El coronel Fernando Del Olmo reflexiona sobre el verdadero liderazgo en las Fuerzas Armadas: dirigir personas desde la confianza, el ejemplo y la humanidad. Porque solo quien sirve con coherencia puede inspirar a su equipo a decir “bien hecho”.
Por Fernando del Olmo, coronel de Infantería de Marina en situación de reserva | Las Fuerzas Armadas españolas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire y del Espacio, están conformadas por más de 120.000 mujeres y hombres, un número notable de personas. El recurso humano constituye, pues, el más importante de cuantos disponen.
Nuestras Fuerzas Armadas son, sin duda, el elemento más representativo de la estructura de Defensa del Estado. Suponen no solo una de sus estructuras más sólidas, sino también un elemento vertebrador de nuestra sociedad, permaneciendo alistadas para cumplir su misión general: garantizar la protección de los intereses estratégicos nacionales.
Para ello disponen de unidades, buques y aeronaves, así como de los órganos de mando y dirección necesarios.
La responsabilidad del mando
La principal responsabilidad de cada uno de sus respectivos jefes, término que deberemos identificar con el de comandante propio de la milicia y cuya función principal es la dirección de personas, es garantizar que su unidad está preparada para cumplir su cometido, ya sea operativo, de mando o de apoyo logístico.
Realizar esta tarea, a priori simple, demanda sin embargo que el jefe, o comandante, cuente con unas características personales que le permitan alinear el grupo humano que conforma su dotación con las tareas que debe cumplir, en muchas ocasiones, en difíciles circunstancias o bajo duras condiciones.
“El mando es, ante todo, dirigir personas.”
Confianza, moral y cohesión
La principal responsabilidad de cada uno de sus respectivos jefes, término que deberemos identificar con el de comandante propio de la milicia y cuya función principal es la dirección de personas, es garantizar que su unidad está preparada para cumplir su cometido, ya sea operativo, de mando o de apoyo logístico. Realizar esta tarea, a priori simple, demanda sin embargo que el jefe, o comandante, cuente con unas características personales que le permitan alinear el grupo humano que conforma su dotación con las tareas que debe cumplir, en muchas ocasiones, en difíciles circunstancias o bajo duras condiciones.
El grado de confianza de su dotación en él y el grado de implicación de éstos en el cumplimiento de sus tareas es algo pues que habrá de cultivar durante los momentos de exigente preparación. El comandante debe articular y saber el modo de aproximarse y dirigirse directamente a ellos, y por qué no, convivir, con los suyos. Debe exponerles qué espera de ellos, qué deben hacer, impulsando decididamente su iniciativa y desarrollando la confianza.
“Una unidad solo permanecerá cohesionada si lo está en torno a las ideas y objetivos de su comandante.”
Es a lo largo de los días de preparación cuando el jefe debe trasladar sus objetivos y tejer las necesarias relaciones humanas, más allá de lo estrictamente profesional. Deberá elevar su espíritu y moral en tiempos de dificultades e inspirarles en tiempos de crisis, agradeciéndoles y reconociéndoles la labor bien hecha. El conjunto de personas de las que es responsable solo estará y permanecerá cohesionado si lo es en torno a unas claras ideas en forma de los objetivos del comandante.
Dirigir también es escuchar
Pero deberá así mismo saber que su dotación, mujeres y hombres, oficiales, suboficiales e infantes de Marina y marineros le mirará desde el primer día esperando sus palabras, no siempre relacionadas con el servicio. Que se dirija hacia ellos de forma directa y sencilla y que ellos esperan, de igual forma, que sus legítimas y honradas aspiraciones, profesionales y personales, también sean escuchadas.
Llegar a este estado requiere pues desarrollar una profunda afinidad para con los suyos y dedicar tiempo, tiempo en muchas ocasiones escaso, pero es éste un aspecto ineludible por su enorme importancia cuando de dirigir personas se trata.
“Dirigir requiere tiempo y afinidad; dos virtudes tan escasas como esenciales.”
El ejemplo como principio
Pero si hay una exigencia por antonomasia en el ejercicio del mando es hacerlo a través del ejemplo. Solo se podrá pedir, exigir, mandar, requerir a los nuestros de modo convincente, ético y concluyente si ven que todo lo requerido de ellos es, primero y, ante todo, auto exigido por el propio jefe.
A la ejemplaridad deberemos unir una alta dosis de determinación. Aquel con responsabilidades en el mando de unidades deberá estar firmemente convencido de lo que les pide y traslada y no contentarse con ello sino perseverar en su actitud a lo largo del tiempo hasta alcanzar los objetivos parciales y con ello el objetivo final.
Durante el tiempo de ejercicio del mando mantener el fino equilibrio entre las necesidades de la unidad y las honradas ambiciones de las personas supone un esfuerzo continuo de rigor profesional y derroche de altas dosis de empatía.
Humanismo frente a la era digital
Hoy, en pleno siglo XXI, cuando todo es versión 4.0, o 5ª Generación en las tecnologías de las telecomunicaciones, y que ya se habla de que pronto será presentada la 6ªG en la transformación digital, no debiéramos perder de vista ciertos elementos de enorme valor en la milicia tales como los presentados aquí; no debiéramos permitir que la niebla tecnológica nos impida ver la luz del humanismo.
El eco del “bien hecho”
Si se alcanza todo lo anterior, cuando el comandante, en la soledad del ejercicio de su mando, escuche atentamente, oirá la voz de quienes le rodearon, le precedieron o le siguieron, susurrándole el único elogio que debiera esperar: “bien hecho”.
Y será entonces cuando entenderá que se ha convertido en un verdadero líder para las personas a su cargo; que ha ejercido, en esencia, un liderazgo humanista.

Fernando Del Olmo es coronel de Infantería de Marina en situación de reserva. Ha ejercido el mando de unidad en todos sus empleos militares. El último, en el Tercio del Sur recogiendo sus experiencias en el libro “Mis días en el Tercio del Sur. Mando vs Liderazgo”.







