Cuando la tienda de campaña se convierte en motor económico

por Elena Carrascosa Vela | Feb 15, 2026

El camping vive un nuevo auge en España. Con 1.600 millones de facturación y 40.000 empleos, el sector se consolida como alternativa turística auténtica y sostenible. Pero su crecimiento choca con trabas normativas y falta de oferta.

¿Quién dijo que el camping era solo para mochileros con presupuesto ajustado? Hoy hablamos de domos de diseño, bungalows premium y experiencias en plena naturaleza que rozan el lujo. El camping —y su versión sofisticada, el glamping— ya no es una opción marginal: es tendencia.

El sector cerró 2025 con una facturación de 1.600 millones de euros, según la Federación Española de Campings (FEEC). Además, genera alrededor de 40.000 empleos entre directos e indirectos y mantiene una red estable de unas 1.000 instalaciones en todo el país. No es una moda pasajera: es un modelo consolidado.

Ana Beriain, presidenta de la FEEC, lo resume con claridad: “Estos datos reflejan la estabilidad y la confianza que el sector ofrece, tanto a inversores como a clientes”. Estabilidad. Una palabra que cualquier propietario de pyme turística valora casi tanto como la rentabilidad.

La fiebre global por dormir bajo las estrellas (con wifi)

Lo que ocurre en España no es una excepción. Según datos de la Eurostat, los campings y alojamientos similares en la Unión Europea registraron más de 397 millones de pernoctaciones en 2023, recuperando e incluso superando niveles prepandemia en varios mercados clave.

A nivel internacional, el camping se ha visto impulsado por varias fuerzas: búsqueda de experiencias auténticas, contacto con la naturaleza, flexibilidad y una percepción de mayor sostenibilidad. El glamping, además, ha captado a un público que quiere naturaleza sin renunciar al confort.

¿Te suena esta lógica? Es la misma que está detrás del auge de muchas pymes rurales: autenticidad como propuesta de valor. En un mercado saturado de hoteles urbanos y plataformas digitales, la diferenciación vuelve a estar en la experiencia.

España: potencia natural… con techo regulatorio

España juega con ventaja. Clima, costa, parques naturales y una potente cultura turística. Sin embargo, el número de campings se mantiene prácticamente estable, en torno al millar de instalaciones. Y aquí aparece la primera gran tensión empresarial: demanda creciente, oferta limitada.

Según la FEEC, existe interés inversor y consultas para abrir nuevos establecimientos, especialmente en la costa mediterránea. Pero las trabas normativas y la complejidad burocrática frenan la expansión. “Si se pudiera ampliar la oferta de campings, sobre todo en la zona del Mediterráneo, la facturación podría crecer de forma significativa”, apunta Beriain.

Para el pequeño empresario turístico, esta situación plantea una pregunta incómoda: ¿estamos dejando escapar oportunidades por falta de agilidad administrativa? En un sector donde la estacionalidad ya es un reto estructural, limitar la capacidad de crecer puede frenar inversiones, empleo y desarrollo local.

Más que alojamiento: impacto en la economía local

El camping no solo factura. Dinamiza territorios. Muchos establecimientos están ubicados en entornos rurales o de interior, donde cada visitante impacta directamente en restaurantes, comercios, actividades de ocio y proveedores locales.

Este efecto multiplicador es clave para entender por qué el camping se ha convertido en un pilar del turismo descentralizado. Frente a la concentración hotelera en grandes ciudades, el camping reparte actividad económica en comarcas que, de otro modo, tendrían más dificultades para atraer flujo constante de viajeros.

Para una pyme local —desde una empresa de actividades hasta una tienda de productos artesanos— un camping cercano no es solo un vecino: es un canal de captación indirecto de clientes.

Glamping: sofisticar sin perder autenticidad

El glamping ha añadido una capa interesante al modelo tradicional. Tiendas safari, cabañas ecológicas, domos geodésicos… todo ello permite elevar el ticket medio y atraer a perfiles que antes no consideraban el camping.

Pero cuidado: sofisticar no puede significar desnaturalizar. El éxito del glamping reside en mantener la promesa de autenticidad. Si se convierte en un hotel disfrazado de tienda de campaña, pierde su esencia.

Aquí el reto para el empresario es estratégico: ¿cómo crecer sin perder identidad? ¿Cómo profesionalizar la gestión sin diluir la experiencia que enamora al cliente?

Retos en el horizonte: sostenibilidad, talento y regulación

El futuro del camping y el glamping en España pasa por tres grandes desafíos:

  1. Sostenibilidad real. El cliente es cada vez más exigente. La integración paisajística, la gestión eficiente del agua y la energía o la reducción de residuos ya no son opcionales.
  2. Atracción y retención de talento. Con 40.000 empleos generados, el sector necesita perfiles formados en gestión, marketing digital y experiencia de cliente. Profesionalizar sin perder cercanía es un equilibrio delicado.
  3. Marco regulatorio más ágil. Si la demanda sigue creciendo y la oferta permanece estancada, el riesgo es claro: precios al alza, saturación en determinadas zonas y pérdida de competitividad frente a otros destinos europeos.

El camping ya no es un actor secundario del turismo español. Es un negocio sólido, estable y con margen de crecimiento. Pero como toda pyme que quiere escalar, necesita entorno favorable, visión estratégica y capacidad de adaptación.

Dormir bajo las estrellas puede parecer sencillo. Convertirlo en un modelo empresarial sostenible, rentable y escalable es otra historia. Y ahí, como siempre, la diferencia la marcan los gestores que se atreven a pensar más allá de la temporada alta.

Elena Carrascosa Vela
Elena Carrascosa Vela