Desde que Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, recogió bajo el término Cuarta Revolución Industriallos nuevos modelos de negocio basados en data surgidos en las décadas anteriores, se ha otorgado mucha importancia a las tecnologías asociadas a la digitalización, pero muy poco a la materia prima que han de procesar todas esas herramientas: el dato.

La gestión de los recursos humanos y la salud de los empleados se ha convertido en uno de los aspectos más críticos de las organizaciones. Para mantener la productividad es imprescindible que los equipos de trabajo estén motivados y cohesionados. El bienestar y el deporte se convierten en el mejor aliado de las empresas en esta misión.

EX Brands: “El dato no es nada, es el comienzo de un camino”

Jesús Alcoba, Raquel Gil Fombellida y Rosa Peña protagonizaron un animado debate sobre las nuevas estrategias experiencia de cliente y empleado en la nueva normalidad, impulsado por Medallia como referente líder en esta disciplina. Tanto los expertos como los cerca de 200 participantes coincidieron en el punto de partida: el dato (ya) no lo es todo.

¿Realmente somos innovadores? Las empresas son conscientes que innovar o digitalizarse ya no es una cuestión que mostrar de puertas para fuera. Para una recuperación efectiva y real, es crucial redoblar sus esfuerzos en materia de innovación. Ha llegado el momento de estrechar la distancia que históricamente ha separado al ámbito empresarial del universitario

La realidad de esta crisis y sus efectos negativos en nuestra economía ponen de manifiesto que no se ha conseguido. Pese a que sabemos que una crisis es un potente motor para el cambio, es necesario aprovecharla, fijar un plan a medio y largo plazo, y, lo más importante, llevarlo a cabo. No podemos volver a dejarlo pasar y para ello necesitamos creatividad e innovación. Pero ambas suponen esfuerzos… ¿Seremos capaces?

José Ortega y Gasset ya escribió allá por 1925 sobre los problemas derivados de la deshumanización del arte. Seguro que el genial filósofo español no auguraba entonces que esa deshumanización acabaría extendiéndose a la práctica totalidad de las relaciones humanas como consecuencia de una revolución tecnológica que ha reducido hasta su mínima expresión el contacto físico entre las personas.