En el Summit Canal CEO, Tino Fernández, fundador y presidente ejecutivo de Altia, defendió un liderazgo basado en la independencia, la coherencia y la pasión por el trabajo bien hecho: “Pierdes pasta, pero ganas artesanía”.
En un sector tecnológico dominado por gigantes globales, fondos de inversión y operaciones corporativas cada vez más rápidas, Altia representa una anomalía. No una anomalía tecnológica —la consultora gallega compite con solvencia en un mercado altamente sofisticado—, sino cultural. Durante más de treinta años ha crecido sin perder su carácter independiente, sin diluir su identidad y, sobre todo, sin convertir la empresa en un simple activo financiero.
Detrás de esa historia está Tino Fernández, fundador y presidente ejecutivo de la compañía, que en el Summit Canal CEO compartió una visión del liderazgo poco habitual en el ecosistema digital. Para él, el crecimiento empresarial nunca ha sido solo una cuestión de escala o capital. Tiene que ver, antes que nada, con la forma en que una organización entiende su trabajo.
“Nosotros somos como artesanos de lo que hacemos. Nos gusta lo que hacemos y yo creo que eso es algo muy importante, que va por delante del dinero”, explicó durante la conversación.
La afirmación puede parecer romántica en un mercado donde la presión por crecer es constante. Pero quizá ahí reside una de las claves del recorrido de Altia: haber convertido el oficio en estrategia. Y la tecnología una de las herramientas más poderosas para el crecimiento real.
Independencia: el lujo que no siempre aparece en el Excel
Altia cotiza en BME Growth desde 2010 y opera en numerosos mercados internacionales, pero su estructura accionarial sigue reflejando una decisión muy poco común en el sector: Fernández conserva alrededor del 81% de la compañía. No es una casualidad. Es una elección consciente.
Cuando se le preguntó qué se gana y qué se pierde al renunciar a la entrada de grandes fondos de inversión o a una venta estratégica, su respuesta fue tan directa como reveladora: “Pierdes pasta”.
La frase provocó algunas sonrisas entre los asistentes. Pero Fernández no tardó en completar la idea. “Ganas que sigas siendo ese artesano enamorado de tus clientes, de los proyectos, que sigas decidiendo tú y que no te domine el Excel”.
En otras palabras: independencia.
Una independencia que, según explicó, también permite tomar decisiones pensando en el largo plazo, algo cada vez más difícil en un entorno empresarial donde los ciclos de inversión son cada vez más cortos.
Fernández insiste en que el dinero es necesario —la empresa debe ser sostenible y cumplir con sus obligaciones—, pero no puede convertirse en el motor que determine cada decisión.

“Yo no monté la empresa por dinero y el dinero nunca me ha hecho tomar ninguna decisión”.
El hábito que separa a los líderes del ruido
Cuando la conversación giró hacia los hábitos directivos, Fernández evitó grandes teorías. Prefirió hablar desde la experiencia. Mencionó la importancia del foco en un mundo saturado de estímulos, la curiosidad intelectual, la formación continua y la capacidad de escuchar al equipo.
Pero entre todas esas ideas destacó una que, a su juicio, marca realmente la diferencia: la coherencia.
La definió con una simplicidad casi incómoda para los manuales de liderazgo contemporáneos.
“Para mí es que coincida lo que piensas, lo que dices y lo que haces”. Puede parecer evidente, pero el propio Fernández reconoce que no siempre ocurre. “Hay mucha gente que no coincide, ni siquiera en dos”.
El aprendizaje continuo, un secreto de liderazgo sin caducidad
A sus 59 años, el fundador de Altia sigue dedicando tiempo a formarse. Hace poco completó un programa en el IESE y recuerda con humor que era el alumno de mayor edad del grupo. “Nos habían puesto en el grupo 1… dijimos, grupo 1 igual somos los mejores. No éramos los mejores, éramos los más mayores”, confesaba entre risas.
Lejos de incomodarle, la experiencia reforzó una convicción que repite con frecuencia. “El dinero mejor invertido en mi vida ha sido todo lo relacionado con aprendizajes en escuelas de negocios”.
Porque, al final, liderar una empresa durante décadas quizá tenga menos que ver con saber más que los demás y mucho más con no dejar nunca de aprender.







