Los puntos ciegos de la IA

por | Ene 15, 2026

En 2026, uno de los mayores retos para los CEOs no está en la tecnología en sí, sino en los puntos ciegos de la IA: zonas sin visibilidad que pueden comprometer la estrategia, la ciberseguridad y la gobernanza digital.

En la antesala de 2026, los líderes empresariales se enfrentan a un fenómeno inquietante: no saber qué no saben sobre la inteligencia artificial que operan dentro de sus organizaciones. Según las predicciones de ciberseguridad de Proofpoint para el próximo año, la falta de visibilidad sobre el uso de IA —especialmente la generativa y la agéntica— se perfila como una de las preocupaciones más serias para los responsables de seguridad y dirección estratégica. Esto se traduce en “puntos ciegos” que ni las mejores defensas actuales logran cubrir, con implicaciones profundas para la gestión, el riesgo y la confianza corporativa.

Para un CEO, estos puntos ciegos no son meros detalles técnicos: son grietas que pueden erosionar la inteligencia colectiva de la organización y poner en jaque su posición como arquitecto del cambio y garante de la gobernanza digital. En un entorno donde los agentes de IA actúan sin supervisión clara y donde incluso los proveedores y socios externos pueden operar con sistemas autónomos sin control, el riesgo no es solo tecnológico: es estratégico y de reputación.

¿Qué es un punto ciego de la IA? Más allá del término técnico

Los puntos ciegos de la IA son áreas donde la organización no tiene visibilidad ni control real sobre qué modelos se usan, cómo procesan datos o qué decisiones automatizan. Esto puede ocurrir tanto en sistemas internos como en herramientas de terceros, y es especialmente crítico cuando la IA interactúa con datos sensibles o toma decisiones que afectan a clientes, empleados o procesos clave.

Por ejemplo, Gartner ha señalado que tecnologías como la llamada Shadow AI —IA utilizada sin supervisión del área de TI o de gobernanza— están convirtiéndose en una fuente creciente de riesgos porque nadie sabe realmente qué datos se comparten con esos sistemas ni con qué propósitos. En otras palabras, el CEO puede pensar que la empresa domina su infraestructura de IA cuando, en realidad, hay herramientas actuando “en la sombra”, fuera de cualquier control corporativo.

Este fenómeno no solo complica la detección de amenazas de seguridad, sino también el cumplimiento normativo. Con herramientas como el AI Act europeo que entrarán en plena vigencia en 2026, las empresas deberán demostrar no solo que usan IA, sino que lo hacen de manera transparente, verificable y conforme a los estándares de seguridad y ética.

El AI Act es el primer marco regulatorio integral del mundo para la inteligencia artificial, diseñado para promover una IA confiable, segura y centrada en las personas. Establece un enfoque basado en el riesgo, clasificando los sistemas de IA según su potencial de impacto y aplicando obligaciones proporcionales (desde transparencia y gestión de riesgos hasta prohibiciones de usos inaceptables). La normativa exige criterios estrictos de seguridad, protección de derechos fundamentales y transparencia de los modelos, al tiempo que fomenta la innovación responsable. Su implantación será progresiva, con exigencias aplicables desde 2024-2026 y sanciones de hasta el 7 % de la facturación global por incumplimiento.

El CEO como arquitecto de inteligencia colectiva

Frente a este panorama, el rol del CEO se transforma. Ya no basta con supervisar procesos, optimizar recursos o definir estrategias tecnológicas: ahora debe diseñar un marco de inteligencia colectiva que incorpore tanto a personas como a sistemas automatizados. Esto exige:

  • Visibilidad integral: romper los silos y asegurar que cada uso de IA esté registrado, evaluado y alineado con la estrategia corporativa.
  • Gobernanza y responsabilidad: integrar políticas claras sobre quién puede usar qué sistemas, con qué datos y bajo qué controles.
  • Cultura de control compartido: educar a la organización sobre los riesgos y oportunidades de la IA, desde la dirección hasta cada empleado, para minimizar la aparición de herramientas no gobernadas.

La investigación de Kiteworks resalta este punto: el compromiso del consejo directivo con la gobernanza de IA es la principal señal de preparación de una empresa, y aquellas organizaciones que no colocan este tema entre sus prioridades clave quedan significativamente rezagadas en capacidades de IA en torno a seguridad, control humano y evaluación de impacto.

En otras palabras, el CEO que comprende que la inteligencia colectiva no es sólo una suma de talentos humanos y máquinas, sino un sistema integrador que requiere visibilidad, confianza y gobernanza, tendrá una ventaja competitiva clara en este nuevo entorno.

Puntos ciegos que se sienten en la estrategia y en la marca

Los riesgos asociados a estos puntos ciegos son múltiples:

  • Seguridad de datos: agentes de IA con permisos excesivos pueden filtrar información sensible o ser explotados por atacantes como “identidades” autónomas.
  • Cumplimiento y regulación: sin visibilidad completa, es difícil cumplir con requisitos de trazabilidad y auditoría, especialmente bajo marcos como el AI Act o estándares de ciberseguridad alineados con NIS2 o ISO 27001.
  • Decisiones automatizadas no alineadas: cuando los modelos operan sin supervisión, pueden tomar decisiones que contradicen los valores de la empresa o que generan sesgos no detectados, con impacto reputacional y legal.

Estudios recientes advierten que muchas organizaciones aún no cuentan con equipos o habilidades adecuadas para enfrentar estos riesgos, ya que los equipos tradicionales de ciberseguridad no están necesariamente preparados para abordar vulnerabilidades específicas de la IA.

Del peligro a la ventaja: gobernanza como estrategia corporativa

El desafío de los puntos ciegos obliga a los CEOs a pensar en la IA no como un conjunto de herramientas a utilizar, sino como un ecosistema que hay que gobernar, integrar y humanizar. Y esa gobernanza no es sólo un requisito defensivo: es una ventaja competitiva. Aquellas organizaciones que logren articular un modelo de IA transparente, responsable y alineado con sus valores y objetivos estratégicos estarán mejor posicionadas para innovar con seguridad y confianza.

Porque en 2026, la IA será tanto la herramienta como el objetivo, y entender dónde están sus límites invisibles será una habilidad directiva tan esencial como lo fue, en otro tiempo, gestionar el capital financiero o la relación con el cliente

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