Por Jorge F. Schnura | Mientras los focos apuntan hacia los modelos de lenguaje y la automatización, la tecnología blockchain sigue siendo la respuesta.
Parece que todo lo que no es inteligencia artificial ha dejado de existir. Que la IA lo ha eclipsado todo. Y es comprensible. Los avances de los últimos años en este campo son extraordinarios, y resulta difícil apartar la mirada. Sin embargo, mientras los focos apuntan hacia los modelos de lenguaje y la automatización, la tecnología blockchain sigue avanzando con paso firme. Y lo que es más importante, sigue siendo la respuesta a problemas que la inteligencia artificial, por sí sola, no puede resolver.
En plena era de la IA, el blockchain importa
Llevo vinculado a la tecnología blockchain desde 2012, cuando compré mi primer bitcoin. Lo que entonces parecía un experimento de nicho hoy es reconocido como un activo financiero legítimo por las grandes gestoras de fondos del mundo. Pero bitcoin nunca fue el destino, sino el punto de partida. Lo verdaderamente transformador es lo que subyace: una tecnología capaz de registrar, verificar y transferir información de manera segura, transparente y sin intermediarios.
“La tecnología blockchain sigue avanzando con paso firme. Y lo que es más importante, sigue siendo la respuesta a problemas que la IA, por sí sola, no puede resolver”, Schnura.
Para explicarlo de manera sencilla, suelo recurrir a un paralelismo muy básico. Si yo saco un billete de diez euros de mi cartera y te lo doy, ese billete ahora es tuyo y deja de ser mío. Nadie ha intervenido, no ha sido necesaria la ayuda de un tercero que intermedie o testifique. La tecnología blockchain es este mismo proceso aplicado a cualquier tipo de información digital: un mensaje, una transacción financiera, un contrato, un título de propiedad.
¿Y por qué esto importa hoy, en plena era de la inteligencia artificial? Precisamente porque la IA amplifica los problemas que blockchain está diseñada para resolver. Los modelos de IA se alimentan de datos masivos, y esos datos son nuestros: nuestras búsquedas, nuestras interacciones, nuestras preferencias. Son lo que yo llamo nuestros yoes digitales. En la web actual, esos datos pertenecen a un puñado de grandes corporaciones que los utilizan para su propio beneficio. La inteligencia artificial, sin un marco de propiedad digital adecuado, no hace sino profundizar ese desequilibrio.
Dueños de nuestros datos
La tecnología blockchain ofrece la solución. A través de ella, cada individuo puede ser dueño de sus datos y decidir cómo, cuándo, con quién y a cambio de qué contraprestación los comparte. No se precisa depositar la confianza en ningún intermediario ni autoridad central. Es lo que se conoce como trustless: la propia tecnología garantiza la seguridad y la transparencia sin que tengamos que confiar en nadie. Además, con los recientes avances, es capaz de hacerlo de manera totalmente anónima.
Desde una perspectiva financiera, los avances son ya una realidad. Las transacciones en redes como Ethereum cuestan fracciones de céntimo y se ejecutan en segundos, frente a los días y las comisiones de la banca tradicional. La normativa europea MiCA y la reciente regulación americana han establecido un marco regulatorio que legitima y protege al inversor. Grandes bancos como Standard Chartered, Goldman Sachs o el BBVA, entre muchos otros, ya operan directamente en el blockchain. El debate sobre si esta tecnología tiene futuro está superado. El futuro ya está aquí.
“La propia tecnología garantiza la seguridad y la transparencia sin que tengamos que confiar en nadie. Además, es capaz de hacerlo de manera totalmente anónima”, Schnura.
Pero el potencial va mucho más allá de las finanzas. Sistemas de votación inmutables, historiales médicos bajo el control del paciente, credenciales educativas verificables, cadenas de suministro transparentes, protección efectiva de la propiedad intelectual. Es incluso el único entorno sobre el que una IA puede operar de manera realmente autónoma, sin impersonar a ningún humano ni atentar contra los términos y condiciones de plataformas online. Todo ello es posible gracias a los contratos inteligentes y las aplicaciones descentralizadas que operan sobre redes blockchain.
Escribí Hacia un internet más libre con la convicción de que la web 3.0 es una evolución inevitable y que podemos recuperar el control sobre nuestra libertad e identidad digital. Y como ocurre con toda nueva tecnología, seguimos en las primeras etapas de desarrollo, en ese tramo inicial de la curva de adopción antes de que se acelere.
“La inteligencia artificial y la blockchain no son rivales, son complementarias. Juntas, son la base de un internet más justo”, Schnura.
La inteligencia artificial y la blockchain no son rivales, son tremendamente complementarias. La IA necesita de la blockchain para operar de manera autónoma dentro de un marco ético y transparente, y la blockchain se beneficia de la IA para optimizar sus procesos y utilidad. Juntas, son la base de un internet más justo.
El cambio está en nuestras manos.
Jorge F. Schnura

Founding Partner & CEO | Turing Capital
Co-Founder & Chairman | Veris Labs
Jorge Schnura es un destacado emprendedor español, conocido por su trayectoria en tecnología, startups y criptoactivos. Actualmente es socio fundador y CEO de Keyrock Asset & Wealth Management, antes Turing Capital, una gestora de fondos y patrimonios especializada en activos digitales. Durante sus estudios de Administración de Empresas en IE University fundó Tyba, plataforma que llegó a ser el marketplace de empleo para startups más grande de Europa y fue adquirida por Graduateland en 2015. Posteriormente creó source{d}, startup de inteligencia artificial aplicada al desarrollo de software, y MAD Lions, hoy conocido como Movistar KOI, uno de los principales clubes de esports del mundo, el cual sacó a bolsa en Toronto en 2021, después de su fusión con Overactive Media. Jorge comenzó a invertir en criptoactivos en 2012 y, además, ha sido profesor en IE Business School y IE University, asesor de la Comisión Europea en la iniciativa Digital Jobs & Skills y consejero en diversas empresas tecnológicas.








