Detectar las primeras señales, tomar decisiones con rapidez y contar con el asesoramiento adecuado fueron algunos de los factores decisivos para proteger el futuro de cualquier organización.
No todas las compañías atraviesan momentos complejos por las mismas razones. Algunas se enfrentan a dificultades financieras, otras a cambios regulatorios, conflictos internos o problemas reputacionales. Sin embargo, para Julio Rocafull Rodríguez, socio y codirector de la oficina de Madrid de AGM Abogados, existe un denominador común: muchos directivos reaccionan cuando el problema ya ha crecido demasiado.
Durante una entrevista concedida a Canal CEO, explicó que el mayor riesgo no suele ser una mala decisión, sino retrasar el momento de afrontarla.
"Lo habitual no es que el empresario se precipite, sino que tarde en asumir lo que está ocurriendo. Mientras tanto, el problema sigue creciendo y cada día reduce las posibilidades de encontrar una solución eficaz".
Ese retraso, añadió, limita el margen de actuación y obliga a recurrir a medidas mucho más complejas de las que habrían sido necesarias si se hubiera intervenido desde las primeras señales de alerta. A su juicio, reconocer la realidad a tiempo constituye el primer paso para recuperar el control y preservar el futuro del proyecto empresarial.
Detectar las señales antes de que sea demasiado tarde
Rocafull consideró que una de las principales responsabilidades del liderazgo consiste en identificar cuándo una dificultad puntual empieza a comprometer la estabilidad de la organización. En el ámbito financiero, señaló que el primer aviso suele llegar con las tensiones de tesorería que dificultan la actividad diaria o el pago a proveedores esenciales. Ese, explicó, era el momento de analizar la situación con rigor y valorar todas las alternativas disponibles.
"Cuanto antes se detecten los problemas, antes podremos utilizar las herramientas que ofrece la legislación para reconducir la situación".
Asimismo, recordó que la actual Ley Concursal incorporó mecanismos que permiten preservar la continuidad de muchas empresas mediante planes de reestructuración, reorganización de deuda, venta de unidades productivas o convenios con acreedores. No obstante, insistió en que todas esas opciones resultan mucho más eficaces cuando se activan con suficiente antelación.
Además de proteger la viabilidad del negocio, actuar con rapidez también reduce el riesgo de que el administrador o el CEO puedan asumir responsabilidades personales por haber retrasado decisiones relevantes. "Cuanto antes actuemos, más podremos proteger a la compañía y mayores serán las probabilidades de superar la situación con éxito", resumió.
En este sentido, defendió que la rapidez y la protección jurídica no son objetivos contrapuestos, sino dos elementos que deben avanzar de forma coordinada. La anticipación, aseguró, permite conservar más alternativas y afrontar los problemas desde una posición mucho más sólida.
El abogado como aliado estratégico del CEO
Más allá del asesoramiento jurídico, Rocafull reivindicó una función cada vez más relevante: acompañar al líder durante todo el proceso de toma de decisiones.
"Nuestro trabajo no consiste únicamente en asesorar desde el punto de vista técnico. También acompañamos al empresario desde el primer momento hasta el final".
Ese acompañamiento, explicó, incluye ayudar al directivo a gestionar conversaciones difíciles, ordenar prioridades y evitar que la presión termine bloqueando su capacidad de liderazgo. "Hay empresarios que llegan completamente desbordados. Algunos se derrumban y otros son incapaces de decidir. En esos momentos también necesitan apoyo personal", reveló.
El socio y codirector de AGM Abogados recordó que muchas situaciones obedecen a factores externos, como cambios económicos o financieros, y no exclusivamente a errores de gestión. Por ello, consideró esencial que el CEO no quedara paralizado por un sentimiento de culpa que le impidiera actuar con criterio.
En ese contexto, aseguró que la resiliencia adquiere un papel decisivo. Mantener la calma, rodearse de especialistas y dejarse asesorar permite tomar decisiones con mayor objetividad y transmite confianza tanto al equipo directivo como al resto de la organización.
Transparencia con criterio
La comunicación interna también condiciona la evolución de estos procesos. Rocafull defendió que la transparencia resulta imprescindible para mantener la confianza de los equipos, aunque advirtió de que informar no significa revelar toda la estrategia desde el primer momento.
"Hay decisiones que deben comunicarse cuando corresponde. Enseñar todas las cartas antes de tiempo puede perjudicar determinadas negociaciones".
A su juicio, el equilibrio entre transparencia y prudencia permite proteger actuaciones sensibles sin perder credibilidad ante empleados, clientes o proveedores. Del mismo modo, consideró importante que las personas comprendieran el contexto en el que se adoptan determinadas medidas y entendieran que muchas veces responden a circunstancias ajenas al control de la dirección.
Durante la conversación también señaló que los momentos de mayor incertidumbre actúan como un espejo de la organización. Mientras los resultados acompañan, muchas debilidades relacionadas con el liderazgo, la comunicación o la gestión permanecen ocultas. Cuando aparecen las dificultades, todas ellas salen a la superficie y obligan a revisar procesos, prioridades y formas de dirigir.
Aunque reconoció que no existe una fórmula para preparar a un CEO ante su primer gran desafío, sí consideró que una formación sólida en finanzas, estrategia, comunicación y gestión de personas proporciona más herramientas para responder con serenidad cuando la presión aumenta.
En definitiva, concluyó que ninguna organización está exenta de afrontar situaciones complejas: la diferencia radica en la capacidad de sus líderes para reconocer las primeras señales, buscar apoyo especializado y actuar antes de que el margen de maniobra se reduzca.








