El liderazgo de Charles de Gaulle: contra todo y contra todos

charles de Gaulle Imagen: El País

Charles de Gaulle (1890-1970) forma parte de ese selecto club de personajes que han cambiado el papel de Francia en la historia. Un reducido grupo de líderes del que también forman parte nombres tan ilustres como Napoleón Bonaparte o Luis IXV, el ‘Rey Sol’. En el caso de De Gaulle, su liderazgo tuvo un origen militar, aunque terminó de desarrollarse en el ámbito político. Se basó en un espíritu rebelde que le hizo revolverse contra todo aquello que se salía de lo que él consideraba su único objetivo vital: buscar el bien común de los franceses.

Como militar, De Gaulle obtuvo numerosos reconocimientos durante la Primera Guerra Mundial, en la que participó primero como soldado y posteriormente como oficial. Hecho prisionero por los alemanes, protagonizó varios intentos de fuga y fue recluido en un campo de concentración para altos mandos militares de las potencias aliadas. Tal vez por esta experiencia, abogó durante el periodo de Entreguerras por un endurecimiento de la política francesa de defensa que fue desoída por sus mandos.

Fue a partir de 1939, tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, cuando De Gaulle mostró las principales líneas maestras de un estilo de liderazgo que terminaría pasando a la historia. Esas cualidades para guiar al pueblo francés, también aplicables a la dirección de cualquier organización empresarial, podrían resumirse en las siguientes:

“La deliberación es trabajo de muchos, la decisión, de uno solo.”

1) Autenticidad

Philippe Pétain había sido el mentor de De Gaulle, lo que no impidió que éste rompiese con el primero tras su capitulación ante los nazis. Expulsado del ejército, privado de la nacionalidad francesa y condenado a muerte, De Gaulle exhibió una fuerte personalidad que le permitió conseguir, ya desde tierras británicas, que buena parte del pueblo y el ejército de su país se sumaran a la causa de la ‘Francia Libre’.

El tiempo terminaría dándole la razón, pues gracias a él Francia se coló en el exclusivo grupo de las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial. Y todo ello, a pesar de que De Gaulle se había ganado, precisamente por esa fuerte personalidad, cierta antipatía por parte de los otros dos principales líderes aliados de la época: el estadounidense Franklin D. Roosevelt y el británico Winston Churchill.

2) Propósito

Como decíamos al principio, De Gaulle fue uno de esos personajes que se han sentido llamados por la historia para guiar los designios de su patria. Tenía un propósito claro: buscar el bien común de los franceses por encima de cualquier interés individual. En su opinión este debía ser el propósito de cualquier dirigente, y si no simpatizó con los políticos de su tiempo fue, precisamente, porque consideraba que en la mayoría de ocasiones anteponían los intereses personales a los del colectivo.

3) Capacidad de adaptación

Que tuviera clara la meta no quería decir que no estuviese dispuesto a alterar el recorrido si así lo demandaba la situación. No en vano, De Gaulle asumió el poder en Francia en el año 1958 tras ser reclamado para sofocar al movimiento anticolonial que se había levantado en Argelia. Curiosamente, solo cuatro años después, el ya presidente de Francia decidió conceder la independencia al país norteafricano e incluso se presentó ante el mundo como un firme partidario del fin de la colonización.

“La dificultad atrae al hombre de carácter, porque es en la adversidad que el verdadero hombre se conoce a sí mismo.”

4) Visión a largo plazo

Hay quien considera que De Gaulle fue uno de los artífices del nacimiento de la actual Unión Europea. Pese a su marcado patriotismo, lo cierto es que el estadista francés exhibió una increíble capacidad para anticiparse al futuro, impulsando la reconciliación franco-alemana, remarcando el papel que debía jugar su país en el mercado económico europeo y afirmando, tras la independencia de Argelia, que la era de los continentes organizados había de suceder a la de las colonias.

5) Comunicación

Conseguir que el pueblo francés se pusiera detrás de él durante 29 años fue posible gracias a la altura intelectual de De Gaulle, pero también a su innata capacidad comunicativa. De hecho, en Francia se le conoce como “el hombre del 18 de junio”, porque fue ese día, en el año 1940, cuando emitió su famoso discurso radiofónico desde la BBC británica llamando a los franceses a resistir contra los nazis.

Casi tres décadas después, en 1969, De Gaulle optó por la televisión para comunicar a los franceses su último compromiso: “Si no consigo la confianza suficiente para reformar la Constitución, dimitiré”. Y eso fue exactamente lo que hizo el fundador de la Quinta República, porque es importante saber comunicar, pero más importante aún es ser consecuente con lo que se comunica.

Nada grande se logrará sin grandes hombres, y los hombres son grandes solo si están decididos a serlo.