Existe una delgada línea entre querer algo y lograrlo, en el ámbito laboral se llama esfuerzo. Un exceso de refuerzo positivo en los equipos puede acabar desdibujándola y creando una falsa percepción de que sólo con ambición estaremos cerca de nuestras metas.
Desde hace 15 años, el informe PISA evalúa a nivel internacional a los estudiantes y sistemas educativos. En el caso de España lleva tres lustros sacándonos los colores y, edición tras edición, sitúa el porcentaje de alumnos excelentes en el 5,9%. Es decir, es más que conveniente que el 94,1% restante sea consciente de que para tratar de alcanzar a los mejores se requiere de perseverancia, colaboración, curiosidad y actitud. Cualidades que nos ayudan a desarrollar las fortalezas individuales y, en consecuencia, dejar una huella diferencial sobre cualquier proyecto organizativo en el que estemos involucrados. Algo perfectamente extrapolable al ámbito laboral.
Porque… no todos somos excelentes. Por mucho que lo ansiemos, no todos podemos alcanzar la excelencia en todas las facetas y actividades de la vida. Y deberemos dotarnos de los equipos, competencias y herramientas necesarias para llegar cuando el talento se detiene.
Si quieres… ¿puedes?
La psicología positiva en el ámbito laboral comenzó a ganar relevancia en los años 90 y ha sido un gran avance en el camino hacia las organizaciones ‘people centric’. A partir de ese momento, la psicología industrial comenzó a enfocarse en los aspectos positivos del trabajo, como la satisfacción laboral, el engagement y el bienestar psicológico de los trabajadores. Desde entonces, se ha desarrollado aplicando principios como el optimismo, la motivación y la regulación emocional para lograr un entorno laboral más satisfactorio y productivo.
Sin embargo, una interpretación errónea de sus directrices, e incluso aplicarla en exceso puede llevarnos a una palpable falta de realismo. Un enfoque excesivamente positivo puede hacer que los empleados ignoren problemas o desafíos reales en el trabajo, y olviden establecer los necesarios límites para preservar su bienestar emocional.

Mensajes motivadores excesivamente edulcorados pueden alejarnos de la realidad y hacer que confrontarla sea un jarro de agua fría.
Pasarse de frenada como líder puede derivar en los siguientes efectos adversos y perjudiciales para las personas que componen la organización o el propio directivo:
1. Negación de emociones negativas: Al enfatizar constantemente lo positivo, se corre el riesgo de minimizar o negar las emociones negativas, lo que puede afectar la salud mental y la resiliencia.
2. Presión para ser feliz todo el tiempo o happycracia: La expectativa de mantener una actitud positiva constante puede generar estrés y ansiedad en los empleados. No en vano, según un reciente estudio de Gallup, en España sólo el 10% de los trabajadores se siente feliz.
3. Desvalorización de críticas constructivas: Si se ignora por completo el lado negativo, se pierde la oportunidad de aprender y mejorar a partir de la retroalimentación constructiva.
La motivación de un líder debe discurrir en un equilibrio saludable entre la psicología positiva y la aceptación de la realidad, base fundamental para un entorno laboral sostenible y productivo.







