Susana Cabello Cid: «La experiencia aporta intuición; la formación aporta método, perspectiva y capacidad de análisis» 

por Flor Medeot | Sep 7, 2026

¿Se puede aprender a tomar mejores decisiones? Las claves para entrenar el criterio directivo, según la directora del Executive MBA de ESIC.

La creciente complejidad del entorno empresarial exige combinar conocimiento, análisis y capacidad para gestionar la incertidumbre. En este contexto, los programas Executive MBA buscan acelerar ese aprendizaje mediante metodologías prácticas que enfrentan a los participantes a situaciones reales, simulaciones y proyectos con impacto empresarial. 

En una entrevista exclusiva para Canal CEO, Susana Cabello Cid, al frente del Executive MBA de ESIC analiza cómo se entrena la toma de decisiones, qué errores cometen con mayor frecuencia los directivos y por qué, en plena era de la inteligencia artificial, competencias como el pensamiento crítico, la visión transversal del negocio o la capacidad para interpretar los datos marcarán la diferencia en el liderazgo del futuro. 

1. ¿Se puede entrenar la toma de decisiones o depende de la experiencia? 

Sin duda se puede entrenar. La experiencia es fundamental, pero por sí sola no siempre garantiza que aprendamos a decidir mejor. Muchas veces repetimos patrones, reforzamos intuiciones o consolidamos hábitos sin detenernos a analizar por qué hemos tomado una determinada decisión. 

Un Executive MBA acelera ese aprendizaje. En lugar de esperar años para enfrentarte a determinadas situaciones, el participante vive en apenas 18 meses un gran número de decisiones estratégicas a través de casos reales, simulaciones y proyectos empresariales. Pero lo verdaderamente valioso no es solo decidir, sino reflexionar después sobre cómo se ha decidido: qué información se ha utilizado, qué alternativas se descartaron, qué sesgos pudieron influir o qué consecuencias habría tenido otra elección. 

Al final, la experiencia aporta intuición; la formación aporta método, perspectiva y capacidad de análisis. Y cuando ambas se combinan, el directivo desarrolla un criterio mucho más sólido para afrontar la complejidad del entorno actual. 

2. ¿Qué metodologías utiliza un EMBA para decidir en incertidumbre y alta presión? 

En un Executive MBA el aprendizaje está diseñado para que el participante tome decisiones constantemente.  Una de las metodologías más potentes es el método del caso. Analizamos situaciones reales de empresas donde no existe una única respuesta correcta. Los participantes deben posicionarse, defender su criterio y hacerlo con información necesariamente incompleta, exactamente igual que ocurre en la dirección de una empresa. 

A ello se suma nuestro Simulador de negocio, que reproduce el funcionamiento integral de una compañía. Los equipos compiten entre sí tomando decisiones de estrategia, marketing, finanzas, operaciones o personas, y cada decisión tiene un impacto directo sobre los resultados de la empresa simulada. Además, las consecuencias se arrastran de una ronda a la siguiente, lo que obliga a pensar no solo en el corto plazo, sino también en la sostenibilidad de las decisiones. 

Por último, el Trabajo Fin de Máster permite aplicar todo ese aprendizaje a un proyecto real de emprendimiento o intraemprendimiento. Es ahí donde el conocimiento deja de ser académico para convertirse en transformación empresarial. 

3. ¿Cuáles son los errores más frecuentes de los directivos y cómo se trabajan? 

Uno de los errores más habituales es creer que decidimos de forma completamente objetiva. Todos tenemos sesgos cognitivos que influyen en nuestras decisiones: tendemos a buscar información que confirme nuestras ideas, a confiar demasiado en nuestra experiencia o a dar un peso excesivo a la primera información que recibimos. 

Por eso trabajamos desde el inicio el pensamiento crítico. Antes de enseñar herramientas, ayudamos a que los participantes sean conscientes de cómo piensan y de cómo toman decisiones. 

Otro error frecuente es analizar los problemas desde una única función de la empresa. Un director financiero observa la realidad desde las finanzas; un director comercial desde las ventas. Sin embargo, las decisiones estratégicas siempre tienen impacto en toda la organización. El EMBA rompe esa visión funcional y desarrolla una perspectiva verdaderamente transversal. 

Y, por último, trabajamos la capacidad de basar las decisiones en datos sin caer en la idea de que los datos lo resuelven todo. La analítica es imprescindible, pero el criterio directivo sigue siendo insustituible. 

4. En un contexto de IA, velocidad y sobrecarga de información, ¿qué competencias son imprescindibles? 

Paradójicamente, cuanto más avanza la tecnología, más valor adquieren las capacidades humanas. 

Hoy cualquier profesional puede obtener información en segundos gracias a la inteligencia artificial. La diferencia ya no está en acceder a la información, sino en saber interpretarla, cuestionarla y convertirla en una buena decisión. 

Por eso considero esenciales cuatro competencias. La primera es el pensamiento crítico, para distinguir entre una respuesta convincente y una respuesta correcta. La segunda es la capacidad para trabajar con datos y comprender las posibilidades —y también los límites— de la inteligencia artificial. La tercera es la capacidad de priorización, porque dirigir consiste muchas veces en decidir qué no hacer. Y la cuarta es la visión integral del negocio, entendiendo cómo una decisión afecta al conjunto de la organización. 

En ESIC estamos incorporando la inteligencia artificial de manera transversal en el Executive MBA. No como una asignatura aislada, sino como una herramienta que acompaña al directivo en la toma de decisiones en todas las áreas de la empresa. 

5. ¿Cómo se prepara a los participantes para gestionar el riesgo y la responsabilidad de decidir? 

Decidir implica asumir incertidumbre y aceptar que no existe la decisión perfecta. Lo importante es aprender a gestionar ese riesgo con criterio. 

En el simulador empresarial, por ejemplo, las decisiones tienen consecuencias reales dentro del ejercicio. Si un equipo toma una mala decisión estratégica, deberá gestionar sus efectos en las siguientes rondas. Esa continuidad reproduce bastante bien la realidad de la empresa: las decisiones no son una cuestión puntual, generan nuevas situaciones sobre las que hay que seguir decidiendo y construyendo. 

Pero también trabajamos otra dimensión que considero igual de importante: el impacto humano de las decisiones. Un directivo no solo decide sobre presupuestos o estrategias; decide sobre personas, equipos, confianza y cultura organizativa. Por eso insistimos en que el liderazgo exige combinar rigor analítico con responsabilidad. 

Además, a partir de octubre 2026 en Madrid el programa incorpora un proceso de mentoring ejecutivo individual que ayuda a cada participante a fortalecer su propio criterio y a reflexionar sobre los retos reales de su desarrollo profesional. 

6. ¿Qué papel juegan el trabajo en equipo, la diversidad de perspectivas y el debate entre directivos? 

Probablemente sea uno de los mayores valores de un Executive MBA. En nuestras aulas coinciden directivos de sectores, empresas, funciones y trayectorias muy diferentes. Esa diversidad convierte cada sesión en un espacio de aprendizaje extraordinariamente enriquecedor. 

Cuando un caso se debate en clase, no solo se analizan distintas soluciones; se descubren formas completamente diferentes de interpretar un mismo problema. Esa confrontación de perspectivas obliga a cuestionar las propias certezas y amplía enormemente la capacidad de análisis. 

Además, gran parte del programa se desarrolla en equipos. Porque la realidad empresarial funciona así: las decisiones estratégicas rara vez las toma una única persona. Se construyen conjuntamente, se contrastan, se negocian y finalmente se comunican para conseguir el compromiso de toda la organización.  Aprender a escuchar, argumentar, negociar y generar consenso forma parte del entrenamiento para decidir mejor. 

7. ¿Qué transformación experimenta un profesional al finalizar un EMBA? 

La transformación más evidente es que deja de pensar únicamente desde su especialidad para comenzar a pensar como un directivo con visión global. 

Los participantes llegan siendo excelentes profesionales en un área concreta y salen comprendiendo cómo interactúan todas las funciones de la empresa. Empiezan a analizar los problemas desde una perspectiva mucho más amplia, priorizan con mayor criterio y toman decisiones considerando tanto el impacto económico como el organizativo y humano. 

También desarrollan una mayor capacidad para decidir en escenarios de incertidumbre. Aprenden que no siempre dispondrán de toda la información y que, aun así, deberán asumir la responsabilidad de decidir. 

Y hay una transformación que quizá es menos visible, pero que termina siendo una de las más valiosas: la red de compañeros que construyen durante el programa. Esa comunidad de directivos se convierte en un espacio permanente para compartir experiencias, contrastar decisiones y seguir aprendiendo mucho después de haber finalizado el Executive MBA. En un entorno tan cambiante como el actual, contar con esa red de confianza es, en sí mismo, una ventaja competitiva. 

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Flor Medeot
Flor Medeot

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