No habíamos salido de una alegría y nos metíamos en otra. La jornada del 14 de julio fue una de esas para recordar, al menos para los amantes del deporte mayúsculo, aquel que entiende de esfuerzo y disciplina, de pasión y de ilusión, que la diversidad aglutina y que, una vez más, el equipo hace la fuerza. Carlos Alcaraz ganaba su cuarto título de Grand Slam con tan solo 21 años. Y con ese buen sabor de boca y una tarde de verano por delante, nos deleitábamos en el sueño de triunfar además sobre el césped del Estadio Olímpico de Berlín. No se quedó en un sueño, España conseguía su cuarta Eurocopa entrada la noche. El liderazgo del murciano y de un equipo de fútbol que ya ha sido bautizado como el más diverso y plural de la historia, ha quedado patente. Una vez más, el liderazgo deportivo ha dado una lección a ese otro empresarial que, seguro, sin duda, tomará buena nota de los valores demostrados y de los éxitos que se pueden cosechar a través de ellos.Ya ha ocurrido en ocasiones anteriores. Afortunadamente, en España la cantera suele dar muchas alegrías. Y ahora, seguimos expectantes las Olimpiadas. Pero a veces conviene recordar que ante la dificultad, solo los y las mejores se vienen arriba.
El deporte como revulsivo
El deporte es un revulsivo. Capaz de inspirar a nuevas generaciones y aportar valores, ya sea a la empresa o a la sociedad, que sin este serían más difíciles de digerir, o al menos de una forma mucho más lenta o discutida.
Fran Garrigós, medalla de bronce en judo en los JJOO de París 2024







