El liderazgo humanista no tiene puerta de atrás

por | Nov 4, 2024

#CrisisDeLiderazgo | La retirada del presidente del ejecutivo, Pedro Sánchez, de la Zona Cero de Paiporta (Valencia), escoltado para escapar del escarnio del pueblo, quedará en la retina como el momento en que el liderazgo político se quebró definitivamente. La empatía, la valentía y la consistencia marcan un nuevo tempo.

Los silos y las ‘tonterías’

El desafecto entre política y ciudadanía lleva fraguándose más de una década. Al albor del 15M nació la nueva política que debía sentar las bases de un renovado modelo de gobernanza pública más pegado a la realidad y necesidades del ciudadano, transparente y ético. Del mismo modo, que las nuevas generaciones comenzaban a medir con la misma vara a las organizaciones. Llegaba la era de los valores, la economía del conocimiento y el propósito que ponían fecha de caducidad a los silos y las tonterías.

En el ámbito privado, las estructuras evolucionan hacia modelos más horizontales, líquidos y participativos. Cada vez son más las empresas que implementan metodologías ágiles, eliminan barreras físicas, crean espacios de colaboración: entornos de seguridad para promover las ideas innovadoras y una cultura inclusiva. Al tiempo que son escrutadas y penalizadas por los consumidores si caen en manos del greenwashing o cualquier otra evidencia de inconsistencia. Un avance sin retorno, pues lo que está en juego es la supervivencia de sus modelos de negocio que se sustentan en dos pilares: las personas y la generación de valor para la sociedad.

En cambio, acabar con los silos institucionales supone un mayor desafío. Tal y como reza la sabiduría popular “donde todos son responsables, nadie es realmente responsable”. Un estado fragmentado en comunidades, diputaciones, ayuntamientos, empresas públicas y así sucesivamente -donde en ocasiones la consigna es la desacreditación del rival y no el progreso de los ciudadanos-, ante una crisis queda huérfano de liderazgo. ¿Quién tenía la decisión última? Todos y nadie al mismo tiempo. Cada cual apunta al contrario, eleva, escala hasta diluir la responsabilidad en el olvido.

Escribía Xavier Marcet que “A las empresas las matan sus tonterías. Algunos creen que las empresas mueren a causa de la competencia o la evolución tecnológica y no hay duda de que a veces es así. Pero el gran enemigo de las empresas es ellas mismas cuando empiezan a hacer tonterías. Todo empieza con detalles. Síntomas de indolencia que se filtran en las agendas. Relativización del esfuerzo. Burocracias que crecen disimuladamente, con naturalidad. Costes que se descontrolan poco a poco. Pequeños tics de la centralidad del cliente. Y sobre todo la gran tontería: quedarse quieto en un mundo que cambia aceleradamente”. Pensemos un momento que hablamos de la mayor empresa de un país: el estado.  ¿Cómo te suena?

Cuánta tontería nos ha llevado hasta la situación que hoy vivimos y nos aleja del Liderazgo Humanista.

En una entrevista al canal de televisión Cuatro declaraba Joan Baldoví (diputado en las cortes valencianas de Compromís y alcalde de Sueca entre 2007 y 2011): “Cuando yo era alcalde, y me tocó vivir alguna situación similar a esta (la Dana), aunque no tan grave, mi preocupación no era saber de quién era la competencia, sino salvar a las personas”.

Manual de resistencia (a distancia)

Los divorcios, políticos, empresariales o personales, comienzan con pequeños detalles y tonterías, hasta que un día nos miramos al espejo y no reconocemos a ese tipo del reflejo. Quizás eso sea precisamente lo que esté experimentando el actual presidente, Pedro Sánchez… Aunque sólo él puede saber cuánto queda de aquel concejal y licenciado en Economía que recorría en un Peugeot 407, diésel, las ciudades y pueblos de España.

Por aquel entonces, se forjaba la leyenda del renacer de un animal político de claras convicciones (No es No), cercano, infatigable y justo. El profesor y politólogo Moisés Ruiz lo definía como un líder resiliente: aquel que se adapta a cualquier adversidad y la supera con energía convirtiéndose en un inspirador de logros. Pero llegaron los detalles. Las ruedas de prensa sin preguntas. Los ataques de importancia ‘De quien depende la fiscalía’. Y poco a poco, como suele ser habitual en los segundos mandatos de los gobernantes españoles, el líder se despoja de una de las cualidades esenciales de conexión entre las personas: la empatía.

Porque como diría Noemí Boza, y así lo ha publicado en ‘Por qué lo llaman liderazgo cuando quieren decir comunicación’, comunicar no es (solo) hablar bien en público, sino conectar emocionalmente. Del mismo modo que liderar es influir en pos del bien común, como apunta José María Palomares en esta tribuna.

Ejemplo de ambas aptitudes las observábamos en el mismo lugar, y a la misma hora. Mientras uno apresuraba el paso en retirada, otro, el Rey Felipe VI permanecía para arropar a algunas de las víctimas de esta tragedia climática. Traspasó las barreras de la proxemia, abrazando, sujetando el rostro de quienes suplicaban ayuda. Escuchó activamente. Fue comprensivo con su ira. Al igual que la Reina Letizia, lloró junto a ellos. Y con autenticidad hizo una promesa: no vamos a abandonaros. “Hay que garantizar a los afectados que el Estado en toda su plenitud está presente”, subrayaba horas después.

Empatia

María López-Herranz en Linkedin: “La empatía es la habilidad más importante en el liderazgo”. Esta frase, titular de un artículo de Forbes del año 2022 firmado por Tracy Brower, lleva resonando en mi cabeza desde ayer, cuando vi las imágenes de los Reyes consolando a los vecinos de Paiporta. Impresionada por el ejemplo de empatía, humanidad y valentía que dieron ayer nuestros Reyes, veo más claro que nunca que solo los líderes de verdad comprenden que una parte importantísima de su desempeño es servir y dar apoyo siempre que se necesita.
Empatía. Y a partir de ahí todo lo demás.
Força Valencia

Potestas y auctoritas. Sánchez, el poder legal (potestas). El jefe del estado, una autoridad social intangible ligada a su reputación, el ejemplo y la coherencia en estos diez años de reinado. ¿Será suficiente para paliar la ausencia de liderazgo político?

Las personas en el centro, más allá de la promesa

Humanismo no es buenismo. Humanismo es la capacidad de ponerse al servicio de las personas para, juntos, crear valor. Y hacerlo de manera consistente. No tiene puerta de atrás ni escape: se basa en creer en las personas y poner todos los cauces para hacerlas crecer en entornos seguros.

El divorcio parece estar consumado. Y es el liderazgo social quien ha tomado en esta semana el testigo. Que no quede en el olvido este espíritu solidario que nos orgullece y representa. La unión de un país. Porque puede ser la semilla definitiva de cambio que traslade el management humanista a todas las esferas de la vida. Y eso sí que no es ninguna tontería.

Elena Carrascosa Vela
Elena Carrascosa Vela

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