No es lo mismo ser que estar. Por tanto, no te pregunto si estás inquieto. Te pregunto sobre tu esencia, sobre tu ser. ¿Eres un CEO inquieto? Para responder adecuadamente, hay que indagarse sobre dicha esencia individual, hay que conocerse en el interior, en lo profundo, donde habitas solo contigo mismo.
Ahí, quizás agazapadas en un rincón, es donde hallas tus inquietudes más auténticas. Esos temas que te interesan de verdad, por los que sientes una natural inclinación, que en ocasiones te turban y te preocupan, y de los que genuinamente quisieras ocuparte y contribuir a su mejora, a su transformación. En mi caso personal, y en prácticamente todos los casos que he conocido durante mi amplia experiencia como directivo en grandes empresas, estas inquietudes tienen un componente universal de carácter humanista y existencial. Incluso, espiritual. También en la faceta profesional.
Porque vida solo hay una, y cada uno de nosotros somos un único ser, no podemos separarnos entre “seres personales” y “seres profesionales”.
Entonces, cuando te asomas a tu interior y acoges tus propias inquietudes personales, te reconoces como una persona inquieta. Y, en consecuencia, como líder, como directivo, como CEO, te reconoces como un CEO inquieto. Buscando dar sentido a tu actividad profesional. Quizás, como yo, trabajando por un mundo mejor.
No es fácil ser un CEO inquieto
En las últimas décadas, incluso en el último siglo, en el ámbito del liderazgo el entorno de los negocios no se ha caracterizado precisamente por facilitar que lo líderes muestren su lado humano y social. Un ejemplo de ello es el gran impacto que causó en el año 2010 la charla TED de Brené Brown: El poder de la vulnerabilidad. Hasta entonces… silencio. Silencio y soledad. La típica soledad del CEO, y probablemente una soledad más intensa para el CEO inquieto. Incluso ha sido más difícil todavía ser un CEO inquieto en el ámbito económico de los negocios, dado que en el último siglo ha regido el paradigma de la rentabilidad del accionista. El economista y Premio Nobel Milton Friedman lo defendió claramente en su famoso artículo de 1970: “The Social Responsibility of Business Is to Increase Its Profits”. ¿Cómo ser un CEO inquieto en este contexto?
En 1984 el economista Edward Freeman expuso la Teoría de los Stakeholders, con una visión que sostiene que una empresa debería crear valor para todas las partes interesadas, no sólo para los accionistas. Una visión que cuestiona la sostenibilidad de centrarse en la rentabilidad de los accionistas como el objetivo fundamental de los negocios. Una gran teoría que supuso un rayo de esperanza para el CEO inquieto, aunque lamentablemente no tuvo una gran acogida en el mundo corporativo… Se mantuvo la hegemonía del paradigma de la rentabilidad del accionista.
Sin embargo, algo se está moviendo en los últimos años. Probablemente el gran impulsor fue Larry Fink, CEO (inquieto) de BlackRock, con la publicación en enero de 2018 de su carta “A sense of purpose”. Desde entonces, nos hemos habituado a hablar sobre el propósito de las organizaciones.
Son muchas las empresas que han definido su propósito y lo han incorporado como principio rector en su toma de decisiones. Incluso, hay empresas que están incorporando el impacto en el centro de su estrategia como palanca para la generación de una ventaja competitiva.
Como explica Sir Ronald Cohen, considerado el padre de la inversión de impacto: “podemos cambiar el capitalismo actual, basado únicamente en el beneficio económico, en un capitalismo que esté enfocado en el beneficio económico y el impacto social por igual” (Observatorio de Impacto, by Transcendent y Ontier). Sin duda, grandes avances para el CEO inquieto.
De la Teoría de los Stakeholders… a la práctica
Ahora sí, cada vez hay más espacio en las empresas para incorporar la Teoría de los Stakeholders y gestionar el efecto que tienen en todos sus grupos de interés. Lo vemos en el crecimiento e impulso que están teniendo organizaciones como la Fundación Corporate Excellence, Centre for reputation leadership. Un claro referente de que el éxito empresarial y la generación de valor requiere una visión donde la rentabilidad para los accionistas va de la mano de los grupos de interés con los que se relacionan. Y para ello es fundamental la gestión estratégica de los elementos intangibles, tales como la reputación, la sostenibilidad, la marca, el propósito, la comunicación, el talento y la cultura. De hecho, según los datos del último informe Global Intangible Finance Tracker de Brand Finance, un 36% del valor de las empresas españolas está en sus activos intangibles. Y sigue creciendo.
Y en este contexto nuevo el CEO inquieto sí encuentra su lugar, el espacio natural donde desarrollar sus inquietudes y trabajar por un mundo mejor. Abrazando la oportunidad de transformar la manera en que las empresas hacen negocios de modo responsable, rentable y sostenible. Aunando rigor en la gestión, desarrollo económico y rentabilidad, excelencia en la ejecución, y además nuevas respuestas a los retos actuales de las empresas. Escuchando la intuición como base para la creatividad. Expandiendo la mirada para abarcar más elementos estratégicos en un horizonte más ancho. Reordenando las prioridades.
Porque una mirada integral e integradora de los negocios, una cultura humanista y una conexión consciente con uno mismo, abren al CEO inquieto el camino hacia la prosperidad de su empresa y de la sociedad. Integrando negocio y personas en un nuevo plano, desde un enfoque transversal.
En este contexto el CEO inquieto, comprometido y humanista, tiene más facilidad para poner su visión y su capacidad al servicio del bien común. Y así encontrar soluciones novedosas y generar valor adicional para los negocios.
Ahora sí es más fácil ser un CEO inquieto. Aunque no es automático. Porque sigue habiendo obstáculos. Dificultades que hay que afrontar. Esa ha sido mi experiencia reciente en el mundo corporativo, vivencias de directivo inquieto que han dejado un denso poso en forma de aprendizajes. Vivencias que confirman que hay que atreverse. Y hay que ser prudente. En sano equilibrio entre el atrevimiento y la prudencia. Con los pies en el suelo y la cabeza en las nubes. Hay que dar pasos hacia delante.
Hay que avanzar hacia la transformación. Desde la convicción de que en las empresas hay actividades para ganar dinero y también hay espacio para hacer cosas aún más grandes. Atrévete a ser un CEO inquieto.
Como dijo Gandhi: “Sé tú mismo el cambio que quieres ver en el mundo”.
Roberto Otamendi | Asesor de CEOs y Comités de Dirección en el diseño y ejecución de su agenda estratégica. Integrando negocio y personas. Experto en estrategia, gestión y desarrollo de empresas, con tres décadas de experiencia a nivel corporativo e internacional. Autor del libro “El Club de los Directivos Inquietos”.
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