antes del inicio del torneo (cuando, efectivamente, Nadal se encontraba en muletas e incluso llegó a dudar de su continuidad en el tenis profesional) le permitió terminar físicamente mejor que su joven rival una batalla deportiva que se prolongó durante más de cinco horas.

Lejos de las pistas de tenis, es difícil encontrar otro personaje público que durante 20 años haya sido conocido única y exclusivamente por su trabajo. Ni declaraciones altisonantes, ni una fiesta a deshora, ni relaciones conflictivas en su vida privada, ni nada de nada. Nadal ha tenido un comportamiento absolutamente intachable, lo que ha sacado de quicio a esos haters profesionales deseosos de alegrar sus tristes vidas reprochándole algún que otro lunar (por pequeño que fuese)… Pero ahí siguen, buscándolo…

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Dedicación

Es otra de las palabras que mejor definen la trayectoria de Nadal, tanto dentro como fuera de las pistas. En las entrevistas concedidas por Rafa al comienzo de cada temporada siempre aparecen las mismas respuestas: entrenamiento, preparación y un calendario de torneos perfectamente establecido. Su dedicación al tenis es máxima, rayando el estajanovismo, lo que le ha dejado muchos años sin descanso (para acudir a las Olimpiadas o a la Copa Davis mientras la mayoría de sus rivales se iba de vacaciones).

Pero Nadal es fuente de inspiración porque esa dedicación también es máxima fuera del tenis. Rafa siempre ha mimado la relación con lo suyos, lo que explica la fidelidad incondicional que hacia él sienten familiares, amigos, compañeros, seguidores o patrocinadores, quienes año tras año le acompañan por decenas de países tanto en las buenas como en las malas. Si a eso se añade su carácter empático y solidario y su capacidad para arrimar el hombro en situaciones delicadas (achicando agua, por ejemplo, durante aquellas inundaciones en Baleares de 2018) el resultado es un cariño unánime en todo el mundo (entre aficionados al tenis, pero también entre quienes no saben qué es una doble falta).

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Espíritu de lucha

Cuando un jovencísimo y melenudo Rafa Nadal alcanzó por primera vez la gloria en París en 2005, muchos vieron en él al mismísimo Mowgli, el niño de la selva que se había criado entre animales. 16 años después, Rafa ha escrito la penúltima página de su increíble historial tras una batalla que muchos han comparado con la de aquel mítico Rocky Balboa, capaz de levantarse una y otra vez ante los durísimos golpes del gigante soviético Iván Drago. Porque eso también es Nadal: lucha y sacrificio.

Muchos dieron por perdida la final de Australia pasadas las dos horas, cuando Medvédev se había hecho con los dos primeros sets y disponía de tres bolas de break para poner el 4-2 en el marcador del tercero. Muchos, pero no los que han seguido la trayectoria de Rafa y saben que hasta la última bola todavía hay partido. Porque Rafa siempre se levanta. No importa lo duro que pegue el rival o lo mal que lo esté pasando, para ganarle hay que estar muy mentalizado de que Nadal jamás te va a regalar nada y de que devolverá la siguiente bola como si fuese la más importante (por eso decía Federer que jamás hay que subestimarle).

Fuera de las pistas de tenis, Nadal también abandera mejor que nadie esa capacidad de sacrificio para reponerse a los golpes, ya sean en forma de lesiones crónicas o de problemas personales. Porque los tiene y los ha tenido, como todo el mundo, pero nunca se le ha escuchado lamentarse públicamente de ellos, sino afrontarlos con la seguridad de que con lucha y paciencia conseguirá superarlos.

Probablemente sea este el rasgo más distintivo del liderazgo de Nadal: él no pretende ser un líder, sino que es su humildad a la hora de luchar y sacrificarse la que le ha convertido en un auténtico líder.