El ambiente térmico es uno de los riesgos laborales que las empresas deben tener en cuenta, tanto en situaciones de calor como de frío. El peligro se produce cuando las condiciones ambientales y de trabajo dificultan que el organismo mantenga su temperatura corporal dentro de los límites adecuados. Sus consecuencias pueden ir desde el malestar y la pérdida de capacidad para trabajar hasta problemas de salud graves.
Aunque la exposición térmica al calor suele asociarse a sectores como la construcción o el agrario, y al frío a quienes trabajan en ambientes con bajas temperaturas, como las cámaras de congelación. En ambos casos, las condiciones ambientales, el esfuerzo físico y la ropa de trabajo influyen en la exposición.
Un ambiente térmico inadecuado puede producir estrés térmico. Puede afectar a los trabajadores en espacios interiores que no están climatizados adecuadamente, especialmente cuando las condiciones dificultan la disipación del calor y mantener el confort térmico.
¿Qué provoca el estrés térmico y cuáles son sus consecuencias?
El estrés térmico no depende únicamente de la temperatura ambiental. En los ambientes calurosos, influyen factores como la temperatura del aire, la humedad, la radiación térmica, el esfuerzo físico y el uso de prendas o equipos de protección que dificultan la disipación del calor.
El organismo mantiene su temperatura corporal interna en torno a los 37ºC y utiliza mecanismos como la sudoración para liberar el calor sobrante. Cuando las condiciones de trabajo dificultan este proceso, aparece el disconfort térmico. Si el cuerpo no consigue disipar todo el calor acumulado, puede producir estrés térmico.
Las consecuencias son diferentes para cada persona, pueden ir desde el sarpullido y el agotamiento hasta el golpe de calor. En el caso del golpe de calor, el organismo deja de ser capaz de controlar su temperatura, que puede alcanzar rápidamente los 40,6ºC. Entre sus síntomas aparecen el enrojecimiento, el pulso rápido y la pérdida de conciencia.
En los ambientes fríos, el organismo pierde calor y debe mantener su temperatura interna. La exposición puede provocar un enfriamiento general del cuerpo, por lo que resulta fundamental utilizar ropa de protección adecuada y limitar el tiempo de permanencia en estas condiciones.
Un plan de acción para prevenir
El INSST (Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo) defiende que el calor y el frío deben formar parte de la prevención de riesgos laborales. Las empresas en las que pueda haber puestos con exposición térmica, deben elaborar, con participación de los trabajadores, un plan especial para aplicar durante estos episodios.
Tal y como indica el INSST, la evaluación del riesgo térmico varía en función de si la exposición se produce en ambientes calurosos o fríos. En condiciones de calor, el índice WBGT, recogido en la norma UNE-EN 27243, permite realizar una primera valoración rápida y sencilla para determinar si existe riesgo. Sin embargo, este método permite detectar la existencia de riesgo, pero no identificar con detalle cuáles son las variables que lo están provocando.
Para profundizar en esa evaluación se utiliza la UNE-EN ISO 7933, que establece un método para calcular la sobrecarga térmica estimada. Esta metodología permite analizar las condiciones que pueden estar contribuyendo al estrés térmico y determinar qué factores deben corregirse.
En ambientes fríos se emplea el índice IREQ, recogido en la norma UNE-ENV ISO 11079. En este caso, el método permite calcular el aislamiento térmico necesario de la vestimenta para evitar una pérdida excesiva de calor y prevenir el enfriamiento general del organismo.
Medidas preventivas
La primera medida preventiva pasa por adecuar los sistemas de climatización para garantizar unas condiciones ambientales adecuadas en los lugares de trabajo. El Real Decreto 486/1997, de 14 de abril, establece las disposiciones mínimas de seguridad y salud aplicables a estos espacios. En aquellos lugares donde las condiciones de temperatura y humedad se alejen de las consideradas confortables, también puede ser necesario mejorar el aislamiento térmico de los locales.
Cuando se trabaja en ambientes muy calurosos, las medidas deben actuar, en primer lugar, sobre el origen del calor, por ejemplo mediante el apantallamiento de las fuentes. También pueden aplicarse medidas sobre el medio de transmisión, como el control de la ventilación general o localizada. A esto se suman medidas organizativas, como limitar los tiempos de exposición y establecer periodos de recuperación, así como reducir, siempre que sea posible, la actividad física durante la exposición a temperaturas elevadas.
En los ambientes fríos, la prevención se centra principalmente en utilizar ropa de protección adecuada, evitar las tareas sedentarias y limitar el tiempo de exposición. El Real Decreto 1561/1995, de 21 de septiembre, sobre jornadas especiales de trabajo, establece medidas específicas sobre los tiempos de trabajo en cámaras de refrigeración y congelación.
Para los departamentos de RR.HH. la gestión del calor implica así algo más que reaccionar ante una jornada especialmente calurosa: requiere identificar los puestos expuestos, valorar el nivel de peligrosidad, adaptar la organización del trabajo, formar a las personas y revisar si las medidas adoptadas están funcionando.







