‘Momento Kodak’ y ruido: sin excusas para decidir en incertidumbre financiera

por | May 1, 2026

Solo el 7% del dinero existe físicamente. El resto, ilusión colectiva. El presidente de la Bolsa de Madrid y el líder del blockchain debatieron en los TARCEOS de Canal CEO qué separa al CEO que decide del que reacciona.

Solo el 7% del dinero que existe en el mundo tiene forma física. El resto son asientos contables. Con ese dato abrió Noemí Boza la segunda mesa del Tarceo celebrado en el Club Financiero Génova de Madrid el pasado 28 de abril, lanzándoselo a dos de los invitados más distintos que pueden sentarse juntos a hablar de economía: David Jiménez Blanco, presidente del Consejo de Administración la Bolsa de Madrid, con una trayectoria construida entre ciclos largos, regulación y la historia como herramienta de análisis; y Jorge Schnura, presidente de Keyrock Asset & Wealth Management, una de las voces más solventes de la nueva economía descentralizada. Dos formas de leer el mercado. Una sola convicción compartida: quien toma decisiones mirando solo lo inmediato, ya ha perdido.

La respuesta de Schnura al dato del 7% fue la más reveladora de la tarde sobre cómo piensa alguien que lleva años trabajando con la infraestructura invisible del dinero. “Al final el dinero es una abstracción de una unidad de valor. Es una manera de transportar en el tiempo un valor creado en un momento para cambiarlo por otra cosa. La tecnología que uses para eso, sean piedras, conchas, metal, papel o un asiento contable en una base de datos centralizada o descentralizada, es un medio para un fin. No cambia el concepto de lo que es el dinero.”

Dicho así, el debate entre economía tradicional y blockchain deja de ser ideológico y se convierte en algo mucho más sencillo: una evolución de soporte. El valor sigue siendo humano. La tecnología, solo el envoltorio.

Ignorar el ruido es criterio

Jiménez Blanco llegó a la mesa con la mirada del historiador que también es. Y desde ahí respondió a la pregunta de qué variables no puede permitirse ignorar un CEO en el momento actual: “Siempre hay ruido y siempre tiene la humanidad la sensación de que es la primera vez que ha habido ruido. Pero ruido ha habido siempre.” Su argumento no era tranquilizador por ingenuo, sino por documentado. Los datos de la Bolsa de Madrid a cien años —incluyendo una guerra civil, la autarquía, las crisis de los 70 y todo lo que se quiera añadir— arrojan una rentabilidad media del 8% anual, por encima de la inflación. En Estados Unidos, el 10%. “Es dificilísimo acertar en bolsa a tres meses. Es facilísimo acertar a 20 años.” La frase no es un consuelo. Es una metodología.

Las dos tendencias que sí merecen atención sostenida, según Jiménez Blanco, no son las que copan los titulares de hoy: son el avance tecnológico como fuerza estructural —más determinante, dijo, que cualquier conflicto geopolítico concreto— y el colapso demográfico que se aproxima a partir de 2070 y que “la mayoría de directivos no tiene en su radar cotidiano.” Cuando la población mundial empiece a decrecer, todo lo que damos por sentado en términos de consumo, talento y modelo de negocio habrá que repensarlo.

El momento Kodak ya no tiene excusa

Schnura añadió una distinción que merece ser guardada. Las disrupciones tecnológicas anteriores pillarían por sorpresa porque los ciclos eran tan largos que pocos podían recordar la última revolución. Ese argumento ya no funciona. “Ya no hay excusa a que tu empresa viva un momento Kodak, porque acabas de ver a otros vivirlo.” Los ciclos se han acortado tanto que la historia reciente está disponible para cualquiera que quiera aprender de ella. Lo que distingue al líder que decide con criterio del que simplemente reacciona no es el acceso a la información —esa ya es igual para todos— sino la disposición a desarrollar convicciones de largo plazo y, sobre todo, a mantenerlas cuando el mercado, durante una temporada, empuja en dirección contraria.

“Ya no hay excusa a que tu empresa viva un momento Kodak, porque acabas de ver a otros vivirlo”, Jorge Schnura

En este sentido, Jiménez Blanco recuperó una historia que vale más que muchos manuales de inversión. Barton Biggs, legendario gestor de Morgan Stanley y seguidor del estilo de Warren Buffett, nunca fichaba gente que hubiera estudiado Business. Prefería historiadores y escritores creativos. “Porque al fin y al cabo invertir consiste en adivinar un poco antes que el resto del mundo hacia dónde va la humanidad. Y hay veces que crees que llevas razón y el mercado no te la da durante mucho tiempo. Ahí es donde la poesía viene muy bien.” Una anécdota pintoresca que refleja qué tipo de inteligencia necesita realmente quien toma decisiones con consecuencias a largo plazo.

Tu tiempo también es parte del portfolio

La conversación derivó hacia algo que raramente se menciona en los foros de inversión: el capital humano como variable de riesgo. Schnura lo planteó con una pregunta que dejó a más de uno recalculando mentalmente: “¿Cuántos de vosotros, cuando habéis diseñado vuestro portfolio, habéis cuantificado realmente el capital humano que tenéis dentro de ese portfolio, qué peso tiene y qué riesgo tiene la actividad de ese capital humano, y habéis ponderado el resto en base a eso?” Si eres directivo del sector inmobiliario y todo tu patrimonio también está en inmobiliario, cualquier crisis sectorial te golpea en dos frentes a la vez. Suena obvio. Y sin embargo, se hace poco.

Para Jiménez Blanco, la conclusión es tan antigua como clara: “Una sociedad que penaliza el éxito, como a veces es la nuestra, y que penaliza también el fracaso, como a veces la nuestra, está condenada a tener una performance mediocre siempre. Las sociedades prósperas son las que fomentan la asunción de riesgos.”

El emprendedor es, en el fondo, un inversor muy concentrado: todo su patrimonio en una apuesta que no sabe si saldrá bien. La diferencia entre él y el inversor diversificado no es el talento. Es el nivel de riesgo asumido conscientemente.

Cuando la mesa terminó, quedaba una imagen en la mente de los asistentes: Colón embarcándose en 1492 sin saber adónde iba. “Mucho más mérito tiene ese viaje que haberle dado la vuelta a la Luna hace unas semanas”, dijo Jiménez Blanco. Quizá porque en 1492 no había datos históricos en los que apoyarse. Hoy sí los hay. La pregunta, entonces, no es si tienes información suficiente para decidir con criterio. Es si te has dado el tiempo de pensar con ella.

Elena Carrascosa Vela
Elena Carrascosa Vela

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