Metaverso: un nuevo desafío para el mundo laboral

Los grandes cambios tecnológicos siempre se materializan antes que las normas que los regulan, lo que habitualmente genera tensiones en todos los ámbitos, incluido el laboral. Ya ha ocurrido, sin ir más lejos, con las redes sociales, las criptomonedas, las plataformas VTC, los repartidores del ecommerce o el teletrabajo. El metaverso está llamado a ser el principal protagonista de la próxima gran disrupción, pero se trata de un fenómeno que de momento genera más incógnitas que certezas…

¿Qué es el metaverso?

El metaverso se ha puesto de moda desde que Mark Zuckerberg anunciase el año pasado que Facebook se transformaba en Meta. Sin embargo, el concepto existe desde hace mucho más tiempo e incluso ha contado con experiencias pioneras, como la de Second Life. Básicamente, el metaverso no es otra cosa que una réplica del mundo real en el digital, es decir, un entorno inversivo en tres dimensiones en el que lo físico se encuentra con lo virtual para que los usuarios interactúen entre sí mediante un avatar.

Aparte de gigantes tecnológicos como Facebook (ahora Meta), Google o Microsoft, están siendo las empresas de moda y gran consumo las que han decidido tomar la delantera en la construcción de este nuevo universo virtual, que todavía se encuentra en una fase muy incipiente de su desarrollo.

Multinacionales como Nike, Zara o Samsung ya han anunciado que crearán sus propias experiencias de negocio en el metaverso, un mercado que según la agencia Wildbytes moverá hasta 800.000 millones de dólares en todo el mundo durante los dos próximos años.

Tecnologías implicadas

Una de las razones por las que se espera que esta vez el metaverso sí tenga éxito (a diferencia de lo que sucedió con Second Life) es porque ahora existe una tecnología mucho más madura para su desarrollo. Por ejemplo, se espera que el metaverso se convierta en el terreno ideal para sacar todo el partido de la inteligencia artificial y las realidades aumentada y virtual. Además, los usuarios de este nuevo mundo digital, a través de sus avatares, podrán tener posesiones económicas reales porque así lo posibilitan ya las criptomonedas y los NFT, convenientemente respaldados y garantizados por el Blockchain.

La pregunta que surge entonces es cómo serán las relaciones laborales en este nuevo metaverso, porque los usuarios solo podrán comprar productos o servicios en este entorno si encuentran en él a alguien que se los venda. Y ese alguien, obviamente, será el avatar de una persona de carne y hueso, que en lugar de atenderle desde una tienda u o una oficina lo hará desde su casa o desde algún otro lugar, convenientemente provisto de su mono de trabajo, que en este caso estará formado por un ordenador, unas gafas de realidad virtual y poco más.

Primeros proyectos de metaoficinas

Algunas empresas ya se han lanzado a la creación de sus propias metaoficinas, con el objetivo de crear entornos de trabajo virtuales que suplan los déficits provocados por el teletrabajo en materia de contacto físico, tanto entre compañeros como con los clientes. Este tipo de experimentos siempre son más sencillos de acometer si la organización en cuestión es una start up, como bien ha demostrado Gravyton: en solo unas pocas semanas, esta joven empresa tecnológica ha diseñado una innovadora oficina virtual en la que sus empleados hacen networking, protagonizan reuniones abiertas con otros usuarios del metaverso e incluso mantienen encuentros con potenciales clientes.

 

También ha sido una start up, ente este caso Datacasas Proptech, la que ha recibido el encargo de llevar al metaverso a la inmobiliaria Metrovacesa. El objetivo de la compañía es vender inmuebles del mundo físico en el virtual, en un proceso completamente digital (desde la visita al inmueble hasta su compra), lo que por supuesto también implica ser atendido por un comercial en el propio metaverso. Y otra inmobiliaria con presencia en España que también está dando forma a su propio metaverso es eXp, cuyas oficinas virtuales ya permiten a los profesionales de la compañía mantener reuniones o asistir a conferencias.

Este tipo de iniciativas ponen de manifiesto las interesantes posibilidades que abre el metaverso en términos de organización interna de las compañías. Porque, a diferencia de lo que ahora ocurre con el teletrabajo, en el metaverso “el jefe puede pasar y preguntarte, y si tu avatar no responde o está dormido es que tú no estás”, explica Laura Raya, directora de Programas de Postgrado de U-Tad. Y añade: “Puede que en España el metaverso entre más tarde en el teletrabajo, pero lo hará antes en eventos virtuales relacionados con el ocio”.

Hacia una metalegislación

Aunque de momento todo son incógnitas, en EEUU ya hay expertos en derecho del trabajo que abogan por el desarrollo de una metalegislación, porque consideran que las relaciones laborales en el metaverso tendrán similitudes con las que se desarrollan en la vida real, pero también peculiaridades que habrá que regular. Según ha destacado Íñigo Sagardoy, presidente de Sagardoy Abogados, “las implicaciones del metaverso para la comunidad legal y su posible regulación van a ser enormes”, hasta el punto de que “habrá que cambiar la mentalidad de una interpretación legal”.

Tan es así que los sindicatos de nuestro país ya se han apresurado a reclamar una normativa específica para el metaverso, ante los numerosos retos e incógnitas que plantea. Según estas organizaciones, para evitar posteriores e interminables batallas judiciales es fundamental que las autoridades no lleguen tarde a esta disrupción, a diferencia de lo que sucedió con el fenómeno de los riders, y proporcionen a los profesionales que trabajen en el metaverso unas reglas del juego claras y acotadas. Incluso hay quien habla de la necesidad de retocar el Estatuto de los Trabajadores para incluir el metaverso como espacio de trabajo o quien aboga por el desarrollo de un convenio colectivo específico para los profesionales de este nuevo entorno virtual.

Pero definir las relaciones laborales en el metaverso no será una cuestión ni rápida ni sencilla. Fundamentalmente, porque las barreras estatales desaparecen en la medida en la que se trata de un entorno 100% digital, lo que complica la labor de las autoridades. Además, lo habitual en este tipo de disrupciones tecnológicas es que cada país vaya copiando y retocando las normativas que anteriormente han desarrollado otros estados, y en el caso del metaverso todo apunta a que, por su complejidad, nadie tendrá demasiadas ganas de dar ese primer paso…