Un estudio pionero de UNICEF España e IE University revela que 7 de cada 10 empresas no integran a la infancia en su estrategia. El vínculo entre empresa e infancia ya no es filantropía: es gestión de riesgos, talento y futuro.
Piensa en el último consejo de administración al que asististe. Se habló de riesgos regulatorios, casi seguro de talento, probablemente de reputación. ¿Se habló en algún momento de infancia? Según el estudio Todas las empresas impactan en la infancia, elaborado por UNICEF España junto al Centro de Innovación Social y Sostenibilidad del IE University, lo más probable es que no: siete de cada diez compañías españolas no tienen en cuenta a los niños, niñas y adolescentes en su modelo de negocio. Y el dato tiene truco, porque el informe no analiza jugueteras ni plataformas de videojuegos, sino 75 empresas de diez sectores clave de la economía nacional, desde la energía hasta los servicios financieros.
Como sostiene el informe, aunque una compañía nunca se haya dirigido a la infancia, sus decisiones ya le están llegando. La diferencia entre unas organizaciones y otras está en si lo gestionan o lo ignoran.
De hecho, los números dibujan una asimetría que cualquier directivo reconocerá. Las empresas puntúan mejor al integrar la infancia en sus políticas y sistemas de gestión (0,92 sobre 2 en el indicador de debida diligencia) que al aplicar medidas concretas ligadas a su actividad real (0,57 sobre 2). El papel va por delante de la práctica. Llama la atención, además, que los sectores mejor posicionados —energía, consumo y salud— sean precisamente los más regulados o los que mantienen una relación más directa con niños y niñas. Cuando la norma aprieta, la empresa reacciona. Lo interesante es qué hacen los líderes mientras todavía nadie les obliga.
Del riesgo reputacional al riesgo de negocio
Para José María Vera, director ejecutivo de UNICEF España, el reto principal no pasa por crear nuevas estructuras de gestión del impacto, sino por evolucionar las existentes para que integren de forma «explícita, transversal y medible» los derechos de la infancia. En este sentido, Vera lo describe como algo «indispensable para la infancia al tiempo que una oportunidad, especialmente en un contexto de creciente exigencia regulatoria». El aviso a navegantes queda flotando: lo que hoy es voluntario mañana será auditable.
Reducirlo todo a cumplimiento normativo, sin embargo, sería quedarse en la superficie. En el último Summit Canal CEO, Sandra Astete, responsable de Salud Mental de UNICEF España, conectó este asunto directamente con la cuenta de resultados. En España, las bajas laborales de menores de 35 años se han incrementado más de un 300%, y casi la mitad de los padres y madres trabajadores en Europa señala que su principal preocupación es la salud mental de sus hijos. Esa preocupación entra cada mañana por la puerta de la oficina junto a quien la sufre. Cuidar los entornos donde crecen los adolescentes de hoy equivale, literalmente, a proteger la plantilla de dentro de cinco años. Como resumió la propia Astete, no se pueden seguir construyendo empresas sólidas con mimbres inestables.
Lo que ya están haciendo los que van por delante
Algunas compañías han decidido no esperar a la regulación. Cristina Gomis, directora de Responsabilidad Corporativa de Zurich Seguros, explicaba en ese mismo Summit cómo su organización ha convertido la salud mental infanto-juvenil en pilar estratégico, con una alianza junto al Hospital Sant Joan de Déu que ha llegado ya a 500 centros educativos en toda España. Y lo hizo sin triunfalismo: para Gomis, que tan pocas organizaciones inviertan en serio en este terreno dice más del sistema que de quienes destacan en él.
Para el resto, el estudio ofrece un punto de partida asumible. Propone empezar por reconocer a la infancia como grupo de interés y adoptar políticas responsables de comunicación, aunque se atreve con algo bastante más audaz: incorporar la participación significativa de niños y adolescentes en la toma de decisiones empresariales. Nada de esto exige refundar la compañía. Exige ampliar la mirada de quien decide.
Al final, hablamos de gobernanza con memoria larga. Quienes hoy tienen doce años serán la plantilla y el mercado de cualquier empresa dentro de una década, y llegarán sabiendo perfectamente qué compañías los tuvieron en cuenta cuando nadie las miraba. Ese día, la matriz de materialidad se habrá corregido sola. La ventaja será de quienes no esperaron a que lo hiciera.






