¿Qué puede aprender un CEO del mando militar? La visión personal del Coronel Fernando Olmo revela las claves del liderazgo humanista en la milicia: foco en personas, cohesión de equipos y ejecución disciplinada para cumplir objetivos en entornos de alta presión.
Por Fernando del Olmo | Con el ánimo de compartir una perspectiva diferente del liderazgo humanista desde esta misma tribuna reflexionábamos hace unas semanas sobre el liderazgo en la milicia. Comenzábamos diciendo que nuestras Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire y del Espacio, están conformadas por más de 120 mil mujeres y hombres, un número notable de personas.
Y queremos comenzar ahora de igual forma para recordar que el factor humano constituye el más importante del que disponen nuestras Fuerzas Armadas. A lo largo de las siguientes líneas expondré como he entendido el liderazgo humanista, y por tanto como he tratado de ejercerlo, a lo largo de mis casi cuarenta años de servicio en el Cuerpo de Infantería de Marina.
La exigencia del mando: responsabilidad constante
La función principal del jefe de una unidad de las Fuerzas Armadas es la dirección de personas para garantizar que esa unidad está preparada para cumplir su cometido ya sea éste operativo o de apoyo. Así, y cada vez que fui designado jefe de una unidad, hubo una máxima que presidió mi actuación durante el ejercicio del mando: supone una exigencia continua de responsabilidad.
Exigencia ante los tuyos, tus nuevos subordinados, ante tu propio jefe, y, sobre todo, ante ti mismo. Su ejercicio te pone frente al espejo cada minuto de cada día en el cumplimiento de todas las atribuciones y responsabilidades que conlleva, que no son pocas. Y siempre lo ejercí con tres referencias, para mí esenciales, que observé de forma integral a lo largo de mis diferentes periodos de mando.
Personas: el núcleo del liderazgo
1. Dirigir desde el conocimiento humano
La primera referencia, y por encima de todas los demás, fueron las personas – representadas en la figura de mis infantes de Marina- y mi preocupación constante por y sobre ellos y en la obligación auto impuesta de que se sintiesen bien dirigidos, adiestrados y motivados por y en el desarrollo de sus cometidos.
Alcanzar esto exige dedicación y esfuerzo diario y en la certeza de que bajo el uniforme que vestíamos había personas, personas con inquietudes, con honradas y legítimas ambiciones personales y profesionales, con dudas y problemas de padre, de madre o de hijo, sencillamente de ser humano. Llegar a conocer todo ello requiere dedicar tiempo para desarrollar una profunda afinidad con los tuyos.
2. Comunicación directa y liderazgo cercano
Para ello, siempre procuré articular el modo de aproximarme y de convivir con los míos, dirigirme a ellos directamente, elevar su espíritu y moral en tiempos de problemas, inspirarles en tiempos de crisis, y agradecerles la labor bien hecha. Éste es un aspecto ineludible cuando de dirigir personas se trata. Si tuviese que resumir la esencia de mi filosofía en el ejercicio del mando sería lo recogido en este párrafo.
Todas las formas de comunicación resultaron eficaces cuando se trataba de dirigirme a los míos, pero nada fue mejor ni nada pudo sustituir nunca al contacto diario, directo y estrecho que, formal o informal, resultó y resulta indispensable para fomentar las relaciones y cultivar los vínculos entre los componentes de una unidad.
Y es que en el ejercicio del mando una relación profesional sólida, unida a una continua relación humana y desde el máximo respeto, constituyen actitudes indispensables para garantizar el espíritu y buen funcionamiento de la unidad.
3. El riesgo de liderar desconectado
Nada asegura más el fracaso que el ejercicio del mando alejado de la realidad, alejado de la situación, alejado de las personas. Nunca me cupo duda de que el factor determinante en el peso específico de una unidad son sus personas pues ellas, adiestradas y organizadas, son las que conforman la unidad.
4. El grupo: cohesión y sentido compartido
Precisamente este es el segundo elemento: el grupo – materializado por mi unidad – por la que siempre mantuve una generosa pasión. ¿Y por qué generosa? Mandar es un orgullo que compartía con los míos y, a la vez, del que les hacía partícipes.
La generosidad supone mirar siempre hacia adelante para alcanzar las metas establecidas en forma de objetivos por el escalón superior y por uno mismo pues la plena alineación de intereses constituye una fuente constante de sinergia. La preocupación constante por mi unidad me proporcionó siempre enormes réditos.
5. Objetivos: dirección, claridad y ejecución
La importancia de definir el rumbo
Por último, y como tercera referencia, no podían faltar, lo acabamos de citar, los objetivos en el convencimiento de que sin objetivos no hay tareas ni retos. Siempre procuré promulgarlos al tomar el mando de una unidad en forma de las Intenciones del Comandante por entenderlo un documento necesario, y para mí imprescindible, y que también formaba parte de mi estilo de mando. El objeto de este documento es precisamente permitir que tus mandos subordinados y colaboradores directos conozcan de primera mano las inquietudes, objetivos y correspondientes líneas de actuación para alcanzarlos.
Liderar con el ejemplo
A mis más inmediatos y directos colaboradores siempre les pedía que “transmitiesen las directrices recibidas a sus infantes de Marina con el ejemplo”. Hoy, en pleno siglo XXI, mandar a través del ejemplo es hacer lo que se dice y decir lo que se hace, pues solo se podrá pedir, exigir, requerir a los nuestros de modo convincente y ético si ven que todo lo requerido a ellos es, primero y, ante todo, auto exigido por el propio jefe.
Liderazgo humanista: compromiso y determinación
Hay una fuerza interior que siempre me impulsó durante el ejercicio del mando ayudándome a aunar todo lo recogido en estas líneas; mi firme compromiso personal, mi determinación para la consecución de los objetivos y para la mejora de mi unidad. El ejercicio del mando requiere dedicación absoluta con el fin de ejercer una verdadera dirección de personas, de ejercer un verdadero liderazgo humanista.
Fernando del Olmo

Fernando Del Olmo es coronel de Infantería de Marina en situación de retiro. Ha ejercido el mando de unidad en todos sus empleos militares. El último, en el Tercio del Sur, recogiendo sus experiencias en el libro “Mis días en el Tercio del Sur. Mando vs Liderazgo”.
[1] Si bien las intenciones del comandante, el “Commnader´s Intent”, es un concepto vinculado básicamente al campo operativo en este caso se hace una interpretación orgánica de él.








