Ideas revolucionarias que nacieron en una servilleta

Las servilletas de los bares se han convertido a lo largo de la historia en un excelente lienzo para nuevos negocios. El emprendimiento y las cervezas maridan muy bien. Contratos “galácticos”, ideas merecedoras de un Nobel, negocios multimillonarios o diseños revolucionarios… vamos a hacer un repaso a las servilletas que acogieron los bocetos más sorprendentes de las últimas décadas: ideas revolucionarias en los sectores de automoción, salud, tecnología…

De hecho, cómo plasmar ideas en estos pequeños pedazos de papel se ha terminado estudiando en las escuelas de negocios más prestigiosas; se dan seminarios con esta temática e incluso se han escrito libros al respecto, como el famoso “Tu mundo en una servilleta”, de Dan Roam, uno de los mejores libros sobre empresas según la revista económica ‘Fast Company’.

Bajo un ambiente distendido, surge una gran capacidad de síntesis y una exposición clara y amena. Sin el bloqueo por la temida hoja en blanco, sin sesudos estudios DAFO o reuniones de trabajo que se quedan encasilladas en detalles insignificantes, las ideas fluyen más desinhibidas.  Además, el gasto es mínimo: un par de cervezas o unos cafés.

La servilleta se haya convertido en una herramienta empresarial y un bar o una cafetería es el mejor escenario para que se cumpla esa famosa frase del economista estadounidense Henry George:

“Toda idea nueva pasa inevitablemente por tres fases: primero es ridícula, después es peligrosa y, después, todos lo sabían”

El mundo tecnológico no pudo con una simple servilleta

Comenzamos con tres ideas revolucionarias que transformaron sus sectores a través de una servilleta.

En 1995, Jeff Bezos plasmó en una servilleta qué sería Amazon, el e-commerce más importante e influyente del mundo. También su desarrollo fue muy modesto: arrancó en un garaje de Seattle vendiendo libros por Internet con un capital inicial de apenas 10.000 dólares. Algo parecido le ocurrió a Rod Canion, un prestigioso ingeniero eléctrico: en una servilleta de un bar plasmó el primer boceto de un ordenador portátil, un dibujo que luego dio lugar al Compaq Portable en 1983.

Incluso el que fuera el segundo coche más influyente del siglo XX, el Mini, fue dibujado por Alec Issigonis en la servilleta de un bar. En ese pequeño espacio de papel se recogieron tres ideas revolucionarias: se colocaba el motor delante (de manera transversal), se ponía las ruedas en cada extremo del coche (como si fuera un kart) y se apostaba por un diseño minimalista.

Primer boceto de un Mini a cargo de Alec Issigonis

Incluso debemos a ese pequeño accesorio de hostelería la implementación de la resonancia magnética en el campo de la medicina. Los sesudos experimentos de laboratorio llegaron después, pero antes se plasmó la revolucionaria idea en una servilleta de papel. Paul C. Lauterbur esquematizó cómo las señales del magnetismo nuclear podrían usarse para construir una imagen. El descubrimiento, que fue premiado con el Nobel de Medicina en 2003, ayudó al diagnóstico y curación precoz de muchas enfermedades.

No es una hoja en blanco, es una servilleta

Se denomina “síndrome de la hoja en blanco” al bloqueo y la ansiedad que pueden sufrir los creadores antes de plasmar sus ideas. Escribir una primera palabra en un documento es un acto lleno de solemnidad, pero, si el autor está simplemente dibujando en una servilleta de papel, la presión desaparece. Así ocurrió con J.K. Rowling mientras se tomaba un café esperando un tren: ahí nació la exitosa saga de Harry Potter. También Stephen King sembró su escalofriante “Misery” en una mesa de un bar.

No solo los novelistas cambian sus blocs por servilletas: los creadores de Pixar usaron estos pedazos de papel para crear personajes tan famosos como Nemo o Wall-e. Nada de programas avanzados de diseño o estudios de mercado: hay una leyenda urbana que asegura que los Simpson son amarillos porque ese era el color de las servilletas del bar donde los dibujó por primera vez Matt Groening.

Incluso podríamos decir que toda una nación como Estados Unidos tienen sus cimientos en una simple servilleta de papel. Se cree que Lincoln escribió el denominado discurso de Gettysburg en una de ellas. Es increíble que se haya plasmado en este formato cimientos de la democracia como este: “Que este país, bajo Dios, pueda tener un nacimiento en libertad, y que el Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no desaparecerá de la Tierra”.

Servilleta que fue base del contrato entre Leo Messi y el FC Barcelona en el año 2000

Este pequeño papel tiene el valor de un contrato

También muchas reuniones informales han terminado improvisando un contrato en una pequeña servilleta de papel. ¡Y totalmente vinculante! Calatrava esbozó el proyecto de la Ciudad de las Artes y las Ciencias para que el entonces presidente de la Comunitat Valenciana, Francisco Camps.  Según nos contaron a Canal Ceo, los hermanos Baviera idearon su clínica familiar también así.

Incluso se han cerrado contratos multimillonarios con una propuesta entre platos, tazas y copas. Los aficionados al fútbol aseguran que Florentino Pérez pudo fichar a Zidane gracias al ambiente distendido de la cena después de una gala de la FIFA. El futbolista acaba de ser nombrado el mejor jugador del año y el presidente del Real Madrid le pasó una servilleta con una simple pregunta: ¿Quieres jugar con nosotros? Algo similar ocurrió en el año 2000 entre el F.C. Barcelona y Messi. De hecho, esa servilleta se exhibe en el Museo del Barça.

Célebre servilleta de Picasso. 1945

También es célebre la servilleta de Picasso. El pintor, aún desconocido, pintó en 1945 un boceto y firmó una servilleta para pagar la cuenta de un bar. Años más tarde, ese papel valía una fortuna y se terminó subastando por un precio millonario. Con él no solo se pagarían las consumiciones tomadas, daría para comprar el bar entero.

No hay que subestimar el valor de una simple servilleta de papel.