La búsqueda de equilibrio, energía y claridad mental ha impulsado una nueva rutina entre directivos. Antes de fijar el próximo reto, hay una decisión que conviene tomar primero: conocer el estado físico desde el que se parte.
Hay una escena que se repite cada vez con más frecuencia. Un ejecutivo termina una reunión, cierra el portátil y cambia la silla de la oficina por unas zapatillas de running. Otros reservan parte del fin de semana para una salida en bicicleta o una carrera popular. Algunos incluso preparan maratones, medias maratones o pruebas de resistencia que hace apenas unos años parecían reservadas a deportistas experimentados.
No se trata de una percepción: el fenómeno tiene reflejo en los datos. Según un informe de Strock Sponsorship & Events Consulting, las 40 principales carreras celebradas en España reunieron a 791.080 participantes durante 2025, una cifra récord que confirma el auge del running como uno de los fenómenos deportivos y sociales más relevantes del país.
De hecho, el informe RUNNÓMETRO 2025, elaborado a partir de más de 3.800 corredores populares, revela que el 63% de los participantes considera que correr les ayuda a gestionar mejor su estado de ánimo y reducir el estrés, mientras que casi dos tercios entrenan más de tres veces por semana.
No es difícil entender por qué. En un entorno marcado por la hiperconectividad, la presión constante y la toma de decisiones complejas, el deporte se ha convertido para muchos líderes en un espacio para recuperar el control, ordenar ideas y recargar energía.
Cuando la autoexigencia también se traslada al deporte
Existe, sin embargo, una paradoja interesante. Los mismos profesionales que analizan riesgos, estudian indicadores y evalúan escenarios antes de tomar decisiones importantes no siempre aplican esa misma lógica cuando se trata de su propia salud.
El deseo de mejorar marcas, participar en nuevas competiciones o recuperar rápidamente la forma física puede llevar a muchas personas a aumentar la intensidad de los entrenamientos sin conocer realmente cuál es su situación física. Una circunstancia especialmente habitual entre quienes retoman el ejercicio después de años de menor actividad o deciden afrontar retos cada vez más ambiciosos.
La práctica deportiva aporta innumerables beneficios, pero también implica una exigencia para el organismo. Factores como la salud cardiovascular, la capacidad funcional o la respuesta al esfuerzo influyen directamente en la forma en que cada persona debería entrenar.
Por ello, los especialistas insisten en la importancia de incorporar la prevención a la práctica deportiva. No se trata de frenar la actividad física, sino precisamente de favorecer una práctica más segura, eficiente y adaptada a las características individuales.
Conocer el punto de partida físico resulta especialmente relevante cuando el ejercicio deja de ser una actividad ocasional para convertirse en un hábito exigente. Desde Sanitas Hospitales recuerdan que una valoración previa permite identificar posibles factores de riesgo y adaptar el entrenamiento a las necesidades reales de cada persona.
Entrenar con datos también es una forma de liderazgo
La cultura empresarial ha demostrado durante años el valor de los datos para anticipar problemas y mejorar resultados. El deporte parece avanzar en la misma dirección.
Hoy, muchos corredores utilizan relojes inteligentes, aplicaciones y métricas avanzadas para monitorizar su rendimiento. Sin embargo, disponer de información sobre kilómetros recorridos, ritmo o frecuencia cardíaca no siempre ofrece una visión completa del estado de salud. Conocer cómo responde el organismo al esfuerzo sigue siendo un aspecto fundamental para entrenar con seguridad y sostenibilidad.
En este sentido, los reconocimientos médicos deportivos están ganando protagonismo como parte de una visión más integral del bienestar.
Sanitas Hospitales ofrece este tipo de evaluaciones con el objetivo de proporcionar una valoración completa del estado físico antes de afrontar nuevos retos deportivos. Una información que ayuda a comprender mejor las capacidades del organismo y a practicar ejercicio con mayores garantías.
Porque el verdadero reto no consiste únicamente en llegar más lejos o más rápido. También pasa por hacerlo de forma sostenible, igual que ocurre en el liderazgo. El éxito a largo plazo depende menos de los esfuerzos puntuales que de la capacidad para mantener el rendimiento a lo largo del tiempo.






