
Vega Ferreira

as reuniones
cuestan caras a las compañías. Si se invierte una hora del tiempo de diez personas en una reunión sin que se llegue al final de la misma con ideas claras o resoluciones convincentes, la empresa sufrirá gastos en
cuanto a la productividad.Tiempo perdido significa beneficios perdidos. Un 50% de las reuniones son una pérdida de tiempo, según el
informe de la Universidad de Navarra de Ángel Baguer. Esto no solo supone un alto coste para las empresas sino que también afecta a la
credibilidad como líder.De todo el proceso que supone llevar a cabo una reunión, el paso en el que más se debe incidir es en
la preparación. El propósito de las reuniones puede pasar por ser
táctico, estratégico o administrativo, pero ha de tener un
objetivo claro. Las confusiones provocan alteraciones en la narrativa que atrae la atención y nos presta a seguir
el hilo de la reunión. Por lo tanto, en este paso, se deben definir los asuntos pertinentes en función de la meta a la que se quiera llegar.En el libro de
Patrick Lencioni llamado
Death By Meeting se plantean algunos consejos según el tipo de reunión que se quiera llevar a cabo. Las
tácticas, deben ocurrir una vez a la semana y han de durar de
45 minutos a
una hora. En ellas se abordarán temas como qué problemas han surgido y qué metas se han conseguido, es decir
, un resumen del transcurso de la semana. Las reuniones
estratégicas tendrían que tener lugar una vez al mes, y deberían ocupar
dos horas aproximadamente. Las estrategias sirven para trazar
un plan de acción.En cualquier caso, y a pesar de que haya disparidad de opiniones, se debe buscar llegar a un
acuerdo al final en la reunión, para que ese plan de acción se comparta por cada miembro del equipo y que todos
remen en la misma dirección.
Berto Pena, experto en gestión del tiempo, opina sobre estos
desacuerdos: “Para mí, todo aquello que vaya más de la línea de la
confrontación sana, y del debate intenso y apasionado, es
contraproducente. Por experiencia propia la mayoría de la gente
malinterpreta ese conflicto, termina por enrocarse en su postura, y opta por el silencio o bien un ataque frontal que
suele terminar en lo personal.”Sin embargo, tanto para mantener
la atención y el interés durante la reunión como para que se expresen las ideas necesarias que lleven a alcanzar ese
acuerdo final, es necesario que exista
conflicto.
David Torné Llorens, analista y programador especialista en software de gestión, tiene su propia definición de lo que puede significar en un contexto concreto, este término
: “Un conflicto es la contraposición de posturas, siempre con respeto y con una actitud constructiva. Si respetamos las formas y permanecemos abiertos a las ideas de los demás podemos enriquecer los resultados que queremos obtener de ese encuentro.” El mencionado libro de
Patrick Lencioni afirma que:
“Al principio las reuniones son aburridas, porque les falta drama y conflicto (el único elemento requerido para hacer cualquier actividad humana interesante).” A pesar de lo que se podría pensar en un principio, la falta de conflicto lo único que provoca en las reuniones es
ineficacia.Además evitar confrontaciones nunca fue una
solución:
“Si optamos por evitar el conflicto sin abordar cuestiones 'calientes' solo los estamos postergando en el tiempo e incluso agravándolos al tenerlos que afrontar a posteriori. Si esa omisión es por contentar o simplemente asumir la postura de alguien de más peso en la jerarquía, abrimos una puerta a la desmotivación de los integrantes del equipo y al descredito de la dirección (aunque solo sea a pequeña escala).” Nos contaba también David Torné.El artículo de
Paz Garde que reflexiona sobre
“El valor del conflicto” dice que no solo es importante
identificar aquellos aspectos que nos separan, si no esos los matices
en los que sí coincidimos.
“Tener personas hábiles encontrando puntos de unión ayuda a ir construyendo acuerdos que buscan el ganar- ganar y mantener la conversación en tono constructivo.” Afirma el mencionado artículo.A nivel individual, se deben aclarar también las
consecuencias de la participación. Cada persona a la que se haya invitado a la reunión debe ocupar su posición y tener
clara su función en la misma. Si un miembro se cuestiona las razones por las que está en esa reunión su participación perjudica tanto individual como colectivamente. Por esto se debe limitar la lista de asistentes, así como
avisar con antelación de cuándo será llevada a cabo la reunión y a qué hora finalizará para
respetar los horarios de cada participante.Javier González, experto en RRHH, dio para
El Economista, unos consejos a tener en cuenta individualmente para
desenvolverse con soltura en las reuniones que pasan por: tener confianza, espontaneidad, realizar una presentación con los temas que se deberán abordar (elevator pitch), eliminar pensamientos negativos y analizar los resultados al finalizar.Al fin y al cabo, el objetivo de las reuniones es explotar la comunicación para que se planteen las mejores soluciones a los problemas, las ideas más óptimas. Por eso es esencial la
previsión, pero sobre todo, el
respeto.