¿Eres CEO? Abúrrete en 2026

por | Ene 6, 2026

En 2026, la revolución más silenciosa del liderazgo será volver a aburrirse. Lejos de la pereza, el aburrimiento es el nuevo lujo mental que los CEOs necesitan para pensar mejor, crear más y decidir con calma en un mundo hiperconectado.

¿Hace cuánto que no te aburres? No hablamos de esos segundos entre reunión y reunión en los que revisas el móvil. Hablamos de aburrirte de verdad: sin pantallas, sin tareas, sin la urgencia de estar disponible. La psicóloga Marian Rojas lo resume con claridad en una entrevista con 20Minutos: “Quiero que la gente vuelva a aburrirse. Eso sí, sin móvil. Necesitamos divagar”.

El aburrimiento consciente, ese que parecía una pérdida de tiempo, es en realidad el espacio donde se gestan las grandes ideas y la claridad mental. Y los CEOs, atrapados entre métricas y notificaciones, lo necesitan más que nadie.

La hiperconexión: la nueva adicción del CEO

El cerebro directivo del siglo XXI está sobrealimentado. Reuniones, alertas, informes, notificaciones… una dieta diaria de estímulos que no deja hueco ni para un bostezo. “La hiperestimulación constante nos impide aburrirnos —al menos de forma consciente— y ha convertido el silencio en una amenaza”, explicaba la psicóloga Olga Albaladejo a Cuídate Plus. Porque el aburrimiento, recuerda, “no es falta de actividad, sino una desconexión entre lo que hacemos y lo que necesitamos en ese momento”.

Esa desconexión, tan poco sexy en las agendas corporativas, es precisamente la que restaura el equilibrio mental. La investigadora Sandi Mann, de la Universidad de Lancashire, descubrió que el aburrimiento puede aumentar la creatividad hasta un 40%. Cuando el cerebro se apaga del ruido, se enciende la imaginación.

El profesor Arthur C. Brooks, de Harvard, lo llama “descanso activo”: esos momentos en los que la mente, sin producir, reorganiza pensamientos, prioridades y propósitos. En su artículo para Harvard Business Review advierte que “el aburrimiento necesita rehabilitación en nuestra cultura moderna”. Quizás también en nuestras salas de juntas.

El aburrimiento como músculo directivo

El aburrimiento es al cerebro del CEO lo que el silencio al músico: la pausa que da sentido a la partitura. No es un lujo, es una estrategia. Muchos de los mayores descubrimientos —y también las mejores ideas empresariales— nacieron en momentos de aparente inactividad: Einstein paseando, Newton bajo un manzano o tú, CEO, bajo la ducha de un lunes cualquiera. La neurociencia lo explica con elegancia: durante esos instantes, el cerebro activa su red en modo predeterminado, ese espacio mental donde florece la creatividad.

La psicóloga Olga Albaladejo lo traduce en clave práctica: “microvacíos”. Breves pausas sin móvil ni estímulos. Mirar por la ventana. Caminar sin auriculares. Regar las plantas sin pensar en la próxima reunión. Solo necesitamos 15 minutos diarios de desconexión real para restaurar la atención y reducir la sobrecarga cognitiva”, asegura. Quince minutos que, paradójicamente, multiplican la productividad.

La psiquiatra Marian Rojas apunta al enemigo invisible: la dopamina exprés. Cada notificación, cada correo, cada “ping” alimenta una adicción a la gratificación inmediata. “Vivimos en modo alerta, conectando y resolviendo sin frenar nunca”, advierte. Por eso tantos líderes confunden movimiento con avance. Pero sin esos paréntesis de aburrimiento, el cerebro no cambia de marcha. Se queda en modo reactivo, incapaz de acceder a la reflexión profunda. Y sin reflexión, las decisiones se vuelven impulsivas, las estrategias, cortoplacistas y la creatividad, lineal.

Cómo aburrirse sin sentirse culpable

Aburrirse se ha convertido en un acto de rebeldía. En un mundo donde las agendas se miden por minutos y los correos por ego, parar parece casi un delito. Lo dijo Zygmunt Bauman: “La lentitud es el nuevo escándalo social”. Pero la ciencia respalda a los que se atreven a bajar el ritmo.

El profesor Arthur Brooks propone tres gestos sencillos para domesticar el vacío mental:

  • Desconexión voluntaria. Apaga las notificaciones durante diez minutos y deja que la mente vague sin rumbo.
  • Caminar sin destino. No se trata de llegar a ningún sitio, sino de permitir que el pensamiento fluya.
  • Esperar sin hacer. Ese momento frente a la cafetera o en la cola del aeropuerto es oro puro para el cerebro.
  • Otros ejercicios efectivos son realizar tareas monótonas a propósito. Por ejemplo, ordenar un cajón o regar una planta ayuda a que el cerebro reorganice sus conexiones. Sencillos de aplicar son la espera sin distracciones -no saques el móvil en la cola del café: observa, escucha, respira-, delega el ruido (no todo requiere respuesta inmediata. Dar espacio entre estímulos y decisiones mejora la calidad del pensamiento) o celebra la lentitud. Convierte el “no hacer” en parte de la cultura de tu empresa: reuniones más cortas, correos más tarde, mentes más lúcidas.

La neurocientífica Alicia Walf, del Instituto Politécnico Rensselaer, demostró que las mejores ideas llegan cuando estamos aburridos. En esos minutos en los que parece que no pasa nada, el cerebro conecta piezas que antes estaban dispersas. De ahí que empresas pioneras como Google o Basecamp hayan institucionalizado los “viernes sin reuniones” o las Deep Work Hours. Lo improductivo, a veces, es el verdadero motor de la productividad.

Así que sí, aburrirse requiere coraje. Pero también entrenamiento. “No necesitamos grandes ratos de aburrimiento, sino volver a tolerar microvacíos”, recuerda Albaladejo. Un CEO que se permite parar no se rinde: se recarga.

Del FOMO al poder del vacío

El FOMO (Fear of Missing Out), ese miedo a perdernos algo, es la nueva pandemia corporativa. Según Mujer Hoy, siete de cada diez españoles padecen nomofobia: temor a quedarse sin teléfono. Para un CEO, eso se traduce en el síndrome de la omnipresencia: estar en todo, todo el tiempo.

La paradoja es que el cerebro necesita justo lo contrario. “Soñar despierto puede aumentar la plasticidad cerebral y mejorar la memoria”, recordaba Marian Rojas en 20Minutos. El aburrimiento no apaga la mente, la flexibiliza. Nos permite reconectar con lo esencial: las emociones, la intuición, las prioridades.

En el fondo, el aburrimiento no es un fallo del sistema, sino su mecanismo de mantenimiento. Una actualización silenciosa del software mental.

Beneficios del aburrimiento (según la ciencia)

Los expertos coinciden: aburrirse no te resta liderazgo, te devuelve lucidez. Estos son algunos efectos avalados por la investigación psicológica y neurológica:

  • Más creatividad. La investigación de Sandi Mann (Universidad de Lancashire) demostró que el aburrimiento aumenta la creatividad hasta un 40%.
  • Mejor concentración. Al dar un respiro al cerebro, se restablece la atención sostenida y la claridad mental .
  • Mayor conexión emocional. Marian Rojas explica que esos minutos de inactividad permiten identificar emociones y tomar decisiones más conscientes.
  • Reflexión y propósito. El aburrimiento activa la llamada red en modo predeterminado, donde el cerebro conecta ideas y valores personales.
  • Reducción del estrés. La quietud disminuye la sobrecarga cognitiva y baja los niveles de dopamina inmediata, esa “droga” del multitasking.
  • Sensación de calma y bienestar. Como concluye el psicólogo Simón Bianco, “no hacer nada es la mejor manera de aprender a estar bien con uno mismo”.

El nuevo lujo mental

En 2026, cuando la inteligencia artificial prometa hacerlo todo más rápido y el ruido digital siga subiendo de volumen, quizá el auténtico símbolo de liderazgo sea la lentitud deliberada. Los directivos lúcidos sabrán que el valor no está en la velocidad, sino en el espacio entre estímulos.

Así que, si eres CEO, resérvate una cita diaria con el vacío. Sin culpa, sin agenda, sin pantallas. Mírala como un privilegio, no como una pérdida de tiempo. Es el único momento del día en el que no reaccionarás: pensarás.

Porque solo quien se permite aburrirse puede volver a crear. Y, al fin y al cabo, ¿no es eso —precisamente eso— lo que más necesita hoy un líder?

Elena Carrascosa Vela
Elena Carrascosa Vela

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