No es el estrés, es el vacío. El State of Work España 2026 revela que la desconexión y la falta de reto disparan el absentismo. El liderazgo empieza antes de la ausencia física.
Por Ignacio Bonasa, miembro de Protagonistas.org | Hay personas que faltan al trabajo sin dejar de acudir. Llegan a su hora. Encienden el ordenador. Responden mensajes. Se sientan en reuniones. Cumplen lo imprescindible. Nadie puede acusarlas de no estar. Y, sin embargo, hace tiempo que se marcharon por dentro.
Ese es uno de los rostros más inquietantes del absentismo: la ausencia emocional que precede a la ausencia física.
El informe State of Work España 2026, elaborado por Dathum a partir de 31.257 personas, 15 sectores y cinco años de datos, obliga a cambiar la mirada. La apatía presenta una vinculación con el absentismo de 63,5 sobre 100, mientras que la relación con el estrés resulta prácticamente inexistente. Además, la llamada «zona de vacío», asociada al aburrimiento, la falta de reto y la desconexión, multiplica por 17,8 el absentismo respecto a un entorno laboral óptimo.
No podemos trivializar el absentismo injustificado ni convertir cada ausencia en responsabilidad de la empresa. Las personas también debemos responder de nuestras decisiones. Pero una organización madura no se limita a señalar la conducta: intenta comprender qué la está alimentando.

Protagonistas es una comunidad de profesionales con dilatadas trayectorias que se esfuerzan a diario para lograr la excelencia, con valores y un liderazgo humanista.
Porque, a veces, el trabajador no falta para escapar del trabajo. Falta porque el trabajo dejó de significar algo para él
Nos hemos acostumbrado a pensar que el gran enemigo es la sobrecarga. Sin embargo, existe otro agotamiento menos visible: el de quien ya no encuentra un motivo para dar lo mejor de sí. No duele por exceso, sino por vacío. No provoca siempre una queja, una discusión o una dimisión. Se instala lentamente hasta convertir el lunes en una condena y la jornada en una sucesión de horas que hay que sobrevivir.
La desmotivación rara vez irrumpe de repente. Empieza con una idea que no se escucha, una promesa que se aplaza, un esfuerzo que nadie reconoce. Después llega el silencio. Y cuando una persona deja de esperar algo de su organización, comienza también a retirarle lo mejor de sí misma.
Lo más preocupante es que el mayor deterioro aparece entre los 35 y los 44 años. No hablamos de personas que acaban de llegar al mercado laboral. Hablamos del corazón operativo de muchas compañías: profesionales con experiencia, responsabilidades, familias, conocimientos acumulados y años de esfuerzo. Personas que suelen sostener equipos y proyectos, pero que no siempre se sienten sostenidas por ellos.
Quizá llevan demasiado tiempo siendo fiables para todos y relevantes para nadie
Ahí comienza la desconexión. Cuando el esfuerzo se vuelve invisible. Cuando las ideas dejan de ser escuchadas. Cuando el trabajo se reduce a una lista de tareas. Cuando el salario es lo único que queda para justificar la permanencia. El sueldo es imprescindible y debe ser justo, pero no puede sustituir al reconocimiento, al aprendizaje, a la autonomía ni al propósito.
Las personas no necesitan que la empresa las entretenga. Necesitan sentir que cuentan.
Quieren saber que su aportación modifica algo, que todavía pueden crecer y que no son una pieza intercambiable en una estructura indiferente. Quieren líderes que no solo pregunten qué han hecho, sino también cómo están; que no confundan exigencia con frialdad ni resultados con deshumanización.
El absentismo no se resolverá únicamente con controles más estrictos, partes, sanciones o indicadores. Todo eso puede ser necesario, pero llega tarde si antes no hemos detectado el abandono interior. Hay que intervenir cuando alguien deja de proponer, de aprender, de entusiasmarse o de reconocerse en lo que hace.
El verdadero liderazgo empieza ahí: antes de que quede una silla vacía
Liderar es crear condiciones para que una persona quiera estar, contribuir y crecer. Es recuperar el Aprendizaje que despierta, la Actitud que responsabiliza, el Alma que conecta y la Acción que transforma. No se trata de construir organizaciones blandas, sino organizaciones con alma: humanas sin dejar de ser exigentes y exigentes sin dejar de ser humanas.
Tal vez debamos dejar de preguntar solamente: «¿Por qué falta la gente?».
Y atrevernos a formular una pregunta más incómoda: «¿Qué está faltando en nuestra organización para que alguien haya dejado de querer estar?».
La respuesta no exime a nadie de su responsabilidad. Pero puede ayudarnos a reconstruir aquello que los controles no consiguen fabricar: confianza, pertenencia, ilusión y compromiso.
Porque cuando una persona vuelve a sentirse vista, útil y necesaria, no solo regresa a su puesto. Regresa a sí misma.
Datos de referencia: Dathum, State of Work España 2026 (31.257 personas, 15 sectores y cinco años de análisis).
Ignacio Bonasa
Ignacio Bonasa ha dedicado su vida profesional a liderar con propósito, transformar desde el alma y humanizar el desarrollo personal y organizacional. Tras una sólida trayectoria en el mundo financiero, fundó Liderarte, una plataforma pionera que fusiona arte, emoción y liderazgo.







