CEOs de carne y hueso

por | Mar 21, 2026

Conciliación del líder, liderazgo humanista y nuevas expectativas del CEO. Las marcas empiezan a comprender que detrás del directivo hay una persona real, con hijos, agenda imposible y decisiones que también se toman entre semáforos.

Un CEO termina una reunión estratégica, mira el reloj y calcula si llegará a tiempo al entrenamiento de fútbol de su hija. El móvil vibra con mensajes del comité de dirección. El coche arranca. El semáforo se pone en rojo. Y, de repente, el liderazgo deja de parecer una teoría de management y se parece más a la vida.

Durante años, la narrativa empresarial dibujó al directivo como una figura casi mitológica: siempre disponible, siempre estratégico, siempre impecable. Pero la realidad —más humana, más imperfecta— se ha ido filtrando por las grietas del discurso corporativo.

La iniciativa “Papify” de Alphabet (Grupo BMW), lanzada con motivo del Día del Padre, parte precisamente de esa verdad cotidiana: el vehículo profesional no solo sirve para recorrer kilómetros de negocio, sino también para llevar a los hijos al colegio o a una actividad extraescolar. Una imagen sencilla que revela algo más profundo: el líder no vive en dos mundos separados, sino en uno solo. Ese detalle aparentemente trivial —un CEO conduciendo entre reuniones y responsabilidades familiares— está empezando a cambiar la forma en que las empresas entienden a sus clientes.

El fin del líder de mármol

Durante décadas, la cultura empresarial ha celebrado la disponibilidad total como sinónimo de éxito. Cuantas más horas, más compromiso; cuanto menos descanso, más liderazgo.

Pero algo ha empezado a resquebrajar ese relato. El informe Approaching the Future 2025 subraya que el liderazgo responsable y la gestión de intangibles —como la confianza o la reputación— se han convertido en factores estratégicos para las organizaciones. En un entorno de incertidumbre social y tecnológica, la legitimidad de las empresas depende cada vez más de la calidad humana de quienes las dirigen. Traducido a la vida real: el líder perfecto ya no genera admiración; genera distancia.

En cambio, el líder que reconoce su humanidad —su cansancio, sus límites, sus responsabilidades familiares— genera algo más valioso: conexión. No es casualidad que cada vez más CEOs hablen públicamente de conciliación, bienestar o vulnerabilidad. No se trata de marketing emocional. Se trata de credibilidad.

El líder ya no puede permitirse ser una estatua. Tiene que ser una persona.

Cuando las marcas descubren al CEO como persona

Aquí aparece un cambio interesante para las empresas de servicios profesionales. Tradicionalmente, muchos productos dirigidos a directivos se diseñaban pensando en su rol: CEO, consejero delegado, socio director. Pero cada vez más compañías están descubriendo algo evidente y a la vez revolucionario: antes que cargos, son personas.

La campaña “Papify” conecta con esa idea. Reconoce que el coche de empresa no es solo una herramienta de trabajo, sino una extensión de la vida cotidiana del profesional.

Detrás de esta mirada hay una intuición poderosa: comprender la vida real del líder permite diseñar mejores servicios.

La movilidad, por ejemplo, ya no se interpreta únicamente desde la eficiencia corporativa, sino desde la flexibilidad vital: trayectos profesionales que se mezclan con trayectos familiares, agendas que cambian sobre la marcha, necesidades que no caben en un Excel. En otras palabras, entender al CEO como padre, madre o cuidador no es una concesión sentimental, sino inteligencia de negocio.

El liderazgo también ocurre en el coche

Hay una pequeña metáfora en todo esto. Durante años, la conversación sobre liderazgo se ha producido en salas de juntas. Sin embargo, algunas de las decisiones más humanas —y quizás más importantes— se toman en lugares menos solemnes: un trayecto en coche, una llamada entre reuniones, un pensamiento fugaz antes de llegar a casa.

El psiquiatra Viktor Frankl escribió que el ser humano no busca solo éxito o placer, sino sentido. Tal vez por eso la conciliación se ha convertido en una cuestión tan relevante para los líderes: porque el poder, sin vida, pierde significado.

Y las empresas que comprendan esta dimensión estarán mejor preparadas para acompañarlos. El futuro del liderazgo no pasa por convertir al CEO en una máquina de rendimiento. Pasa por reconocer que dirige una empresa… pero también una vida.

Cuando un CEO encuentra equilibrio, la cultura de toda la organización cambia. Por eso iniciativas aparentemente pequeñas —como reconocer que un directivo también lleva a sus hijos en el coche de empresa— pueden tener un significado mayor del que parece. Abren una conversación que muchas compañías aún no se han atrevido a tener: cómo humanizar el liderazgo sin perder ambición.

Quizá el liderazgo del futuro no se definirá solo por los resultados trimestrales. Tal vez también por algo mucho más cotidiano. La capacidad de llegar a tiempo a casa.

Elena Carrascosa Vela
Elena Carrascosa Vela

Próximos eventos

Te puede interesar