No es nada sencillo ostentar la máxima posición en una compañía. En cierta medida el éxito de la empresa depende mucho de su CEO: muchos caminos y decisiones acaban o se deben iniciar desde su figura. Pero, ¿qué sucede cuando el directivo pierde las riendas en la toma de decisión?
Un estudio de Seeliger y Conde · Kingsley Gate, firma global especializada en la búsqueda de ejecutivos y consultoría de talento, revela que más de la mitad de los directivos en España (54%) ha dimitido o se plantea hacerlo debido a su desacuerdo con los procesos de toma de decisiones de la compañía, pese a que el 78% haya observado mejoras en este ámbito.Esta es la principal conclusión de la investigación realizada con 400 líderes a nivel global -50 de ellos en España- en colaboración con FT Longitude, parte del grupo Financial Times.Casi la mitad de los directivos (44%) no está del todo contento con el grado de empoderamiento que tiene en su posición.
CEOs sin alas
Los datos, los procesos de análisis y la tecnología son las palancas más intuitivas para mejorar la toma de decisiones de las compañías. Sin embargo, el estudio señala que “los líderes de la empresa” son el factor común (por el 44% de los encuestados) de mayor impacto para mejorar los procesos de toma de decisiones.Y, aunque no existe una fórmula infalible, la calidad de las decisiones está unida a la libertad de sus directivos. En este sentido, alinear los estilos de liderazgo y de toma de decisiones de los directivos y organizaciones es la premisa previa. Para ello, resulta esencial evaluar -antes de la contratación- la manera en que los candidatos toman sus decisiones. Así lo expresaron un 74% de los encuestados españoles, quienes abordaron este asunto antes de la incorporación a sus nuevas compañías.Si se obvia este análisis, señalan los expertos, se corre el riesgo de perder a un nuevo directivo durante los primeros meses de adaptación a su nueva posición/compañía.En cuanto a los estilos de liderazgo, el predominante en las empresas españolas es hoy el “democrático”, que favorece la delegación y el empoderamiento, por encima del tradicionalmente conocido como “autoritario”.







