Clara Fontán, directora de Operaciones de Corporate Excellence, reivindica el liderazgo de los intangibles: reputación, propósito y confianza como claves del valor empresarial del siglo XXI.
En un tiempo donde la confianza cotiza al alza y la reputación se ha convertido en la moneda más valiosa de una organización, Clara Fontán lo tiene claro: “los intangibles no se gestionan desde los números, sino desde las conversaciones”. Desde su puesto en Corporate Excellence –Centre for Reputation Leadership– lleva más de 14 años defendiendo que el verdadero liderazgo se construye sobre lo invisible: la coherencia, la escucha y el propósito compartido.
Recién reconocida con el Premio Mujer y Liderazgo que otorgan Deusto Business School y Cinco Días, Fontán representa una nueva generación de directivas que entienden que liderar es crear valor equilibrado para todos los grupos de interés. “Nada se construye de forma individual; es el resultado de muchos años de trabajo conjunto con profesionales que creen que otra forma de hacer empresa es posible”, explica.
Para ella, este galardón simboliza un cambio de paradigma: la consolidación de un liderazgo humanista que conjuga ética, sostenibilidad y competitividad.
“Liderar con sentido no es un lujo reputacional, es una necesidad para perdurar”, defiende.
La confianza como licencia para operar
Corporate Excellence acaba de presentar el informe Approaching the Future 2025, un barómetro de tendencias que mide las prioridades estratégicas de las compañías españolas. Los datos hablan por sí solos: el 61% de las empresas sitúa la reputación y el riesgo reputacional en el centro de su estrategia, y la comunicación —área en la que Fontán es experta— se consolida como el ámbito que más recursos atrae, con un 59,5%.
“Parece que, por fin, los intangibles han dejado de ser soft para convertirse en el corazón duro del negocio”, apunta. En un contexto global de polarización y desconfianza institucional, la legitimidad de las empresas pasa por ser transparentes, escuchar de forma activa y demostrar coherencia entre lo que dicen y lo que hacen.
El informe confirma que las empresas son hoy las instituciones más confiables, superando en +49 puntos en competencia y +29 en ética a los gobiernos. Pero esa confianza, advierte Fontán, “hay que ganarla cada día”. En su visión, la reputación no se hereda: se ejerce, se conversa y se demuestra con hechos.
Liderazgo responsable: el futuro ya está aquí
Cuando se le pregunta por las claves del liderazgo del mañana, Fontán no duda: “El futuro se construye desde el presente”. Un presente que exige tomar decisiones con propósito, integrar la sostenibilidad en la estrategia y equilibrar la innovación tecnológica con la ética.
El informe Approaching the Future 2025 sitúa la inteligencia artificial como la prioridad número uno para la alta dirección, pero también señala el liderazgo responsable y el propósito corporativo como fuerzas de transformación: más de la mitad de las compañías (51,4%) ya lo integran como eje vertebrador de su cultura. “La cultura —recordando a Peter Drucker— se desayuna a la estrategia. Y ahora también se desayuna a los algoritmos”, bromea con acierto.
Su mensaje a las jóvenes profesionales es tan inspirador como realista: “No renunciéis a vuestra manera de mirar el mundo. La coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos será siempre la brújula del liderazgo auténtico”.
Lo invisible que sostiene a las organizaciones
Clara Fontán pertenece a esa rara estirpe de líderes que hablan más de legado que de poder. Su pensamiento resuena con las ideas del filósofo Xavier Marcet cuando afirmaba que “una empresa deja un legado a la sociedad; un negocio, si va bien, deja dinero”.
Desde la investigación, la docencia y la gestión empresarial, Fontán ha aprendido que el liderazgo es poliédrico: requiere rigor, escucha y colaboración. Cree firmemente en el poder de las alianzas, en la inteligencia colectiva y en la humildad como fuente de innovación.
En tiempos de volatilidad, su mensaje es una guía para los líderes del presente: la reputación, la coherencia y la confianza son el nuevo capital de las empresas. Y aunque no aparezcan en el balance, son los activos más sólidos para construir futuro.




