En el Summit Canal CEO, Leandro Fernández Macho explicó por qué el gran desafío de las empresas no es la estrategia, sino la capacidad de adaptación: “La mayoría de las compañías no se atascan por falta de estrategia, sino por falta de inteligencia adaptativa”.
Durante años, el debate empresarial se ha centrado en la estrategia. Qué mercado conquistar, qué tecnología adoptar, qué modelo de negocio escalar. Sin embargo, en el Summit Canal CEO, Leandro Fernández Macho lanzó una idea que descoloca esa narrativa dominante: el problema no suele estar en las decisiones que las empresas toman, sino en su capacidad para ejecutarlas cuando el entorno cambia más rápido que las personas.
“La mayoría de las compañías no se atascan por la falta de estrategia… sino porque el ritmo de ejecución es más lento de lo que exige el mercado”, explicó ante los directivos reunidos en la Escuela de Negocios de la Cámara de Madrid.
La frase no es menor. En un contexto donde la economía digital ya representa una parte creciente del PIB y donde la velocidad de transformación tecnológica parece no tener freno, el desafío ya no es tanto saber qué hacer, sino desarrollar las capacidades humanas necesarias para hacerlo.
Ahí aparece el concepto central de su intervención: la inteligencia adaptativa.
Cuando la inteligencia artificial no es suficiente
Fernández Macho lo planteó de forma directa. La revolución tecnológica no deja demasiado espacio para competir en lo puramente técnico.

“La IA va a hacer muchísimas cosas muchísimo mejor que nosotros. Nosotros necesitamos desplegar quizás la otra IA, que es la inteligencia adaptativa”.
Ese cambio de enfoque implica desplazar la conversación desde la tecnología hacia el comportamiento humano: cómo pensamos, cómo decidimos, cómo reaccionamos ante la incertidumbre. Porque si algo caracteriza el contexto actual es la velocidad.
Durante su intervención, Fernández Macho ilustró ese cambio con un ejemplo elocuente: el teléfono fijo tardó décadas en alcanzar cien millones de usuarios; aplicaciones actuales pueden hacerlo en apenas días. El ritmo de adopción tecnológica ya no se mide en generaciones, sino en ciclos de meses.
Ese entorno crea lo que él denomina una tormenta perfecta para el liderazgo.
El estrés invisible que bloquea el cambio
Uno de los aspectos más interesantes de su exposición fue la explicación neurocientífica del cambio organizativo. Según explicó, los entornos de incertidumbre activan mecanismos cerebrales diseñados originalmente para la supervivencia.
Cuando las personas perciben amenaza, el cerebro prioriza respuestas automáticas: resistirse, defenderse, refugiarse en hábitos conocidos. “Cuando el cerebro se siente estresado en situación de amenaza, el cerebro busca seguridad refugiándose en nuestros hábitos”, explicó.
Ese mecanismo, útil para sobrevivir en contextos hostiles, se convierte en un obstáculo cuando las organizaciones necesitan evolucionar. Por eso, conceptos como la seguridad psicológica o la gestión del estrés no son simples tendencias del management contemporáneo. Tienen una base biológica clara.
Si el cerebro está en modo amenaza, adaptarse resulta mucho más difícil.
Adaptarse repetidamente: la verdadera ventaja competitiva
La inteligencia adaptativa, según Fernández Macho, no consiste en reaccionar bien una vez. Consiste en desarrollar la capacidad de hacerlo una y otra vez. Él mismo la define así: “la capacidad de cambiar, crecer y lograr resultados repetidamente… en un entorno vertiginoso, incierto, desafiante y de aprendizaje permanente”.
Esa capacidad se puede medir a través de lo que algunos inversores de Silicon Valley llaman cociente de adaptabilidad: un indicador que intenta anticipar si un equipo será capaz de evolucionar cuando cambien las condiciones del mercado.
No se trata de mirar el pasado, sino de evaluar la preparación para el futuro.
Las seis actitudes que sostienen la inteligencia adaptativa
El modelo que propone Fernández Macho se basa en seis actitudes fundamentales que permiten sostener esa capacidad de adaptación.
- La primera es el autocuidado, porque sin energía mental resulta imposible tomar decisiones complejas. La segunda es la actitud de aprendizaje, que implica humildad intelectual y apertura a la crítica. La tercera es la actitud de desafío, que permite enfrentar el cambio como una oportunidad y no como una amenaza.
- A estas se suman la colaboración, imprescindible para romper silos organizativos; la resiliencia, necesaria para aprender de los errores; y, finalmente, la innovación, entendida como la capacidad de experimentar y decidir a partir de evidencias.
Si estas actitudes no están presentes, el resultado suele ser el contrario: más control, más estrés y menos capacidad real de adaptación.
El papel incómodo del líder: dar claridad
Quizá una de las reflexiones más incisivas de su intervención tuvo que ver con el papel del liderazgo en ese contexto. Para Fernández Macho, una de las responsabilidades más importantes de los directivos no es inspirar ni motivar.
Es algo mucho más básico.

“Una de las responsabilidades mayores que tenéis como CEOs es dar claridad”, afirmó. Porque el cerebro humano tiene límites muy claros para gestionar la información. Cuando las organizaciones intentan priorizar demasiadas cosas a la vez, el sistema colapsa.
Por eso, su recomendación es sencilla y radical al mismo tiempo: tres o cuatro prioridades claras. Nada más.
Todo es difícil… antes de ser fácil
La intervención de Fernández Macho terminó con una idea que resume bien el espíritu del Summit Canal CEO y su enfoque sobre la resiliencia generativa. Cambiar cuesta. Adaptarse incomoda. Aprender exige esfuerzo.
Pero esa incomodidad forma parte del proceso. “Ante cualquier cambio en la vida, todo es difícil antes de ser fácil”.
Tal vez por eso, en un mundo obsesionado con la velocidad, la verdadera ventaja competitiva no sea saber más que los demás. Sino aprender antes que ellos a adaptarse.









