¿Y si la pregunta no fuera qué estudiar, sino cómo prepararse para lo que aún no existe? Con la EBAU ya superada por miles de jóvenes, y muchas familias esperando con ansiedad la nota de corte y la elección de carrera, en las empresas también deberíamos replantearnos nuestras certezas. Porque en los próximos cinco años, el 22% de los empleos actuales dejarán de existir o cambiarán radicalmente, según el informe Future of Jobs 2025 del Foro Económico Mundial. Y eso lo cambia todo.
El fin del empleo tal y como lo conocíamos
Ya no se trata solo de profesiones digitales o técnicas. La automatización y la inteligencia artificial están reconfigurando desde puestos administrativos hasta creativos. Pero si algo está quedando claro, es que el conocimiento técnico caduca cada vez más rápido.
“El futuro no será de quienes más sepan, sino de quienes sepan aprender más rápido”, señala Sergi Simón, coordinador de los programas de Gestión de Riesgos y Sostenibilidad en EALDE Business School. Una afirmación que, más allá del ámbito educativo, interpela directamente a empresarios y directivos: ¿estamos contratando por títulos o por capacidad de adaptación?
Las soft skills: el verdadero seguro de empleabilidad
En un entorno donde la tecnología evoluciona a mayor velocidad que los planes de estudios, las habilidades blandas (soft skills) están ganando terreno como criterio de contratación, liderazgo y competitividad empresarial.
Según el Informe de Tendencias de Talento 2024 de McKinsey, el 90% de los directivos ya prioriza competencias como la adaptabilidad, el pensamiento crítico o la colaboración por encima de la experiencia técnica.
Para Sergi Simón, esto no es casual: “Una mentalidad flexible y una actitud proactiva marcarán la diferencia. Las empresas que apuesten por perfiles con visión, resiliencia y capacidad de aprender serán las que sobrevivan y lideren el cambio”.
Las habilidades que te harán crecer (y no solo en la cuenta de resultados)
Estas son las soft skills clave que marcarán el empleo del futuro y que toda pyme debería comenzar a cultivar en sus equipos:
- Resiliencia y capacidad de adaptación: saber gestionar la incertidumbre sin perder el rumbo.
- Pensamiento crítico y toma de decisiones: cuestionar, analizar y actuar con criterio.
- Comunicación efectiva y trabajo en equipo: crear entornos donde el conocimiento fluya.
- Aprendizaje continuo y proactividad: tener hambre de aprender y aportar.
- Liderazgo e influencia positiva: inspirar desde la confianza, no desde el control.
- Gestión emocional y creatividad: afrontar la frustración y resolver problemas con enfoque humano.
En este sentido, empresas como Google, Netflix o BBVA ya han reformulado sus procesos de evaluación del talento para priorizar la actitud y la evolución sobre la formación inicial, según recoge el MIT Sloan Management Review.
De la formación a la mentalidad: liderar con visión de futuro
Desde EALDE, insisten en que el liderazgo empresarial necesita también un cambio de mentalidad. “La sostenibilidad o la gestión de riesgos no son solo salidas profesionales, son formas de entender el trabajo como un proceso de adaptación constante”, señala Simón.
Y añade: “El éxito profesional no vendrá solo de tener un título, sino de mantener la empleabilidad en el tiempo. Eso requiere curiosidad, pensamiento estratégico y una disposición real al cambio”.
En definitiva, el aprendizaje deja de ser un hito asociado a una etapa (la universidad) para convertirse en una actitud transversal que marcará la diferencia entre quienes lideran y quienes se quedan atrás.
¿Y qué significa esto para tu empresa?
En un mercado de talento cada vez más competitivo, las pymes deben mirar más allá de los curriculums académicos. La clave está en construir culturas donde aprender esté bien visto, equivocarse no penalice y las personas puedan evolucionar.
Las empresas que quieran crecer ya no pueden contratar solo para cubrir vacantes: deben crear entornos donde sus equipos desarrollen las habilidades que el futuro demandará.
Y ese futuro, ya ha empezado.








