Arantxa Sanz: “La innovación solo tiene sentido cuando llega al paciente y llega a tiempo”

por | Mar 7, 2026

El futuro de la innovación en salud pasa por colaboración público-privada, tecnología con impacto real y cadenas de valor eficientes. Así se debatió en el Desayuno Canal CEO celebrado en la plataforma de Nacex junto a líderes del ecosistema biomédico.

El futuro de la innovación en salud no depende únicamente del avance científico. Depende, cada vez más, de la capacidad de coordinar a todos los actores que forman parte de una cadena de valor compleja: investigación, hospitales, startups, industria, reguladores y logística sanitaria.

Ese fue el punto de partida del Desayuno Canal CEO celebrado el 6 de marzo en la plataforma de Nacex, que reunió a quince profesionales del ecosistema sanitario —laboratorios, empresas tecnológicas, distribuidores y proveedores— para reflexionar sobre uno de los grandes desafíos del sector: cómo conseguir que la innovación biomédica llegue al paciente de forma ágil, segura y con impacto real.

La conversación estuvo liderada por Arantxa Sanz, CEO de Catalonia.health, y Mariona Serra-Pagès, directora general de GoodGut (Grupo Hipra) y presidenta de Catalonia.health, dos voces que conocen bien la complejidad del ecosistema sanitario y la dificultad de transformar conocimiento científico en soluciones que mejoren la vida de las personas.

Porque innovar en salud no es solo descubrir. Es conseguir que esa innovación atraviese todo el sistema. Y llegue, finalmente, al paciente.

La medicina que viene: más personalizada, más participativa

La medicina está cambiando de apellido. O, mejor dicho, está ganando cinco. Sanz habló de la medicina 5P: personalizada, participativa, preventiva, predictiva y con impacto social en el paciente. Un modelo donde el paciente deja de ser un receptor pasivo para convertirse en protagonista.

“Los pacientes están cada vez más informados, tienen más acceso a sus datos y quieren participar en las decisiones sobre su salud”, explicó. Ese cambio obliga a replantear cómo se diseñan las soluciones médicas. No basta con que una tecnología funcione en laboratorio: también debe demostrar valor para quien la utiliza.

“Tenemos que incorporar la visión del paciente incluso como parte de la evidencia de una tecnología”, señaló Sanz.

Una idea que resonó entre los asistentes. Porque la innovación sanitaria ya no se mide solo en papers científicos, sino en impacto real. Y eso introduce una pregunta urgente para cualquier organización sanitaria: ¿de qué sirve una gran innovación si no llega a quien la necesita?

Cataluña: un ecosistema que ha sabido conectar ciencia y empresa

El caso catalán apareció pronto en la conversación. Cataluña se ha consolidado como uno de los grandes hubs biomédicos europeos: concentra el 54% de los fabricantes farmacéuticos de España y el sector salud representa cerca del 7% del PIB catalán. Además, el país participa en el 92% de los ensayos clínicos realizados en España, situándose entre los líderes europeos en investigación biomédica.

Pero más allá de las cifras, Mariona Serra Pagés subrayó algo más interesante: el modelo. “Tenemos hospitales de referencia, universidades y centros de investigación muy potentes. Sobre esa excelencia científica se ha construido una industria”, explicó.

El ecosistema se completa con algo que no siempre se ve: fondos de inversión especializados en salud, que llevan dos décadas apostando por la transferencia tecnológica. Solo el año pasado, este entorno captó 517 millones de euros entre inversión privada y ayudas competitivas europeas.

Cuando ciencia, empresa y financiación dialogan, la innovación deja de ser una promesa. Y empieza a convertirse en industria.

Innovar también es resolver problemas pequeños

A veces la innovación se imagina como un laboratorio futurista. Pero muchas veces empieza con un problema cotidiano.

Sanz puso ejemplos muy concretos de proyectos impulsados desde Catalonia.health junto a hospitales. Uno de ellos: los retos de innovación hospitalaria. Equipos médicos y empresas trabajan durante meses en soluciones muy específicas.

Como el caso del Hospital del Mar, donde un problema aparentemente trivial —la desaparición de sillas de ruedas, a veces utilizadas por turistas para pasear— obligó a rediseñar el sistema de gestión.

Otro ejemplo llega desde el Hospital Sant Joan de Déu, con el programa AI for Kids, que busca impulsar tecnologías médicas pensadas específicamente para niños.

“Muchas soluciones sanitarias se diseñan pensando en adultos y luego se adaptan”, explicó Sanz. Pero en salud, los matices importan. Mucho.

El orgullo de la innovación: cuando llega al paciente

Si hay un momento que justifica años de investigación es ese en el que una solución llega al hospital. O, mejor dicho, al paciente. Mariona Serra-Pagès lo explicó con una mezcla de rigor científico y emoción empresarial. “De lo que más orgullosa me siento es cuando el producto que has imaginado para resolver un reto de salud llega al paciente”.

En GoodGut trabajan precisamente en eso: diagnósticos avanzados para mejorar el cribado del cáncer colorrectal. Hoy uno de los problemas es la tasa de falsos positivos. “En los programas de cribado hay cerca de un 40% de falsos positivos, lo que provoca muchas colonoscopias innecesarias”, explicó. Eso no solo genera ansiedad en los pacientes. También consume un recurso hospitalario muy limitado.

Reducir esos falsos positivos significa liberar capacidad médica. Y salvar vidas antes.

El gran reto: que la innovación no se quede en el camino

Pero si la ciencia avanza, ¿por qué tantas innovaciones tardan años en llegar al mercado?

La conversación derivó rápidamente hacia un tema complejo: la regulación. Serra-Pagès recordó cómo el escándalo de los dispositivos médicos en 2011 provocó una reacción regulatoria europea muy estricta. El problema es que muchas startups y pymes innovadoras no tienen recursos para navegar ese sistema.

Por eso, defendió la creación de consorcios público-privados que ayuden a las pequeñas empresas a certificar sus tecnologías. “Necesitamos diálogo transparente con la administración para generar confianza”, señaló.

La colaboración público-privada fue uno de los grandes consensos del desayuno. Pero no basta con querer colaborar. Hace falta estructura.

Innovación con incentivos reales

Para que la innovación sanitaria fluya, Serra-Pagès planteó tres condiciones clave.

Primero, alinear objetivos entre administración y empresa, que a menudo operan a ritmos muy distintos.

Segundo, crear estructuras que faciliten la colaboración, especialmente desde hospitales con unidades de innovación.

Y tercero, reconocer los incentivos empresariales, especialmente en propiedad intelectual.

Porque la innovación necesita algo tan simple como complejo: confianza. También dentro de los hospitales. Hoy muchos profesionales sanitarios tienen dificultades para implicarse en proyectos innovadores debido a su enorme carga asistencial.

“Falta premiar a los sanitarios que apuestan por la innovación”, apuntó.

El papel invisible de la logística sanitaria

En ese mapa complejo de investigación, regulación, hospitales y startups, hay actores que rara vez aparecen en la conversación pública. Pero sin ellos, el sistema se rompe.

La logística es uno de ellos.

Y ahí es donde entra el papel estratégico de compañías como Nacex, anfitriona del encuentro, cuya red especializada en envíos farmacéuticos y sanitarios garantiza que medicamentos, muestras biológicas o tratamientos sensibles lleguen en condiciones óptimas y en el momento adecuado.

Porque en salud, el tiempo no es solo dinero. Es vida.

El desayuno terminó con una idea sencilla. Pero poderosa. La innovación sanitaria no termina en el laboratorio. Ni en la empresa que la desarrolla. Termina cuando llega al paciente. Y llega a tiempo. Ese es el verdadero examen de cualquier sistema de salud. El que decide si una idea brillante se convierte en progreso… o se queda en promesa.

Elena Carrascosa Vela
Elena Carrascosa Vela

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