La gran pregunta: ¿es obligatorio o no el informe de sostenibilidad?

por Canal CEO | Ene 5, 2026

Con la nueva normativa europea, el informe de sostenibilidad se convierte en obligación para muchas empresas y en una decisión estratégica para otras. ¿A quién afecta y qué implica realmente?

Durante años, hablar de sostenibilidad era casi sinónimo de gran empresa, de multinacional con memoria brillante y fotos de bosques. Eso ha cambiado. Hoy, muchos gerentes de pymes se hacen la misma pregunta, con cierta inquietud: ¿yo también tengo que presentar un informe de sostenibilidad?

La respuesta es clara: depende del tamaño, pero la tendencia es imparable. Con la entrada en vigor de la Directiva CSRD, la Unión Europea ha elevado el listón de la transparencia corporativa y ha ampliado de forma notable el número de empresas obligadas a reportar información ESG.

Según la Comisión Europea, se pasará de unas 12.000 empresas obligadas a más de 50.000 en toda la UE. Y España no es una excepción.

Qué es la CSRD y a quién afecta

La CSRD sustituye a la anterior Directiva de Información No Financiera y marca un antes y un después. Desde 2024 ya aplica a las empresas de interés público con más de 500 empleados. En 2025 se suman las grandes empresas —cotizadas o no— que cumplan dos de estos tres criterios: más de 250 empleados, 50 millones de euros de facturación o 25 millones en activos.

¿Y las pymes? Desde 2026, las pymes cotizadas, salvo microempresas, deberán empezar a reportar, con su primer informe en 2027. Es decir, muchas empresas que nunca se habían visto en este escenario ya están en la rampa de entrada.

Tal y como explica AENOR, no se trata solo de reportar más, sino de hacerlo mejor: con datos comparables, verificables y alineados con los Estándares Europeos de Información sobre Sostenibilidad (ESRS).

Qué debe incluir el informe (y por qué no es solo papel)

Los informes de sostenibilidad deben cubrir aspectos ambientales, sociales y de gobernanza: emisiones, consumo de recursos, políticas laborales, diversidad, ética empresarial o riesgos climáticos. Pero hay un concepto clave que cambia las reglas del juego: la doble materialidad.

Esto implica analizar, por un lado, cómo impacta la empresa en la sociedad y el medio ambiente, y por otro, cómo esos factores afectan al negocio. No es un ejercicio teórico. Bien hecho, ayuda a priorizar inversiones, detectar riesgos y orientar la estrategia.

Como señala César Martín, experto ESG de AENOR, si la empresa se limita a “cumplir”, el informe será un coste. Si lo usa para decidir mejor, puede convertirse en una ventaja competitiva.

Qué no puede faltar en un informe de sostenibilidad (cuando es el primero)

Para una pyme que se estrena en esto del reporting, la primera tentación suele ser hacerlo todo a la vez. Error. La Directiva CSRD no pide perfección, sino relevancia, coherencia y trazabilidad. El punto de partida es el análisis de doble materialidad: identificar qué impactos genera la empresa en lo ambiental y social y qué riesgos y oportunidades de sostenibilidad afectan realmente a su negocio. Sin este ejercicio previo, el informe será un catálogo de buenas intenciones sin foco.

A partir de ahí, el contenido mínimo gira en torno a tres ejes: ambiental, social y de gobernanza (ESG). En lo ambiental, emisiones de gases de efecto invernadero —al menos alcances 1 y 2—, consumo energético, agua y gestión de residuos. En lo social, políticas laborales, salud y seguridad, igualdad, diversidad y derechos humanos. Y en gobernanza, cómo se toman las decisiones, códigos éticos, cumplimiento normativo y gestión de riesgos. No se trata de contar todo, sino de explicar lo que de verdad importa en tu actividad.

Por último, el informe debe mirar hacia adelante. La CSRD exige que la empresa explique riesgos, oportunidades y planes de acción, no solo una foto fija. Y todo ello bajo los Estándares Europeos de Información sobre Sostenibilidad (ESRS) y con verificación externa. Como recuerdan desde AENOR, un informe claro, comprensible y conectado con la estrategia “no solo cumple la ley, sino que ayuda a tomar mejores decisiones”. Ese es el cambio de mentalidad clave para una pyme que empieza.

El riesgo de no hacerlo (y la oportunidad de hacerlo bien)

No cumplir con la CSRD puede acarrear sanciones, pero el mayor riesgo es otro: quedarse fuera del radar de clientes, inversores y talento. Según Bloomberg Intelligence, los activos vinculados a criterios ESG superan los 38 billones de euros a nivel mundial, y más de la mitad de los inversores considera que mejoran el retorno.

En este contexto, la sostenibilidad deja de ser un discurso ético para convertirse en una variable económica. Tal y como advierte Marga Guitart, abogada laboralista en Grant Thornton, “la inmensa mayoría de las empresas estarán obligadas a publicar sus informes de sostenibilidad, como tarde, en 2027”.

Lo que de verdad está en juego para una pyme

Para muchas pymes, el mayor desafío no es técnico, sino cultural. Falta conocimiento, recursos y acompañamiento. Por eso, el papel del asesor se vuelve clave: interpretar la norma, traducirla a la realidad del negocio y evitar que el informe se convierta en un documento farragoso que nadie lea.

Porque cuando el informe de sostenibilidad es claro, honesto y comprensible, deja de ser una obligación incómoda y se transforma en una potente carta de presentación. Una que explica no solo qué hace la empresa, sino cómo y por qué lo hace.

Y ahí está la clave: la sostenibilidad ya no va de cumplir con Europa, sino de demostrar que el negocio tiene futuro.

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