España puede crecer y crear empleo sin que ese crecimiento se traduzca necesariamente en más productividad. Esta es una de las principales conclusiones de la sesión del ciclo ‘Cuestiones Estructurales de la Economía Española’, organizada por el Consejo General de Economistas de España (CGE), a través de su Servicio de Estudios, y la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) el pasado 9 de septiembre.
El debate pone el foco en una cuestión especialmente relevante para las empresas: cómo conseguir que el crecimiento venga acompañado de una mayor capacidad para generar valor con los recursos disponibles. Y en este punto, el tamaño empresarial aparece como uno de los elementos que condicionan la productividad.
Midiendo la productividad como PIB por hora trabajada, España se sitúa en torno a 75 puntos, frente a los cerca de 97 puntos del grupo europeo de referencia. La diferencia es de unos 22 puntos del índice y apenas se ha reducido durante las últimas tres décadas. La OCDE coincide en señalar la productividad como uno de los principales retos estructurales de la economía española.
El tamaño importa, pero no lo explica todo
La dimensión empresarial aparece como uno de los elementos que pueden marcar diferencias. Según los datos de OCDE, en 2024, las pymes de los países analizados registraron, de media, una productividad laboral equivalente al 65% de la de las grandes empresas. En España, el problema no está únicamente en las empresas que ya son pequeñas, sino en la dificultad de muchas compañías para crecer.
“Las grandes empresas españolas son aproximadamente dos veces más productivas que las microempresas, mientras que las compañías medianas y grandes presentan niveles de productividad similares a los de sus equivalentes europeas”, Rafael Doménech, responsable de Análisis Económico de BBVA Research
La digitalización es otro de los ámbitos donde aparece esta brecha. España cuenta con una posición favorable en conectividad e infraestructuras digitales, pero mantiene carencias en capital humano y competencias avanzadas que pueden limitar el aprovechamiento de tecnologías como la inteligencia artificial.
“España dispone de empresas, trabajadores, infraestructuras y tecnología, pero seguimos teniendo dificultades para combinar todos esos recursos y dirigirlos hacia los usos donde pueden generar una mayor productividad”, Miguel Ángel Vázquez Taín, presidente del Consejo General de Economistas de España
La formación también forma parte de la ecuación
La productividad no depende únicamente de maquinaria, software o inteligencia artificial. Las capacidades de los trabajadores y de los equipos directivos también condicionan cuánto valor puede extraerse de esas herramientas.
Tal y como señala Vázquez Taín, no basta con incorporar tecnología y subrayó la necesidad de invertir también en formación y ayudar a las pequeñas y medianas empresas a adaptar su organización y sus procesos de trabajo
“El crecimiento de la productividad exige unas políticas educativas efectivas, que garanticen la adquisición de los skills básicos por parte del grueso de la población y pongan el acento en la oferta de conocimientos útiles para el sistema productivo”, Ángel de la Fuente, director ejecutivo de Fedea
¿Qué pueden hacer las medianas empresas?
Aunque buena parte de los factores que condicionan la productividad dependen del entorno económico y regulatorio, el debate deja también varias cuestiones directamente relacionadas con la gestión empresarial.
- Medir la productividad por procesos, identificar dónde se genera valor y dónde existen ineficiencias puede ayudar a orientar las inversiones. La tecnología, por sí sola, no garantiza una mejora: necesita integrarse en procesos y acompañarse de capacidades adecuadas.
- Invertir en formación y capacidades es otra de las palancas señaladas por los expertos. La digitalización y la IA requieren profesionales capaces de utilizarlas y organizaciones capaces de incorporarlas a su funcionamiento.
El reto para la mediana empresa, por tanto, no es únicamente crecer en número de empleados o facturación. Es conseguir que ese crecimiento venga acompañado de más inversión productiva, mejores capacidades, innovación y una organización capaz de convertir esos recursos en mayor valor añadido.







