Por Roberto Otamendi | Hace pocos días se preguntaba Noemí Boza y Canal CEO: ¿Está todo dicho sobre liderazgo femenino? Está claro que no está todo dicho, y está igualmente claro que aún queda mucho camino por recorrer. Un dato lo atestigua: solo 6 de cada 100 CEOs o directores generales en nuestro país son mujeres.
Hoy quiero comentar sobre liderar en femenino, por un hombre. No quiero centrar el tema entre hombres y mujeres, no es eso. Pero quizás ayude decir un par de cosas sobre la experiencia del liderazgo femenino cuando el líder es un hombre.
Alfas & Omegas
En los últimos años sí hemos avanzado en concienciarnos sobre la necesidad de incorporar atributos femeninos al estilo de liderazgo. Lo explican muy bien Mercè Brey y Victoria Yasinetskaya en su libro “Alfas & Omegas: el poder de lo femenino en las organizaciones”, publicado en 2019. Un liderazgo Alfa destaca por atributos como la fuerza, decisión, firmeza, valentía, osadía, analítica, lógica y racionalidad. Elementos vinculados a lo masculino. Por su parte, un liderazgo Omega destaca por la empatía, la flexibilidad, la comunicación, el consenso, la colaboración, la intuición, la generosidad y la emocionalidad. Esto es, elementos vinculados a lo femenino.
Por supuesto, ambos tipos de atributos son necesarios para el buen desempeño de cualquier líder. Y por supuesto, ambos tipos de atributos podemos observarlos en hombres y en mujeres, y viceversa. Un gran líder integrará tanto los elementos Alfa como los Omega. En el libro lo denominan MOMA: moderado omega, moderado alfa. Un punto medio que integra ambos. Ya desde la Grecia clásica Aristóteles nos enseñó que “la virtud se encuentra en el término medio”. En caso contrario, si nos movemos en la polaridad, en el blanco o negro, en los extremos, tendremos una situación viciada, tanto por defecto como por exceso.
Por tanto, lo adecuado es saber manejarse con ambos tipos de atributos, incorporando en cada ocasión los elementos que requiera la situación. Por ejemplo, unas veces la racionalidad y otras la emocionalidad.
También los hombres lideran en femenino
En mi caso, a lo largo de mi experiencia profesional y de mi aprendizaje vital, he desarrollado tanto cualidades alfa como omega. Elementos de un estilo de liderazgo masculino y también elementos de un estilo de liderazgo femenino. Unas cualidades han sido más innatas en mí y otras las he aprendido y practicado activamente para asumirlas y usarlas con facilidad. Todas ellas necesarias como herramientas para ser un buen líder.
Probablemente en mis comienzos como auditor y luego como director financiero, lo de liderar en femenino no lo practiqué mucho. Supongo que aún no era ni consciente de las ventajas que esos elementos omega me proporcionarían. Además, también era muy limitante el contexto empresarial de los años 90 y primeros años del nuevo milenio. Después, esos límites fueron cambiando a mi alrededor y también mi propia madurez personal y profesional evolucionó, así que me resultó más sencillo liderar en femenino. Con mucha empatía, flexibilidad, consenso, confianza, colaboración, etc. Algo que era natural en mí y, sin embargo, no era habitual en los departamentos financieros de las empresas. Así que era visto como un financiero atípico. Y a la vez, exitoso. Porque también mantenía la parte analítica, lógica, racional, decidida, etc. Pero esta faceta no destacaba tanto, ya que era la habitual de un financiero. Además, diría que era la habitual de un directivo.
Así que desde fuera se ponía más foco en mi forma de liderar en femenino. Foco y también etiqueta. Una etiqueta que en ocasiones venía acompañada de prejuicios relacionados con debilidad y blandura, especialmente por parte de otros directivos hombres. Ya sabemos que los hombres también lloramos (hemos aprendido desde que en los 80 la banda The Cure cantara “Boys don’t cry”). Y ahora vamos aceptando que los hombres podemos liderar en femenino. Pero lo digo así, en gerundio, “vamos aceptando”. Porque queda mucho camino por recorrer. Por una parte, para incorporar elementos omega a nuestra caja de herramientas del liderazgo. Y, por otra parte, para aceptar que estos elementos, que liderar en femenino, representa una necesidad, una ventaja y una oportunidad, y no una debilidad. Incluso si es un hombre el que lidera así.

Roberto Otamendi, autor del Club de los directivos inquietos
La virtud está en el equilibrio
He vivido muchas experiencias donde las cualidades femeninas de mi manera de liderar han sido realmente la clave para el buen fin del proyecto o de la situación empresarial en la que me encontraba. Por ejemplo, para cohesionar un equipo que estaba absolutamente roto porque habían padecido un liderazgo cruel y deshumanizador. En aquel caso, la empatía y el cuidado a las personas, así como la confianza y flexibilidad en su actividad, fueron clave para recomponer al equipo.
Igualmente, también han sido muchas las ocasiones en las que las cualidades masculinas han sido las adecuadas. Recuerdo especialmente las situaciones vinculadas al desarrollo de los negocios, donde el foco en los resultados, la capacidad de decisión, la firmeza y la valentía eran necesarias.
Sin embargo, la etiqueta ha sido la prácticamente única: liderar en femenino. Las etiquetas se usan en gran medida para marcar la diferencia. Como direcitivo hombre, como si fuera una marca de nacimiento, se ha dado por hecho que mi estilo de liderazgo debía ser eminentemente masculino. Y lo fue durante mucho tiempo, cierto. Pero llegó el momento en el que también empecé a aplicar los elementos femeninos. Y entonces llega la etiqueta: Roberto lidera en femenino.
Tristemente, sigue siendo poco habitual que los hombres lideremos también en femenino. Por eso llegan las etiquetas. Y las etiquetas son limitadas porque no alcanzan a expresarlo todo, solo la parte que el etiquetador quiere destacar. En ocasiones la etiqueta me ha pesado como una pesada carga de incomprensión. Ahora es una carga ligera, no pesa. Porque la imagino más bien como una medalla por saber liderar en femenino, medalla que llevo junto a la marca de nacimiento que tengo como hombre que sabe liderar en masculino.
Roberto Otamendi | Asesor de CEOs y Comités de Dirección en el diseño y ejecución de su agenda estratégica. Integrando negocio y personas. Experto en estrategia, gestión y desarrollo de empresas, con tres décadas de experiencia a nivel corporativo e internacional. Autor del libro “El Club de los Directivos Inquietos”.
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