Beyoncé o Sting brillaron en solitario; otros, lejos de su banda, cayeron en el olvido. Los CEO que dejan una gran marca se juegan lo mismo, y su reputación depende de lo que hagan antes de irse.
Existen marcas o empresas indisociables de quienes las fundaron y catapultaron a lo más alto. Ocurrió con Apple y Steve Jobs, y sucede con Tesla y Elon Musk. De hecho, este tipo de organizaciones suelen enfrentarse a una crisis de identidad cuando llega el momento de la sucesión. No es fácil encontrar a un nuevo CEO con la fortaleza y el carisma necesarios para transitar de un liderazgo personalista a otro basado en valores sin que tiemblen los cimientos de la marca.
Pero ¿qué ocurre cuando la situación es a la inversa?, ¿cuándo la marca no se fundamenta en la personalidad del CEO sino que es el CEO quién asume como suyos los valores de la marca? O dicho de otro modo: cuando es el CEO quien le debe a la marca su estatus y reconocimiento, y no al revés.
Podemos encontrar un buen símil en el mundo de la música. En aquellos miembros de bandas de éxito que deciden emprender un camino en solitario: están los que alcanzan una posición incluso aún más exitosa y los que, alejados del grupo y la marca que los cobijaba, caen en el olvido. Beyoncé, Sting, Robbie Williams, Calamaro o Fito Cabrales, Dani Martín e Iván Ferreiro en España son algunos ejemplos de quienes lograron lo primero.
Retirarse y mantener la reputación
Reconstruir la marca personal cuando se deja de ser CEO de una reconocida empresa puede resultar costoso, especialmente si se ha desarrollado un liderazgo muy expuesto a los medios y la opinión pública. “Después de años acompañando a directivos en procesos de transición, he llegado a la conclusión de que lo que más cuesta dejar no es el poder, sino la identidad creada”, suscribe Javier Llansó, experto en coaching ejecutivo y autor de Liderazgos transformadores (2024, Cadireta Story SL).
Porque a ciertos niveles de exigencia (y los de ahora apuntan alto), la propia identidad se confunde con el rol profesional que desempeña esa persona. En definitiva, no siempre resulta sencillo recuperar la identidad propia, de la misma forma que no lo es construir una nueva vida, laboral, pero también personal, cuando se deja la dirección de una gran marca.
Lo cierto es que mantener la reputación cuando se deja el cargo de CEO no es sencillo. Una de las razones es que la marca personal está tan ligada a la empresarial que también lo están las habilidades, conocimientos…, de esa persona, de tal forma que al profesional le cuesta salir del nicho en el que se había instalado. En un mundo que reclama talentos cada vez más especializados y donde apenas existe margen de error, presentar una imagen personal exitosa y dispuesta a afrontar otros retos de los habituales puede resultar costoso.
De hecho, hay quien habla de estrategia a la hora de abandonar un puesto de CEO y construir una nueva marca personal. En dicha estrategia caben cinco pasos fundamentales para prepararse profesional y emocionalmente:
- Acometer una salida digna y a tiempo, no esperar a momentos convulsos. Porque “creemos que los grandes líderes son los que perseveran hasta el final. Pero la historia —y la tragedia clásica— está llena de héroes incapaces de retirarse a tiempo”, explica el psicoanalista Adam Phillips, en su obra Elogio a la renuncia: un ensayo sobre lo que dejamos ir para vivir.
- Dar cabida a la introspección: recordar quiénes somos, en qué creemos y qué queremos. Poner el foco en aquellos que de veras deseamos construir en esta nueva etapa y en cómo deseamos hacerlo para no perder por el camino aquello que importa. Que las renuncias pasadas no tengan que ser renuncias futuras.
- Atreverse a desaprender. Especialmente aquellos estilos de liderazgo que alejan a un profesional de las nuevas necesidades organizacionales, de las expectativas laborales, de la nueva cultura y valores sociales, para iniciar un camino de reconversión anclado en el tiempo presente, conectado con el nuevo mercado.
Sin duda, abordar esta transición de forma adecuada no solo será bueno para el legado del CEO en la empresa que deja atrás, sino para su futuro, sea otra posición de CEO o similar, o una alternativa basada en intereses totalmente ajenos. De hecho, muchas personas expertas en este tipo de transiciones apuestan por tomarse entre seis meses y un año de descanso, un periodo en el que construir esa marca personal y en el que pensar sobre lo que uno quiere del resto de su carrera profesional. Esto evita agarrarse de inmediato a nuevas propuestas de dirección que perpetúen el rol desarrollado hasta la fecha e impidan un nuevo comienzo.







