Cuatro de cada diez adolescentes en España creen haber tenido un problema de salud mental en el último año. Sandra Astete, de UNICEF España, y Cristina Gomis, de Zurich Seguros, llevan ese dato a los comités de dirección.
En el IX Summit Canal CEO, Sandra Astete, Responsable de Salud Mental de UNICEF España, dibujó en datos uno de los retos más acuciantes de nuestro país. Cuatro de cada diez adolescentes en España creen haber tenido un problema de salud mental en el último año. Uno de cada siete jóvenes de entre 10 y 19 años vive con un trastorno mental diagnosticado. El suicidio es la tercera causa de muerte entre los 15 y los 29 años en el mundo. Y lo más revelador no es el dato en sí: es que uno de cada tres de esos cuatro adolescentes no lo habló con nadie. “Ese silencio para nosotras es una alarma del sistema”, dijo Astete. “Algo que no estamos haciendo bien.”
¿Dónde termina la gestión de talento en una empresa? ¿Dónde empieza el liderazgo del futuro?
Ante esta cuestión, Sandra Astete, de UNICEF España, y Cristina Gomis, de Zurich Seguros, llevan los datos a los comités de dirección y al IX Summit Canal CEO.
El riesgo silencioso que ya llegó a las empresas
La cuestión no es si las empresas tienen responsabilidad en la salud mental de los jóvenes. Es, para Sandra Astete, otra: “La pregunta es qué tipo de liderazgo y qué decisiones estratégicas voy a tomar ante una realidad que es objetiva.” El argumento es tan sencillo como contundente: en España, las bajas laborales de menores de 35 años se han incrementado en más de un 300%. El grupo de 16 a 29 años, que representa el 16% de la fuerza laboral, concentra ya el 26% de las bajas. Más del 63% de los trabajadores europeos señala haber tenido síntomas de estrés crónico. Y seis de cada diez personas que planean dejar su empleo lo hacen por motivos de salud mental.
En este sentido, Astete identificó tres vías por las que esa crisis entra en las organizaciones.
La primera es directa: una fuerza laboral joven que llega con más agotamiento, más rotación y menos capacidad de sostener la presión.
La segunda es menos visible pero igual de real: casi la mitad de los padres trabajadores en Europa señala que su principal preocupación es la salud mental de sus hijos. Y esa preocupación no se queda en casa. “Te rompes un brazo y sabes a dónde tienes que ir. Pero cuando tu adolescente, que en todas sus fotos de redes sociales sale feliz, te dice que está bien y no está bien, eso no lo dejas en la puerta de la oficina.”
La tercera vía es estratégica: si una generación llega habiendo normalizado el malestar emocional y el silencio, eso es exactamente lo que traerá a las organizaciones.

De la sensibilización a la acción: la Alianza NTP Coméntalo
Para dar respuesta a ese diagnóstico nació la Alianza NTP Coméntalo, impulsada por UNICEF España junto a Zurich Seguros, Sanitas y otras entidades sociales, con el respaldo de dos ministerios y comunidades autónomas. El objetivo es reducir en un 10% para 2028 el porcentaje de adolescentes en riesgo de sufrir problemas de salud mental en España. No es un programa de sensibilización: es una arquitectura de intervención que trabaja en los colegios, en las familias, en los centros sanitarios y, cada vez más, dentro de las empresas.
Cristina Gomis, Directora de Responsabilidad Corporativa de Zurich Seguros, explicó por qué una aseguradora global decidió convertir esto en un pilar estratégico y no en un proyecto de RSC con fecha de caducidad. La Fundación Zurich opera en 29 países con 31 programas de salud mental y es, según la consultora Prospira Global, la cuarta organización filantrópica del mundo en inversión en esta área. Gomis lo anunció sin triunfalismo: “Me gustaría que fuéramos la diez mil. El problema es que somos la cuarta.” Dicho de otra manera: que haya tan pocas organizaciones invirtiendo en serio en salud mental no es un mérito de las que lo hacen. Es un síntoma del sistema.
En España, su alianza con el Hospital Sant Joan de Déu —un referencial hospital infanto-juvenil que decidió salir de sus paredes e ir a los colegios antes de que los casos llegaran a urgencias— ha alcanzado ya 500 centros educativos en toda España y más de medio millón de personas entre alumnos, profesores y familias. “Esto no es de hoy a mañana”, advirtió Gomis. “Los temas de salud mental son muy profundos. No es una apendicitis.”
Cuidar a quienes cuidan: la palanca más rentable
De todo lo que se dijo en esta conversación, quizá lo más inesperado fue también lo más práctico. Astete conectó directamente el bienestar emocional de un trabajador o trabajadora en el entorno laboral con la salud mental de sus hijos en casa. “Si una empresa quiere dar un paso hacia adelante en salud mental juvenil, tiene herramientas para cuidar a los cuidadores: los padres y madres que trabajan en ella. No requiere mucha inversión económica, pero es un antes y un después, porque estás haciendo prevención en origen.”

La conciliación real, la flexibilidad genuina, los entornos emocionalmente seguros: no son beneficios sociales. Son prevención de salud mental infanto-juvenil con retorno medible.
Para Gomis, la tercera palanca de acción es la que las empresas menos han explorado todavía: repensar qué impacto tienen sus propios productos, servicios y comunicación sobre los adolescentes. “¿Estamos generando más presión a estos jóvenes o estamos aliviando la presión?” La pregunta no tiene una respuesta evidente. Pero hacérsela, dijo, ya es parte de liderar con responsabilidad.
Lo que la generación Z ya sabe —y las empresas aún aprenden
Astete cerró con una idea que recorrió toda la jornada desde distintos ángulos: el talento no se juega dentro de las empresas. Se está jugando ahora, en los colegios, en los hogares, en los grupos de WhatsApp de los adolescentes que dentro de cinco o diez años querremos contratar, retener y liderar. “No podemos seguir construyendo empresas sólidas con mimbres muy inestables.”
¿Tiene tu empresa claro qué está haciendo hoy para que ese talento llegue en condiciones de dar lo mejor de sí mismo?
La Alianza NTP Coméntalo no pide un cambio radical en tres meses. Pide algo más difícil y más duradero: incorporar de manera gradual la salud mental como parte de la experiencia laboral, como parte del ADN de la organización.
Las empresas que ya lo han entendido no lo hacen por altruismo. Lo hacen porque fidelizan más talento, innovan más y construyen reputaciones que la generación Z —la más informada y la más exigente de la historia— sabe distinguir de un buen maquillaje corporativo.







