Elisa Moscolin (SAGE): «El éxito de una organización también se mide por el legado humano que deja»

por Flor Medeot | Jul 15, 2026

En una nueva entrega del ciclo Liderazgo en primera persona, impulsado por Canal CEO y Sage, Elisa Moscolin, vicepresidenta mundial de Sostenibilidad de Sage, comparte una visión del liderazgo en la que el impacto social, el desarrollo de las personas y la rentabilidad forman parte de una misma estrategia.

¿Cómo se mide realmente el éxito de una organización? Para Elisa Moscolin, vicepresidenta mundial de Sostenibilidad de Sage, la respuesta va mucho más allá de la cuenta de resultados. Aunque la rentabilidad es imprescindible para garantizar la continuidad del negocio, el verdadero impacto de una empresa también se refleja en la huella que deja en las personas, en la sociedad y en la capacidad de generar un cambio positivo que perdure en el tiempo.

Esa mirada protagoniza una nueva conversación del ciclo Liderazgo en primera persona, impulsado por Canal CEO y Sage, en la que la directiva compartió una forma de entender el liderazgo basada en el conocimiento, el propósito y la capacidad de hacer crecer a quienes la rodean. Una filosofía que también guía la estrategia de sostenibilidad de la compañía, concebida no como un área independiente, sino como un elemento transversal que acompaña las decisiones del negocio.

A lo largo de la conversación, Moscolin desmontó algunos de los grandes mitos que todavía rodean a la sostenibilidad, reivindicó la importancia del conocimiento técnico para liderar la transformación y defendió por qué el papel de un líder consiste, cada vez más, en crear las condiciones para que otros puedan desarrollar todo su potencial.

La sostenibilidad solo tiene sentido cuando crea valor

Durante años, la sostenibilidad ha estado asociada al cumplimiento normativo o a las políticas de responsabilidad corporativa. Sin embargo, para Moscolin esa visión resulta insuficiente.

"Las estrategias de sostenibilidad no son simplemente algo que tenemos que hacer porque existe un imperativo moral. También son un imperativo de negocio", afirmó.

La directiva sostuvo que la sostenibilidad genera su verdadero impacto cuando deja de entenderse como una obligación y pasa a formar parte de la estrategia empresarial. Porque, además de responder a las exigencias regulatorias, ayuda a construir organizaciones más resilientes, preparadas para afrontar los desafíos económicos, sociales y ambientales del futuro.

La clave, para ella, no está en desarrollar iniciativas aisladas, sino en conseguir que la sostenibilidad aporte valor real tanto al negocio como a las personas.

"No es una idea revolucionaria. Se trata de transformar la sostenibilidad en algo que le traiga valor al negocio y a la persona que tienes delante".

Ese enfoque ha marcado especialmente su trabajo con las pequeñas y medianas empresas, un colectivo que cree esencial para acelerar la transformación empresarial.

"Me encanta trabajar con las pymes porque me ha obligado a traducir la sostenibilidad desde algo muy abstracto a algo que tenga sentido en la economía real y en el día a día".

Liderar es multiplicar el talento

Aunque las habilidades como la comunicación o la empatía suelen ocupar un lugar destacado cuando se habla de liderazgo, Moscolin introdujo un matiz importante: antes de liderar, hay que comprender profundamente aquello que se quiere transformar, y el conocimiento técnico es uno de los grandes pilares de la función de sostenibilidad.

"Durante demasiado tiempo hemos visto cómo la sostenibilidad se asociaba a perfiles de marketing o comunicación, cuando necesita competencias técnicas para poder influir realmente en el negocio", explicó. Ese conocimiento permite adaptar el discurso a cada interlocutor, ya sea un consejo de administración, un cliente, un empleado o una pyme. "La sostenibilidad cambia según las personas que tienes delante, el contexto geográfico y el contexto geopolítico", agregó.

Pero si hay una idea que atravesó toda la conversación es su concepción del liderazgo.

"Hoy el liderazgo no consiste tanto en lo que yo puedo hacer, sino en cómo empoderamos a los demás para cumplir sus objetivos".

Moscolin define esta manera de liderar como un efecto multiplicador: un liderazgo que no busca concentrar el conocimiento ni las decisiones, sino generar las condiciones para que otras personas puedan crecer, aportar y liderar desde sus propias responsabilidades.

El cambio comienza cuando toda la organización se siente protagonista

Uno de los mayores retos de cualquier estrategia de sostenibilidad es evitar que recaiga exclusivamente sobre un departamento especializado. En Sage, comentó Moscolin, esa convicción ha llevado a apostar decididamente por la formación y el desarrollo interno.

El equipo global de sostenibilidad está formado por un número reducido de profesionales, pero su misión no consiste en ejecutar todas las iniciativas, sino en facilitar que el resto de la organización incorpore esta mirada en su trabajo cotidiano.

Para ello, la compañía ha desarrollado programas de aprendizaje adaptados a las diferentes áreas de negocio, con el objetivo de que cada profesional disponga de las herramientas necesarias para tomar decisiones alineadas con los principios de sostenibilidad. "No somos quince personas haciendo sostenibilidad. Somos once mil", aseveró con una sonrisa.

A su visión, cuando las personas entienden cómo pueden contribuir desde su propio puesto de trabajo, la sostenibilidad deja de depender de un área concreta y pasa a formar parte de la cultura de la organización.

Ese compromiso compartido también influye en la capacidad de atraer fidelizar talento. Cada vez más profesionales buscan desarrollar su carrera en empresas donde el propósito forme parte de las decisiones cotidianas y donde su trabajo tenga un impacto que trascienda los resultados económicos.

El liderazgo también exige convivir con la incomodidad

Impulsar cambios profundos no siempre resulta sencillo. En muchas ocasiones implica cuestionar procesos establecidos, afrontar tensiones internas o tomar decisiones cuyos beneficios solo se perciben a largo plazo.

Lejos de interpretar esos momentos como un fracaso, Moscolin los consideró una señal de avance. "Si no tienes esa tensión, probablemente no estás empujando lo suficiente", dijo.

Por eso animó a quienes lideran procesos de transformación a sentirse cómodos con el disconfort y a entender que esa incomodidad forma parte del camino hacia organizaciones más sólidas y sostenibles. Y su manera de liderar también se refleja en la relación con su equipo. Frente a modelos basados en el control, apuesta por generar confianza y ofrecer el espacio necesario para experimentar, aprender y asumir nuevos retos.

"Siempre digo a mi equipo que, si algo sale mal, la responsabilidad es mía. Si sale bien, el mérito es de todos".

Una filosofía que resume la idea que da sentido a toda la conversación: el liderazgo no se mide únicamente por los resultados que una persona consigue durante su etapa al frente de una organización, sino por la capacidad de impulsar el crecimiento de quienes la rodean y construir un legado que permanezca más allá de su propia trayectoria.

Flor Medeot
Flor Medeot