Así fue la primera experiencia premium de liderazgo de Canal CEO junto a Stunt. El encuentro tuvo lugar en el flagship de Flor de Caña en Claudio Coello, con Juan José Muriel, CEO de Vivofácil, como invitado especial de la sesión.
El jueves 24 de septiembre, mientras Madrid apuraba las últimas horas de la tarde, reunimos a diez altos directivos para reflexionar sobre el tiempo y el liderazgo. Rodeados de barricas de roble, nos preguntamos qué estamos dejando envejecer en sus organizaciones y qué están sirviendo antes de tiempo. El escenario fue la casa de Flor de Caña en el número 19 de la calle Claudio Coello, en pleno barrio de Salamanca. Y la excusa, tan sensorial como intelectual, era un ron nicaragüense que lleva más de un siglo aprendiendo a esperar.
Así se desarrolló la primera experiencia premium de liderazgo de Canal CEO, concebida junto a Stunt. La empresa de outsourcing hizo posible cada detalle de la velada y abrió las puertas del espacio que la marca de ron tiene en Madrid. La idea de partida fue el criterio de un líder —su coherencia, su manera de decidir, su forma de cuidar— no se fabrica deprisa. Se añeja, igual que el ron que espera años en roble, y como él obedece a una ley sin atajos: sin tiempo, no hay sabor.
La parte de los ángeles
Condujo la tarde Noemí Boza, socia directora de Más Cuota y editora de Canal CEO, que abrió con una imagen que los maestros roneros conocen bien. Mientras el ron duerme en la barrica, una parte se evapora año tras año a través de la madera y nunca vuelve; en el oficio lo llaman la parte de los ángeles. Nadie protesta por esa pérdida, porque es exactamente el precio de lo que queda: un destilado más denso, más complejo, con notas de vainilla y cacao. Lo que se entrega al tiempo es lo que da carácter a lo que permanece. La traslación al liderazgo se ofrecía sola: ¿qué estamos dispuestos a dejar evaporar para que lo esencial gane cuerpo?
El recorrido inmersivo por la historia de Flor de Caña, de la mano de Noelia Rey Medina, Brand Ambassador de Stunt para la marca. La casa nació de una decisión de arraigo. Francisco Alfredo Pellas llegó a Nicaragua desde Génova en 1875 para ocuparse del negocio naviero familiar. Quince años después, en 1890, empezaba a destilarse el ron. Más de 135 años y cinco generaciones más tarde, la compañía destila con energía cien por cien renovable a los pies de un volcán activo y luce como el primer destilado del mundo certificado Carbono Neutral y Fair Trade. Entre estación y estación, los asistentes recorrieron la bodega de añejamiento, compararon tres añadas distintas y terminaron diseñando y llevándose su propia botella personalizada, con su etiqueta y su grabado.
Bienestar de crianza
El momento de mayor calado llegó con la entrevista a Juan José Muriel, CEO de Vivofácil y Premio DUX al Bienestar, una compañía que lleva más de un cuarto de siglo cuidando a personas y que ha dado un giro poco común: sacar el bienestar del cajón de Recursos Humanos y sentarlo en la mesa de la estrategia. Preguntado por cómo distingue un directivo si su cultura está envejeciendo bien —esa cultura que, como el ron en la barrica, parece evaporarse pero luego revela su valor—, Muriel fue rotundo y concreto. "El indicador para mí más importante, y lo pregunto siempre, es cuánta gente ha ascendido los últimos dos años y tiene un plan de carrera profesional a tres años", explicó. "Es mucho más barato a corto plazo fichar fuera, pero si tú quieres saber que a largo plazo se penaliza mucho". Cuando quieres que las personas creen cultura, desarrollen y avancen, defendió, necesitas una política interna donde sean ellas quienes transformen y lideren la empresa. Su segundo indicador apuntaba en la misma dirección: vigilar la rotación de los perfiles que suman, que innovan, que aportan.
Interrogado sobre qué cualidades debe cultivar hoy un líder en el interior y cuáles proyectar hacia fuera, Muriel resolvió con una sola palabra para lo esencial —"humildad, porque esto va muy rápido"— y una exigencia para lo visible: "que todo el mundo sepa que lo que dices lo vas a cumplir". Coherencia, en definitiva, entre lo que se promete y lo que se cumple. Boza lo recogió con una frase que resumía el espíritu de la jornada: el bienestar se cría, como un buen añejo.

Lo que no se ve, pero acaba llegando a la copa
Si algo unió las intervenciones fue la reivindicación de lo invisible: aquello que no aparece en el cuadro de mando pero termina, inevitablemente, notándose en el resultado. Esa idea encontró su ejemplo más elocuente en la dinámica de cierre, cuando Boza lanzó al grupo la pregunta sobre el legado: qué permanecerá en vuestra empresa cuyos frutos quizá no lleguéis a ver. Fue entonces cuando uno de los participantes de esta experiencia, Domingo Guillén, director general de Fnac, habló de Menos Smart. Una iniciativa con la que la compañía ha abierto el debate social sobre la gestión del acceso de los jóvenes a la tecnología y el equilibrio entre la vida digital y la presencial.
El propio Guillén ha protagonizado el spot central de esa campaña, El Contrato. En ella, un padre —interpretado por él mismo— pacta con su hija el uso del primer móvil a cambio de que la pantalla no la aleje de sus pasiones. "No se trata de estar en contra de la tecnología, sino de encontrar juntos la manera de que sume sin restar, de que conecte sin aislarnos de lo que más importa: la vida, la cultura y las personas que tenemos al lado", ha explicado el directivo. Un legado, en efecto, cuyos frutos maduran despacio y en buena medida fuera del alcance de quien los siembra, que es precisamente la definición de sembrar bien.
Terminó la tarde como había empezado, con los ángeles cobrándose en silencio su parte y cada asistente con una botella en la mano que llevaba su propia palabra grabada. Entre una cosa y otra habían pasado cinco estaciones, más de 135 años de historia y tres ideas que Boza dejó para el camino: que el tiempo no es un coste, sino un ingrediente; que lo que no se ve siempre acaba llegando a la copa; y que las primeras impresiones importan, claro que importan, pero es lo que hay dentro lo que hace que alguien quiera repetir. La conversación, como el buen ron, promete durar bastante más que el sabor.





















