Miopía existencial

por | Feb 16, 2026

Por Lourdes Perez-Sierra | Vivimos hiperconectados, pero cada vez más desconectados de nosotros y de los demás. La tecnología acelera la vida y alimenta una peligrosa miopía existencial.



Protagonistas es una comunidad de profesionales con dilatadas trayectorias que se esfuerzan a diario para lograr la excelencia, con valores y un liderazgo humanista.


Actualmente nos debatimos en una tremenda contradicción. Los imparables avances digitales que contemplamos y aceptamos sin opción a réplica, nos hacen creer que estamos en un mundo hiperconectado, inmediato y facilitador de las relaciones, cuando en realidad este tipo de ventajas, que lo son sin duda para determinados campos, nos empujan a desconectarnos del contacto físico y real con otras personas, aislándonos en un mar de redes ¿llamadas sociales? y ahora IAs, que nacen con la promesa de satisfacer todas nuestras necesidades, hasta las de acompañamiento y amistad.

Seamos sinceros, la virtualización y el uso de los dispositivos móviles, se ha convertido en una buena forma, bastante económica, de aislar y adocenar a la población, dirigirla hacia objetivos de consumo e incluso políticos de forma manipulada, instalándonos en el miedo, activando nuestros instintos más básicos de supervivencia, ataque y defensa, que necesitan ser saciados con rapidez, y que se retroalimentan  al recibir constantemente  las últimas novedades sobre los temas que nombramos o buscamos, y que son captados sin piedad por las grabadoras de nuestros teléfonos.

Las colas que hacíamos hace décadas para sacar entradas de cine, comprar una hamburguesa o matricularnos en un curso, han pasado a la historia y se han convertido por suerte en un clic. ¡Los avances tecnológicos han hecho posible que nuestros deseos parezcan estar disponibles a golpe de clics!, y esto, que facilita evidentemente muchos procesos, nos está provocando como sociedad lo que podemos llamar miopía existencial, una increíble borrachera de dopamina que causa gran dificultad o imposibilidad para poder esperar, impulsividad, ansiedad descontrolada, y sobre todo (con el entrenamiento inconsciente que hacemos de este cortoplacismo), nos impide ver de lejos, tomar distancia, orientar nuestras acciones a medio y largo plazo de forma estratégica, con un plan de acción que pueda conducirnos hacia un propósito definido que dote a nuestra vida de sentido y dirección.

Un futuro borroso

El futuro se ve muy borroso, y esta evidencia, que puede parecer solo visual, nos hace creer que nuestra mente es como un ordenador de alta capacidad y velocidad, lleno de carpetas intercambiables, donde pensamos que podemos almacenar y gestionar de forma ilimitada todo lo que nos llega, solo con el uso de nuestra poderosa mente. Sin embargo, este olvido del cuerpo con sus emociones y la sobrecarga mental, va provocando en nosotros un aumento acelerado de esta dificultad para ver de lejos, para ser creativos, para orientarnos a logros que solo llegarán con trabajo diario. En definitiva, hemos perdido la perspectiva.

Al trabajo llegamos habiendo amanecido con el despertador del móvil, ¡y después activado las notificaciones inmediatamente en el baño!, buscando muchas veces esa novedad o mala noticia que nos ponga en alerta (¡A ver si ha pasado algo!), y nos impida avanzar en lo que sería realmente nuestro entorno de influencia, donde lo que ocurra dependerá de nuestras decisiones y acciones.

Personas estresadas, autómatas similares a los hombres grises de Momo, víctimas de su propia saturación, han perdido el sentido de su profesión y de sus vidas, no pudiendo ni levantar la cabeza de la mesa de trabajo, de ese pequeño universo donde podemos pasar de la máxima productividad a la desmotivación y de ella al más puro sentimiento de burn out.

Esta pérdida de proyección provoca también lo que conocemos como presentismo laboral, estar sin estar, presentes y ausentes a la vez. Conectados pero desconectados, aceptando las bondades de la no productividad, asumiendo la incapacidad de aportar valor a lo que ha de venir, el no merece la pena… Todo ello acaba causando desmotivación, la falta de un para qué, dando lugar a problemas de salud física y mental, tanto por exceso de trabajo como por falta de responsabilidades.

Un reto vital

Creo sinceramente que nos enfrentamos a un reto vital, a una auténtica pandemia de miopía existencial que viene cargada de cortoplacismo, manipulación, aislamiento colectivo y que, sin duda, está trayendo consigo un tremendo aislamiento social y con él una inevitable sensación de vacío.

Quiero pensar que estamos en un periodo de transición donde lo real, el encuentro entre las personas, la capacidad para mirar hacia dentro, al otro y a lo lejos, acabará por sobreponerse a lo artificial y lo colocará en el lugar necesario, no más allá, como herramienta y no como finalidad. 

Es el momento de la altura de miras, levantar los ojos de la distancia corta y atisbar el horizonte, y, sobre todo, mirar hacia arriba, buscando con asombro las respuestas a esas preguntas únicas, sempiternas y universales que han dado forma a lo largo de la historia a nuestra razón de ser, a nuestra búsqueda de sentido.

Lourdes Perez-Sierra

Lourdes Pérez-Sierra es experta en gestión cultural, liderazgo y coaching ejecutivo, con más de 2.500 horas de experiencia. Pianista y gestora cultural, ha dirigido instituciones como la Residencia de Estudiantes y Operastudio de la Universidad de Alcalá. Fundadora de Arts for Leadership, integra las artes en el desarrollo del liderazgo. Ha formado a emprendedores y liderado proyectos de empoderamiento femenino. Coach certificada, destaca por su visión transformadora y su capacidad
para potenciar talento y belleza en personas y organizaciones.

CanalCeo
CanalCeo

Próximos eventos

Te puede interesar