Por Enrique Arce, Coautor de El poder de la diversidad generacional (LID Editorial) y El factor edad (LID Editorial).
Ninguna persona individual posee todo el conocimiento necesario para gestionar sistemas complejos como una empresa o para llevar a cabo un gran proyecto. Sin embargo, los esfuerzos conjuntos de muchas perdonas culminan en éxito -y podrían culminar en más éxitos-, si gestionáramos mejor la inteligencia colectiva de la comunidad y la empresa.
CEO, imagínate solo tomando decisiones. Lo más seguro es que te falte información y criterio por lo que necesitaras profundizar en los detalles. Quizá te veas capaz de abordar un problema complejo, pero aunque sobrestimes tu comprensión y capacidades, de forma inconsciente sabes que te rodea un intelecto colectivo. Esto es lo que te hace fuerte.
Todos los cerebros son distintos cuando funcionan a su aire, pero el sistema se enriquece cuando se interconectan. Como dice Harari en Neux, sapiens no es el rey de la creación solo por ser más sabio sino, y quizá más importante, por ser más colaborativo.
Cuando las personas combinan su conocimiento y experiencia, están mejor equipadas para abordar cuestiones complejas. Esto se debe a que diferentes perspectivas y habilidades entran en juego. En el mundo empresarial, los equipos interdisciplinarios, donde los miembros aportan una variedad de experiencias, son más propensos a innovar y crear productos o estrategias de gran éxito. La colaboración efectiva generalmente supera la suma de las contribuciones individuales.
El mejor usuario de internet es un joven y una mayor juntos
La educación y la tecnología siempre han desempeñado roles fundamentales en la formación de nuestra comprensión del mundo. Los jóvenes son más propicios a informarse y comprender las novedades tecnológicas mientras que los de más edad tienden a perpetuar lo aprendido y a poner en valor lo que ha funcionado. Sin embargo, si no acercamos ambas perspectivas estaremos desaprovechando las sinergias que esto provoca. Sería un derroche si no promocionamos el aprendizaje colaborativo y el pensamiento crítico de jóvenes y mayores.
Si bien la tecnología proporciona herramientas para acceder a la información, Google no confiere la capacidad de sintetizar y analizar dicha información para convertirla en conocimiento. Los jóvenes se mueven excelentemente con la tecnología en general, pero el que sabe dialogar con la inteligencia artificial, sabiendo preguntar al algoritmo , es el mayor que sabe preguntar basándose en la experiencia.
El efecto Dunning-Kruger, según el cual las personas con conocimientos limitados se perciben como más informadas de lo que realmente son, se agrava en un entorno donde la información es abundante pero la profundidad es escasa. Aceptar la humildad de nuestras limitaciones cognitivas es el primer paso para cultivar una autoevaluación más precisa y realista de nuestro conocimiento. Admirar al otro es el segundo paso para crear sociedades más ricas en innovación y en la creación de valor útil.
Colaborar entre generaciones y dar pie a la admiración mutua desafía nuestras ideas preconcebidas. En la empresa, una cultura donde jóvenes y mayores se sientan seguros de expresar sus dudas y hacer preguntas puede llevar a soluciones más innovadoras y efectivas. Los líderes pueden gestionar la admiración mutua al admitir sus propios límites de conocimiento y valorar las contribuciones de los miembros jóvenes de su equipo.
Ponerse en acción
Si bien algunas iniciativas para abordar la colaboración entre generaciones como el coaching y el mentoring inverso conllevan coste, dedicación y tiempo, ganar admiración y distribuir el conocimiento no tiene por qué ser costoso. Hay iniciativas low cost que se muestran muy valiosas:
- Combatir el edadismo. Ni expresiones incapacitantes (“está gagá”), ni subestimar la inexperiencia (“que sabrá con lo joven que es”)
- Seleccionar talento senior. El talento del joven es disruptivo, pero muchas veces necesita ser canalizado.
- Poner a trabajar juntos a mayores y jóvenes. Visitas comerciales conjuntas, el comprador querrá oír lo nuevo y lo viejo; presencia de jóvenes en comités de dirección, no molestan, aprenden.
- Fomentar encuentros formativos donde jóvenes enseñen a mayores y viceversa. El aprendizaje no tiene edad.
- Compartir espacios de trabajo. Los modelos de comportamiento (cómo cerrar una visita comercial) y las habilidades tecnológicas (cómo manejar Power Bi) se aprenden imitando
- Asistencia conjunta a eventos para la transferencia de networking. Las competencias sociales también e aprenden observando.
El mensaje es doble. El conocimiento individual es limitado en un mundo sobreinformado y los avances tecnológicos nos desbordan. Si mayores y jóvenes se admiran, la complicidad puede dar muy buenos resultados.
Enrique Arce
Enrique Arce es consultor en Retribución, Beneficios y Gestión de la Diversidad. Exdirector de Soluciones de Consultoría en Retribución y Beneficios en Compensa (Grupo Howden). Formó parte del patronato de la Fundación de Diversidad durante más de doce años hasta diciembre de 2024. Con más de 35 años de experiencia como consultor en la gestión de personas, ha sido profesor en programas del máster de Recursos Humanos para posgraduados y colaborador de universidades españolas. Es coautor y coordinador principal de El factor edad (LID, 2024), Diversidad & Inclusión (Lo que no existe, 2022) y de El mayor activo (Almuzara, 2008). Colabora con publicaciones especializadas y es conferenciante en España y Latinoamérica en empresas y foros profesionales.









